Mi padre, Jesús Ecenarro, fue periodista deportivo. Uno de los pioneros en su campo, privilegiado porque tuvo estudios, y autodidacta en algunas destrezas relacionadas con el periodismo.
Amaba con la misma pasión los valores del deporte y el buen uso del idioma. En este sentido, y hasta los últimos días de su vida convivió, y me trasladó una fijación: el cuidado del lenguaje y la precisión en el uso de los términos. Acompañaba esta exigencia con la sempiterna presencia del María Moliner su diccionario de cabecera, en el que consultaba dudas, o más bien ratificaba que estaba en lo cierto, respecto al buen o mal uso de los términos.
Quienes tuvimos la suerte de tenerlo cerca no olvidamos esta enseñanza. De hecho, hace tan sólo unos días uno de los periodistas deportivos a los que además de compañero, él consideraba buen alumno, y hoy especialmente reconocido en la profesión, me recordaba, “si tu padre levantara la cabeza y viera cómo estamos usando el lenguaje…”.
Somos los periodistas quienes en más de una ocasión damos patadas a la lengua y esto, todavía se deja sentir más en el periodismo deportivo. Hemos podido comprobarlo recientemente con motivo del mundial de fútbol
Es cierto. Somos los periodistas quienes en más de una ocasión damos patadas a la lengua y esto, todavía se deja sentir más en el periodismo deportivo. Hemos podido comprobarlo recientemente con motivo del mundial de fútbol y las expresiones de compañeros no siempre acertadas. Hay hasta quienes se atreven a inventar palabras que cuando tienen éxito, acaban siendo empleadas de forma masiva. Una pena teniendo como tenemos un idioma tan rico en cuanto a palabras y expresiones se refiere.
De la pasión de mi padre por los valores del deporte en general, y por el periodismo deportivo en particular, también aprendí cosas que van mucho más allá de la actividad física.
Reconozco que no soy amante del fútbol, no se lo ocultaba y él me decía, que entre otras cosas era lo que nos daba de comer, pero iba más allá cuando argumentaba que nuestra forma de contar el deporte y sus valores era tanto o más importante que practicarlo, puesto que en gran medida, de quienes lo narran depende que se ayude a generar un clima positivo o negativo. En definitiva, que de los narradores del deporte, de los periodistas deportivos depende que se ayude o no, a trasladar los auténticos valores del deporte.
¿Se le escapa a alguien que sin periodistas presentes, el comportamiento de la selección argentina tras perder no habría sido el mismo? Y hubo muchas formas de contarlo. Algunos magnificaron el mal comportamiento y otros lo minimizaron. Cuando creemos que las imágenes no engañan, resulta que dependiendo del enfoque y del uso que haga de ellas pueden contar historias totalmente diferentes. Así que nuestro relato debe ser lo más fiel posible.
Vivimos en una sociedad tan polarizada que cuando vemos algo que genera una mínima cohesión o unidad, nos agarramos a ello como a un clavo ardiendo. Eso ha pasado con la imagen que nos ha llegado del trabajo realizado por parte de la selección española, hasta conseguir la copa del mundo.
Hemos escuchado de forma insistente a través de los periodistas deportivos expresiones en las que se ensalzaban los valores del equipo. Primero por el hecho de serlo, un equipo de verdad, con capacidad para minimizar los defectos individuales y potenciar las virtudes en favor del colectivo. La humildad, la contención y el respeto, también han sido atribuidos a los jugadores.
En definitiva hemos constatado esos valores que se le atribuyen al deporte y que no siempre son visibles.
Y a ti, papá, además de agradecerte todo lo que me has dejado, decirte que te habría encantado vivir esto con el María Moliner bajo el brazo, porque ya te aseguro que habrías tenido tarea
Y además lo hemos contado, nos lo han contado con pasión los periodistas deportivos. Esa narrativa suma no solo para el deporte o los deportistas, sino también para toda la sociedad.
El 'subidón' y la necesidad de trasladar lo que hemos visto en el campo a otros foros, no durarán mucho, pero bienvenidos sea.
Gracias a quienes lo han procurado, y gracias muy especiales a quienes lo habéis contado porque vuestra labor es fundamental. Nos falta eso sí, en algunas ocasiones, afinar en los términos para ser también educadores sociales en ese ámbito.
Y a ti, papá, además de agradecerte todo lo que me has dejado, decirte que te habría encantado vivir esto con el María Moliner bajo el brazo, porque ya te aseguro que habrías tenido tarea.
