Todos los indicadores apuntan a que la vivienda es el gran asunto de esta legislatura y hay palabras que, en política de vivienda, tienen un fuerte eco recurrente. Viena es una de ellas. La capital austríaca se ha convertido en referencia internacional cuando se habla de alquiler asequible, parque público y capacidad de las administraciones para intervenir en el mercado. Por eso, no resulta extraño que el nuevo impulso del Gobierno Vasco a su política de vivienda evoque el llamado modelo vienés.
Conviene poner la comparación en su sitio para no llegar a equívocos. Euskadi no propone un calco del modelo de la ciudad centroeuropea, el Ejecutivo vasco ha puesto en marcha una fórmula propia que, eso sí, comparte algunos principios como la colaboración público-privada, la creación de un parque estable de alquiler asequible y la reinversión de recursos en vivienda partiendo de una escala, una estructura institucional y una tradición muy diferentes.
El punto de partida vasco es ambicioso, movilizar 2.000 millones de euros y promover 10.000 viviendas protegidas de alquiler asequible durante las dos próximas legislaturas a través del Fondo Social de Vivienda que acaba de presentar el Gobierno Vasco. La idea es empezar en 2027 con la primera fase que contempla 2.065 residencias y una inversión de 452 millones. El capital será mayoritariamente privado, la financiación a largo plazo y la cesión de suelo público en derecho de superficie durante 75 años.
Los destinatarios de estos alquileres asequibles representan el 45% de la población, los hogares con ingresos entre 25.000 y 65.000 euros
Los destinatarios de estos alquileres asequibles representan el 45% de la población, los hogares con ingresos entre 25.000 y 65.000 euros. Una horquilla que supera la renta de alquiler social, pero que no llega a los precios del mercado libre, aunque siente igualmente la frustración de no poder acceder a una vivienda cada vez más cara, tanto para la compra como para el alquiler. Un auténtico imposible, una odisea en busca de un Ítaca de 80m2 y con suerte exterior y ascensor a cota cero.
La propuesta vasca tiene una lógica evidente, si el dinero público disponible no basta para construir a la velocidad que exige la demanda, lo que se está intentando es multiplicar su capacidad movilizando capital privado. No es una cuestión menor. Las políticas de vivienda necesitan suelo, que interpela a los Ayuntamientos de todo signo político.
Demanda financiación, capacidad constructiva y continuidad durante décadas para dar frutos. Al mismo tiempo, las instituciones pueden y deben aportar regulación, así como la eliminación de trabas burocráticas que frenen o retarden esta encomienda. Es el conjunto de ambos operadores lo que posibilita la capacidad de empezar a poner viviendas al servicio de la ciudadanía.
En este punto volvemos a Viena. La capital de Austria no construyó su sistema de vivienda asequible de la noche a la mañana, ni mediante una única fórmula financiera. Su modelo se remonta a los años veinte y en la actualidad cuenta con alrededor de 220.000 hogares municipales y otras 200.000 viviendas cooperativas subvencionadas. Aproximadamente la mitad de la población reside en alguna de estas modalidades.
El hecho de considerar la vivienda asequible como parte estructural del sistema residencial de la ciudad es lo que la ha convertido en un modelo inspirador
El hecho de considerar la vivienda asequible como parte estructural del sistema residencial de la ciudad es lo que la ha convertido en un modelo inspirador. Es quizá el aspecto más interesante de la comparación con Euskadi. El modelo vienés no se limita a subvencionar a quien no alcanza a pagar, sino que construye un mercado paralelo, suficientemente grande, estable y diversificado como para influir sobre el conjunto del mercado. Las viviendas municipales conviven con la vivienda cooperativa y con el mercado libre. El objetivo no es únicamente atender la pobreza, sino garantizar el acceso a un techo al núcleo poblacional.
Debemos quedarnos con dos ideas, primero que para tener éxito y revertir el modelo desbocado actual, hay que sostener estas políticas a largo plazo y que la inversión y los excedentes circulen siempre dentro del carril de esta idea. La segunda es que la colaboración público-privada puede acelerar la construcción, pero por sí sola no construye un modelo de vivienda. Para que exista un verdadero modelo vasco, además de los requisitos ya mencionados, el parque habitacional debe crecer de manera acumulativa. Viena es la inspiración, pero nosotros hemos empezado a trazar nuestro propio camino.
