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Un termómetro marca 50º en Bilbao

Un termómetro marca 50º en Bilbao EFE

Opinión

Euskadi tropical

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409 personas fallecieron en Euskadi entre mediados de mayo y finales de agosto de este año por causas atribuibles al exceso de temperatura, más del doble que en el mismo período de 2025.

Para que se hagan una idea de lo impactante de esta cifra, en las carreteras vascas, en los 8 primeros meses del año, fallecieron por accidente de tráfico 21 personas, lo que supone menos de una muerte por semana.

¿Se imaginan que cada día murieran en nuestra red de carreteras casi 2 personas? Pues esta es la dura realidad y el precio que pagamos cada día, primero por no detener, y segundo, por no saber adaptarnos a un cambio climático que lleva mucho tiempo siendo uno de los grandes retos a resolver de este siglo.

El que si ha debido darse cuenta de estos datos, sin duda alguna también influenciado por las protestas y denuncias de varios colectivos, es el Lehendakari Pradales que en su discurso de este mes en el pleno de política general anunció una inversión de más de 340 millones de euros en 2 años para implementar sistemas de climatización eficientes y sostenibles en centros públicos, como hospitales, centros de salud o colegios.

Bienvenido sea un gobierno que se da cuenta de la importancia del cambio climático y lo incluye en sus principales compromisos de legislatura, pero creo, sinceramente, que esta inversión se queda muy corta, sobre todo si tenemos en cuenta que también quiere incluir en el paquete a los hogares particulares.

Cambio climático / GETTY IMAGES

Cambio climático / GETTY IMAGES

Lo que no es admisible en pleno siglo XXI es que pacientes y facultativos de los hospitales vascos aguanten en sus plantas temperaturas de más de 30 grados o que algunos escolares soporten hasta 35 grados en aulas que no están acondicionadas para un calor que, como bien decía Imanol Pradales, ha venido para quedarse.

Como suele pasar en muchos aspectos de nuestra vida, la mitigación siempre es mucho más cara que la prevención y, lamentablemente, en el cambio climático esa batalla la perdimos ya hace varios años.

Así que ahora nos toca enmendar los errores de un pasado no tan lejano. ¿Cómo puede ser que instalaciones públicas construidas hace no tanto tiempo no cuenten con sistemas de climatización ni tan siquiera hayan tenido en cuenta estos aspectos en su diseño y construcción?

La salud de la población debe ser una prioridad para cualquier gobierno y el cambio climático lleva ya mucho años afectando directamente nuestro bienestar sin que desde las administraciones se haga lo suficiente por diseñar y planificar planes integrales que resuelvan este impacto a largo plazo, con presupuestos y cronogramas concretos.

Esto último, la falta de concreción, es lo que ha echado en falta la oposición en bloque a Hezigiro, el plan de confort térmico para adaptar los centros educativos de la CAPV a la nueva realidad que promueve Gobierno Vasco. Quién sabe si esa falta de confort térmico influye también en los nefastos resultados de nuestros jóvenes en el último informe PISA.

Acabamos de pasar un verano sofocante, probablemente el más caluroso del siglo hasta ahora. Hemos hablado de refugios climáticos en nuestras ciudades y la importancia de adaptarlas a esta nueva realidad, pero si hay que establecer prioridades, lo centros sanitarios y los educativos, además de los de las personas de la tercera edad, deben ser los primeros en los que actuar.

Tenemos la oportunidad de corregir errores del pasado, incluso de no volverlos a cometer en las nuevas edificaciones. Temas como la orientación, los materiales empleados, los revestimientos y las medidas de eficiencia energética deberían ser un básico para los nuevos equipamientos. Mientras, tenemos un largo camino por delante para impulsar una ambiciosa política de rehabilitación de nuestro parque de viviendas que ayude a llevar ese confort térmico a todos los barrios de Euskadi.

La escritora hawaiana Hanya Yanagihara describe en su novela “Al Paraíso” un futuro distópico y totalitario asolado por continuas plagas de calor extremo que obliga a los habitantes de Nueva York a ir con trajes especiales por las calles para respirar. Esperemos no llegar a esos límites, pero la situación actual obliga a actuar de manera decidida y urgente sino queremos aumentar unas muertes que puede ser evitables.