Imagen de archivo de turistas EFE
Vitoria-Gasteiz ya lo ha decidido. Quien quiera visitarnos tendrá que pagar lo que se denomina la tasa turística a partir del próximo 1 de enero. La capital alavesa ratifica esta decisión que obviamente se presta a la polémica y al debate, justo cuando hemos conocido que el territorio ha tenido una caída de visitantes este verano, lo cual puede sonar contradictorio, o tal vez no.
En la trastienda de esta y otras decisiones está, o debería estar, el modelo de turismo del queremos dotarnos, en Euskadi y en este caso concreto, en la capital alavesa. En Vitoria-Gasteiz todavía estamos a tiempo para reflexionar sobre lo que queremos ser de mayores en materia de turismo, antes de que las cosas se nos vayan totalmente de las manos, como ha ocurrido en un buen número de localidades de nuestra geografía.
Llevamos demasiadas temporadas traduciendo como noticias positivas los récords turísticos que vivimos en España y también en Euskadi. Pero lo cierto es que no todo lo que nos deja el turismo son bondades, ni mucho menos.
Hay que elegir. Y hay que apostar, o bien por la cantidad, o bien por la calidad. Hasta el momento ha ganado siempre la cantidad. Que vengan, y cuantos más vengan mejor. Esa ha sido la consigna en un país en el que el turismo es y ha sido el motor económico por excelencia.
Hay que elegir. Y hay que apostar, o bien por la cantidad, o bien por la calidad
Sin embargo de un tiempo a esta parte, cada vez se alzan más voces cualificadas que hablan de crisis del modelo, y de la necesidad de empezar a pensar más en la calidad. Todo ello sin olvidar que fiarlo todo a una carta, en lo que a la economía se refiere es arriesgado y la apuesta debe ser por la diversificación.
La pandemia evidenció que al caer el turismo nuestra economía se tambaleaba, entre otras cosas, porque ahora mismo, a nivel estatal, pocos sectores pueden cubrir la perdida de los recursos que dejan los visitantes que se acercar a la península.
El cuestionamiento del incremento cuasi sin control del turismo se debe a motivos de peso. La saturación que se da en algunas zonas cada vez con mayor frecuencia, hace que los locales perdamos la esencia de nuestros espacios, mientras padecemos un sistemático incremento de los precios en muchos de los servicios que usamos habitualmente.
Además nos toca compartir esos servicios con los visitantes sin que se vean reforzados ya que normalmente, pongo por caso los profesionales sanitarios, no se refuerzan con la entrada de los turistas, por lo que el servicio se deteriora.
A nivel estatal, pocos sectores pueden cubrir la perdida de los recursos que dejan los visitantes que se acercar a la península
Mención aparte merece por supuesto, el problema de la falta y carestía de la vivienda en el que los pisos turísticos se convierten en un obstáculo más. Así que no es oro todo lo que reluce detrás de las grandiosas cifras que nos deja el número de visitantes en nuestras ciudades y pueblos.
Conviene también abordar otra cuestión que se nos suele olvidar cuando nos lamentamos de los turistas que recibimos y los perjuicios que suponen para algunas cuestiones y en determinados momentos.
Tenemos que reflexionar también sobre en qué nos convertimos cuando somos nosotros los que ejercemos de turistas, y hasta qué punto respetamos a las gentes, las costumbres y los lugares a los que acudimos. No vale exigir si luego no correspondemos.
Tenemos que reflexionar también sobre en qué nos convertimos cuando somos nosotros los que ejercemos de turistas
Vitoria-Gasteiz se adelanta e impone tasas a los que vengan. Las tasas turísticas por mucho que algunos se empeñen en criticarlas porque retraen a los viajeros, no suelen ser un freno para seguir recibiendo visitantes. Estamos más que acostumbrados a abonarlas cuando salimos fuera y no nos rasgamos las vestiduras.
Si además el impuesto turístico revierte en mejorar los servicios para la ciudadanía, pues infinitamente mejor.
Así pues, bienvenido sea el nuevo impuesto que aplicará en Vitoria-Gasteiz en el 27. Sin embargo esto sólo es la punta del iceberg de lo que debe ser un debate y una reflexión mucho más amplia y serena sobre el modelo de ciudades que queremos. En ese modelo global habrá que definir claramente qué papel debe jugar el turismo: qué tenemos que ofrecer y qué esperamos de ello.
El objetivo final no puede ser otro que no morir de éxito.