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Jóvenes congregados en la Plaza de Santa Bárbara de Vitoria para la final del Mundial 2026

Jóvenes congregados en la Plaza de Santa Bárbara de Vitoria para la final del Mundial 2026 @metxebarria_vg X

Opinión

El verano que ganamos el Mundial

Publicada

Todo el mundo recordará dentro de muchos años dónde y con quién estaba cuando Ferrán metió el gol que dio a España su segundo título como campeona del mundo de fútbol masculino frente a Argentina.

Esa segunda estrella para el fútbol español, tercera contando la que ya logró la selección femenina en 2023, brillará en la mente de millones de personas a las que el balompié alegró el verano.

Sin embargo, este verano, al que ya le quedan menos de veinte días, yo lo recordaré como uno de los más terribles que hemos vivido en España por su dramático signo machista y por una crisis migratoria que nos ha vuelto a poner frente al espejo.

Pocos recordarán, pasado el tiempo, a Laura Cruz Vega, la guardia civil asesinada en el cuartel de Llanes a manos de Dámaso Fernández Serantes, otro agente de la Benemérita que, después de muchos años de violencia atroz, "seguía jodiéndole la vida".

Laura denunció por activa y por pasiva, recurrió a todas las instituciones habidas y por haber y anunció a todas las personas que quisieron escucharla que "Dámaso es capaz de todo"

La suya no es una historia más de violencia extrema, sino la de un asesinato que, como tantas, ella veía venir, pero que no pudo evitar a pesar de haberlo denunciado por activa y por pasiva, de haber recurrido a todas las instituciones habidas y por haber y de haber anunciado a todas las personas que quisieron escucharla que "Dámaso es capaz de todo".

Sufrió violencia física, verbal, económica, psicológica y vicaria; se alejó cuanto pudo de su agresor y, pese a vivir en un lugar aparentemente seguro como es un cuartel de la Guardia Civil, a Laura la asesinó el monstruoso Dámaso.

Su muerte ha dejado al descubierto los fallos del sistema público e institucional y la desprotección bajo la que viven muchas mujeres que incluso están dentro del sistema VioGén.

Pese a las denuncias y a la orden de alejamiento, la justicia rechazó la condena por agresión

Pese a las reiteradas denuncias en las que Laura explicitaba de manera meridianamente clara la violencia a la que su ex la sometía y pese a la orden de alejamiento que pesaba sobre el asesino, la justicia rechazó la condena por agresión.

Lo último, el pasado mes de diciembre, cuando un tribunal denegó a Laura seguir disponiendo de una pulsera antimaltrato al no apreciar "una situación objetiva de riesgo". Dámaso había decidido matarla, el Estado no supo proteger a la madre de sus tres hijos y Laura fue asesinada.

Ocho de cada diez mujeres maltratadas en España no denuncian a su agresor. Casos como el de Laura no hacen sino reafirmar a muchas de ellas en su decisión de sufrir y callar ante el temor de que la justicia no funcione y su torturador acabe por matarlas.

Un Estado que se jacta de ser un referente internacional en la lucha contra la violencia de género, pero no es capaz de evitar un asesinato muchas veces anunciado por la víctima, no es un lugar seguro para las mujeres.

Si nos callamos, habrá más barbarie

El efecto que casos como el de Laura pueden tener entre otras mujeres víctimas es devastador. Denunciar no sirve para nada. Ese es el mensaje. Sin embargo, hay que seguir insistiendo en que se interpongan denuncias, en que la violencia contra las mujeres no quede oculta. Si nos callamos, habrá más barbarie.

Sé que es fácil decir esto sentada tranquilamente en una silla y frente a un ordenador, pero hay que continuar trabajando para que la primera llamada al 016 y las siguientes denuncias en comisaría sirvan de algo.

No solo han de ser castigados los agresores; también han de serlo quienes han hecho dejación de funciones y no han sabido dar a mujeres como Laura la protección que necesitan.

Así que recordaremos este verano de 2026 por el caso de la mujer de la Guardia Civil asesinada tras denunciar una y mil veces, y lo recordaremos también por la crisis migratoria ocurrida en Ceuta.

Me quedo con los motivos que llevan a alguien a saltar al mar sin saber si alguna vez alcanzará la orilla

Al margen de quién la impulsó, cómo actuó cada gobierno y de si tenemos que repartir personas por todas las comunidades, tratándolas como números y no como seres humanos, me quedo con los motivos que llevan a alguien a saltar al mar sin saber si alguna vez alcanzará la orilla.

El hambre, las distintas violencias, las desigualdades sociales, los gobiernos tiranos y el uso de la inmigración como forma de presión para conseguir algunas cosas están detrás de cientos de historias de vida que debiéramos contemplar, sea cual sea el color de la piel de quien salta la valla en busca de El Dorado.

"Llévatelos a tu casa", dicen algunos cuando reclamas un trato digno para las personas migrantes.

Creo que la solución pasa por la creación de las infraestructuras necesarias para acoger a quienes enriquecerán nuestra cultura y ayudarán con su trabajo a mantener el sistema. Puede que, si fuesen blancos y rubios, nos dieran menos miedo. Y si no fuesen pobres.

Todos podemos caer en la pobreza

Vivimos en una sociedad aporofóbica sin pensar en que todos podemos caer en la pobreza y vernos obligados a huir de nuestra casa.

En lo que también hemos sido campeones, menos mal, ha sido en certificar nuestra fama de disfrutones. La naturaleza nos lo puso fácil al regalarnos un maravilloso 12 de agosto con su fantástico eclipse total.

No dudo de que habrá quien pensó que no fue para tanto, pero el común de los mortales lo disfrutó como nunca hubiera imaginado.

La belleza de la corona solar nos embobó

Los astrónomos nos habían dicho tantas veces lo inigualable del evento que algunas tuvimos miedo de llevarnos una decepción. Sin embargo, todo lo imaginado se quedó corto. La belleza de la corona solar nos embobó, pero, sobre todo, a mí lo que me maravilló fue ver a tantas personas mirando al cielo al mismo tiempo con cara de felicidad.

Creo que en este caso lo hicimos bien: miramos a la luna sin preocuparnos del dedo que la señala. "El año que viene, a Tarifa", dijimos al terminar el eclipse de 2026.

Allí ya han recogido el guante, así que tocará ahorrar mucho para poder pagar los altísimos precios de los alojamientos en la zona.

¿Podremos ahorrar lo suficiente? Llega septiembre, empieza el año laboral y toca decir eso que ahora dicen los jóvenes: VV, Vamos Viendo.

Feliz regreso a todas y a todos. Ojalá que el curso que se avecina esté lleno de buen periodismo y no de influencers a quienes las marcas otorgan unos privilegios muy alejados de los que les concedería su escaso conocimiento de los asuntos que abordan.

Pero ese es otro cantar y, por desgracia, seguiremos hablando de ello.