Fiel a su cita, un año más, Europa nos recuerda que tenemos que seguir transformando nuestra manera de movernos. Hoy comienza en todo el viejo continente la Semana de la Movilidad Sostenible y cientos de ayuntamientos e instituciones de toda Europa se preparan para mostrar sus progresos en esta materia y seguir sensibilizando a la ciudadanía en el cambio necesario hacia modos de movilidad más sostenible.
Después de más de un cuarto de siglo concienciando, no se puede negar los progresos respecto a nuestra situación de partida, pero también es verdad que, como casi todo en esta vida, la fiesta va por barrios. Creo que ha llegado el momento de dar un paso más y comenzar a implantar todo lo que se ha planificado y regulado en los últimos años.
Aunque, la verdad, veo poca visión y entusiasmo en la mayoría de los ayuntamientos vascos. Incluso, en algunos casos, cierta involución, no hay más que ver la poca ambición en la puesta en marcha de las ZBE y lo que cuesta siempre implantar medidas que vayan a favor del transporte público o en detrimento del vehículo privado.
La movilidad conecta de manera muy directa con equidad, territorio y gobernanza. Por lo tanto, cualquier actuación o medida que se ponga en marcha incide directamente en estos aspectos. Hacer una movilidad justa y universal, por ejemplo, pasa directamente por impulsar un transporte público asequible, eficiente y moderno pero también por liberar espacio público en las ciudades para las personas quitándoselo al vehículo privado.
La movilidad puede y debe formar parte también de la competitividad y la innovación de un territorio. Cuando Copenhague, hace algunos años, eligió la bicicleta como símbolo de su innovación no era una elección casual, era una forma de posicionarse como líder en una innovación sostenible que tenía a las personas en el centro.
Descarbonizar la movilidad no consiste únicamente en cambiar la energía que mueve los vehículos, sino también en reducir desplazamientos evitables, favorecer modos más eficientes y utilizar cada tecnología allí donde aporta mayor valor
La movilidad tiene aún una transformación pendiente que va mucho más allá de la cacareada electrificación. Su descarbonización pasa también por un cambio profundo de los sistemas de movilidad: evitando o reduciendo los viajes motorizados innecesarios, trasladando los viajes hacia modos más eficientes y mejorando tecnológicamente aquellos viajes motorizados necesarios.
No hay que elegir entre el cambio modal o la electrificación, lo que hay que hacer es ordenar la toma de decisiones. Descarbonizar la movilidad no consiste únicamente en cambiar la energía que mueve los vehículos, sino también en reducir desplazamientos evitables, favorecer modos más eficientes y utilizar cada tecnología allí donde aporta mayor valor.
¿Cómo afronta Euskadi esta transformación? Con muchos deberes pendientes y con la necesidad imperiosa de acelerarla. Seguimos sin tener un horizonte claro de la llegada de la alta velocidad a nuestras 3 capitales, claro que si para anunciar la opción elegida en la conexión de la Y vasca con Pamplona se demoran en casi 2 años, ¿qué podemos esperar de un proyecto que llevamos aguardando más de 30? E
sta infraestructura es absolutamente fundamental para reducir esos desplazamientos interurbanos en vehículo privado y su puesta en marcha, siempre que se haga con un servicio de calidad, puede reducir enormemente la huella ecológica de los casi 70.000 desplazamientos diarios entre Bilbao, San Sebastián y Vitoria-Gasteiz.
A pesar de un innegable avance en nuestras ciudades de los modos de movilidad más sostenible, todavía hay que profundizar aún más en estas políticas. Esto pasa por una mayor ambición en el desarrollo del transporte público de otros modos 0 emisiones, como la bicicleta.
Quizás quedan muchas preguntas que contestar y resolver para avanzar hacia una movilidad más eficiente y justa, pero hay algo que está claro: la movilidad futura pasa por cambiar sistemas obsoletos del siglo XX que aún permanecen en este siglo
Para lograrlo, hay que modernizar las infraestructuras existentes y crear nuevas, porque está demostrado que cuando se genera una oferta atractiva, la ciudadanía responde, se ve claramente en ejemplos como el tren de cercanías gestionado por Gobierno Vasco en la Llanada Alavesa o el BEI (el sistema BRT de Vitoria-Gasteiz), que pese a las críticas iniciales se ha convertido en la línea con más usuarios de la capital vasca. Otros aspectos importantes, a tener en cuenta en esta transformación, son las soluciones a la logística urbana y también a la movilidad al trabajo.
Transformar nuestra movilidad haciéndola más sostenible es también transformar nuestra economía y hacerla más competitiva. Euskadi cuenta con un excelente ecosistema de empresas y entidades que trabajan en el futuro de una nueva movilidad más descarbonizada con nuevas tecnologías que aplican cuestiones como el análisis de datos y la IA para mejorar una gestión integrada de este aspecto esencial en el desarrollo de cualquier territorio.
Quizás quedan muchas preguntas que contestar y resolver para avanzar hacia una movilidad más eficiente y justa, pero hay algo que está claro: la movilidad futura pasa por cambiar sistemas obsoletos del siglo XX que aún permanecen en este siglo. Algunos quieren retrasar lo inevitable, no lo permitamos porque ya hemos visto que supone no subirse al carro a tiempo. Que se lo digan a los fabricantes de automóviles europeos y su tozudez por apostar por el motor de combustión. Aprovechemos esta semana para mostrar a la sociedad que cuando nos movemos juntos nos movemos mejor.
