La situación del automóvil en Europa atraviesa por un momento especialmente delicado. Esto no es nuevo. De hecho, ni siquiera es reciente. Los problemas de este sector, uno de los más emblemáticos en el viejo continente, en España y en Euskadi se retrotraen a hace ya algunos años, y se han ido agudizando con las diferentes crisis en las que nos movemos desde el 2020.
Lo que parecía un barco especialmente firme se tambalea por diferentes motivos, entre los que sobresalen la competencia china y la regulación europea, que supone un obstáculo más y no precisamente menor, para los intereses empresariales.
El penúltimo episodio, porque no será el último, que ha hecho sonar las alarmas, lo ha protagonizado Volkswagen al anunciar 50.000 despidos que se suman a otros tantos ya anunciados hace dos años.
Las decisiones del gigante alemán son un auténtico aldabonazo para el sector en su globalidad, y en esta ocasión especialmente para la marca SEAT, de la que los alemanes podrían deshacerse en 2030, según puede desprenderse aunque de una forma velada, de las intenciones que han trascendido.
A los problemas de regulación, rentabilidad y competencia China, SEAT tiene que añadir uno más, y es el principal. Se trata de la competencia interna que en su caso se llama: Cupra
La decisión por el momento aplazada y condicionada a cómo vayan las cosas en los próximos años, no invita a ser excesivamente optimistas, teniendo en cuenta que son muchos y graves los problemas a los que como decía se enfrenta el sector.
Martorell, la localidad catalana en la que se ubica SEAT ha temblado y sigue temblando, aunque el anuncio no sea firme. Tienen motivos sobrados para ello. Allí se da empleo a 15.000 trabajadores de forma directa, una cifra tremenda, si tenemos en cuenta el tamaño medio de nuestras empresas.
A los problemas de regulación, rentabilidad y competencia China, SEAT tiene que añadir uno más, y es el principal. Se trata de la competencia interna que en su caso se llama: Cupra.
En 2018 veía la luz Cupra, la enseña con la que Volkswagen buscaba cautivar a un público más joven, además de apostar por la electrificación y favorecer la rentabilidad. Traducido: mientras se ideaba la nueva marca con esos parámetros, no se aplicaban ni se aplican a SEAT, que quedaba y queda fuera de los mismos, lo cual evidentemente complica su futuro. Para SEAT no están previstos ni nuevos modelos, ni sumarse al inevitable carro de la electrificación, ni aportar grandes innovaciones porque eso ya lo tiene Cupra, y además con un coste menor.
A todos estos negativos condicionantes hay que añadir uno más. SEAT vende coches, de hecho muchos, pues supera los 250.000 vehículos vendidos en el último año, pero la cifra va descendiendo desde que sufrimos la pandemia. Mientras tanto, Cupra crece exponencialmente, superando los 300.000 unidades vendidas, y además con márgenes de rentabilidad más altos.
De libro. El problema más acuciante que tiene la compañía en este momento y cuya resolución es esencialmente complicada, es la competencia interna. El pez chico puede comerse al grande, histórico y emblemático en los próximos años.
Cuando los centros de decisión quedan fuera, estamos al albur única y exclusivamente de los números y esos, suelen jugar a la contra
La competencia interna es una variante de doble filo. Puede servir y de hecho sirve en muchos casos, para incentivar una competencia sana y enriquecedora y en otros ocurre lo contrario. A veces no tienen que venir desde China para sacarnos del mercado porque somos nosotros mismos quienes nos generamos al enemigo.
Entre todas estas circunstancias hay una más que dificulta, y ojalá nos equivoquemos, la continuidad de SEAT en Martorell, y es que el centro de decisión no está allí, por lo que la percepción que se tiene en la localidad y entre las administraciones de mantenerla porque entre otras cosas, se trata de un pivote histórico en materia industrial para la zona, no computa entre quienes toman la decisión final.
Este es el drama de perder los centros de decisión de las empresas que de verdad son estratégicas. Por eso es tan importante la pelea que hay en Euskadi por mantener el arraigo. La apuesta por conservar las compañías nacidas aquí, emblemáticas y con futuro es esencial, si queremos conservarlas.
Cuando los centros de decisión quedan fuera, estamos al albur única y exclusivamente de los números y esos, suelen jugar a la contra.
