Algún día habrá que analizar el papel de cada una y de cada uno, y su responsabilidad, en el ascenso ¿imparable? del fascismo, del supremacismo y del totalitarismo en el mundo. También en España.

El domingo, sin ir más lejos, hubo un medio local vasco que pasó del miles de ceutíes se manifiestan y se concentran, un día más, contra la invasión, cuando no hubo disturbios a rebajar a un centenar de manifestantes, luego quedó en un grupo, cuando destrozaron el coche de una diputada de izquierdas local que iba acompañada de un abogado de derechos humanos y una abogada de Naciones Unidas, mientras les acusaban de etarras, radicales y de romper la convivencia.

¿La realidad? Un par de centenares de personas, nunca más, se vio en directo por televisión, fueron de manifestación con muchas banderas para denunciar el supuesto intento de cruce masivo de la frontera previsto para ese día (un bulo más). Los mismos que, aprovechando el viaje y “confundiendo” a la diputada ceutí y a sus acompañantes con miembros de la ONG navarra que iba a llevar ayuda para los migrantes invasores, les agredieron.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad que deben ejercer de forma implacable, honesta e independiente. Tienen que contar y denunciar estos hechos, sin ambages ni paños calientes

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad que deben ejercer de forma implacable, honesta e independiente. Tienen que contar y denunciar estos hechos, sin ambages ni paños calientes. De la misma manera que tienen que dejar constancia de la instrumentalización política que la extrema derecha y la derecha extrema están haciendo del drama de la ciudad autónoma. Y no es así. Se les permite sin apenas disenso periodístico.

El líder de la oposición anunció el fin de semana en Barcelona que blindaría las fronteras de España, supongo que frente a los invasores, si llega a gobernar. No aclaró cómo lo va a hacer y nadie le exigió esas respuestas. ¿Va a levantar Feijóo un muro en Ceuta? ¿Melilla? ¿Gibraltar? ¿Portugal? ¿Pirineos? ¿Va a militarizar las fronteras? ¿Va a crear una policía de inmigración, tipo ICE? Propongo que la llamen Policía Armada Contra los Aliens (PACA).

Se que cualquier manual de primero de fascismo dice que los mensajes a la población deben de ser simples, cortos y dirigidos al corazón, no a la cabeza. Tipo Pedro Sánchez, hijo de puta, o Aquí no hay quien viva, o Que te vote Txapote, o Voy a blindar la frontera. Pero la labor del periodista, del medio responsable, del intermediario entre la emisión y la recepción del mensaje debe ser la pregunta, la obtención de respuestas y el análisis. Y no está ocurriendo así. Nos vamos a arrepentir.

Un medio responsable afearía a Feijóo que hable de inseguridad, ligada a migración, en uno de los países más seguros de Europa sin proponer una sola medida. Aquí no. Todo vale, menos los datos, menos los hechos. Menos la verdad.

España es un país que tiene una fuerte presión migratoria, entre otras cosas porque nos va bien. En los años de la crisis que atrapó a los gobiernos de Zapatero y Rajoy los saldos migratorios fueron negativos, pero ya en el último periodo de Rajoy como presidente, 2015-2018, entraron más de medio millón de personas.

Más tarde, las cifras se contrajeron durante la pandemia de Covid, para volver a aumentar y dispararse en 2022, con récord absoluto y estabilizarse un poco a la baja después. Actualmente la población extranjera en España ronda los diez millones de personas, de las cuales más del 40% son de origen latinoamericano. Los marroquíes, los invasores, los vecinos del sur, son el 12% de los migrantes.

La mayoría de las personas extranjeras llegan en avión a España, alrededor de un 65%. Solo un 5% llega en patera y solo un 0,3% por Ceuta y Melilla

La mayoría de las personas extranjeras llegan en avión a España, alrededor de un 65%. Solo un 5% llega en patera y solo un 0,3% por Ceuta y Melilla.

Con estos datos hay que trabajar. El resto son mensajes racistas y xenófobos. Por no citar que si mañana echamos a todos los “invasores” de España el país se para. A no ser que lo que queremos no sea expulsar a las personas que han venido, quizá nos vale con que no tengan los mismos derechos, laborales, sociales, ni -por supuesto- de voto. Que se junten en el parking de una gran superficie que ya pasarán las furgonetas y los capataces para decidir quien trabaja ese día, barato y sin seguro. Los nuevos jornaleros.

Así que menos lobos, más responsabilidad y mucha pedagogía.

E intransigencia policial y judicial con los delitos de odio y las manifestaciones anticonstitucionales, que esa es otra. ¿Qué está pasando con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la madera? Porque ya está bien de los masajes que se les da a los asistentes a las concentraciones y manifas de corte racista, autoritario y de extrema derecha. Que si son compañeros ¡coño!, eso no les exime, al contrario, de cometer presuntamente delitos. Se les identifica y al juez. Punto.

Empezamos con concentraciones, insultos y agresiones a personas y sedes de partidos de izquierda y a colectivos y personas feministas u homosexuales, sin consecuencias. Insultamos, amenazamos y deseamos la muerte de miembros del gobierno en redes sin que se investigue y se persiga. Y terminamos como el rosario de la aurora. Camino vamos.

Aquí no hay quien viva, dice Feijóo. ¿Tendrá valor?