Clamor social. Sin ningún lugar a dudas, lo que en los últimos días se vie en las calles de diferentes ciudades, es un auténtico clamor social que le debemos a una anciana de 87 años, que se vio desahuciada de la casa en la que ha permanecido toda su vida.
Se lo debemos a ella y es más, tenemos que agradecérselo hasta el infinito, porque no es fácil que nos movilicemos de forma contundente, prácticamente por nada. Así que, gracias Mari Carmen.
El despropósito que supone la situación de la vivienda, la falta de ella especialmente para jóvenes y colectivos vulnerables, es un polvorín que ha estallado y que con toda seguridad no será la primera vez que lo haga, porque la resolución del problema debió haberse acometido hace muchos años.
Mari Carmen es el ejemplo de parte de ese problema: los desahucios. Sin embargo, los desahucios son “sencillos” de resolver, si existe voluntad a la hora de arreglarlo. Es suficiente con prohibirlos en los casos que queden determinados. Sí, es de obligado cumplimiento dejar muy claro cuándo procede y cuándo no, un desahucio, y porqué.
La falta de vivienda tanto en alquiler como en venta es un problema complejo y de difícil solución
El problema de fondo es mucho más grave que esto, aun siendo evidentemente dramático y doloroso para quien tiene o ha tenido que enfrentarse a un desahucio. Desgraciadamente ha habido muchas, demasiadas Mari Carmen que han pasado desapercibidas y para las que no ha habido ni solución, ni clamor social.
La falta de vivienda tanto en alquiler como en venta es un problema complejo y de difícil solución. De hecho, no la hay en el corto plazo por mucho que salgamos a las calles, y por mucho que nos empeñemos a través de Reales Decretos con más o menos recorrido.
La realidad es tozuda y constata algo tan obvio como que de dónde no hay, no se puede sacar. Faltan centenares de miles de viviendas por construir, para poder dar respuesta a la actual demanda que crece año tras año.
Da igual que busquemos vivienda para comprar o para alquilar, el resultado siempre es el mismo: la oferta es muy escasa o nula. Si a esto le añadimos que la búsqueda ha de ceñirse a los ingresos que no van, es imposible que lo hagan, en consonancia con la subida de los precios de las casas, pues ya tenemos la cuadratura del círculo.
Lo único a lo que podemos aspirar es a que las políticas públicas comiencen a poner en marcha medidas eficaces
No hay respuesta valida hoy para el grave problema de la vivienda, y no la habrá en años porque las casas no crecen en los árboles, y dar respuesta a la actual y creciente demanda requiere años de edificación, amén de la burocracia previa que exige y que también alarga los plazos.
Así que a lo único a lo que podemos aspirar es a que las políticas públicas comiencen, aún a sabiendas de que vamos tarde, a poner en marcha medidas eficaces y coordinadas que nos permitan salir de este embrollo, más antes que después.
La verdad es que es bastante descorazonador ser consciente de que tiene que darse un caso como el de Mari Carmen y el revulsivo social que ha supuesto, para que quienes nos gobiernan empiecen a tramitar “de urgencia” algunas medidas que podían haberse puesto en marcha mucho antes.
Es evidente que la sociedad espera una respuesta, del mismo modo que es una evidencia que estamos ya en periodo preelectoral, y que la vivienda encabeza la lista de las preocupaciones ciudadanas.
Urge habilitar suelo para la construcción de viviendas sociales
Por eso no sorprende que cada formación política quiera marcar territorio en este ámbito despegándose del compañero de al lado aunque compartan Gobierno, como es el caso de Sumar y el PSOE.
En esto todos los partidos saben que se la juegan, y que desde el banquillo ciudadano estamos mirando con lupa lo que hagan, porque los plazos se agotaron hace mucho tiempo.
Queda por delante un largo recorrido para dar solución a este drama, pero hay que empezar por algún lado. Urge habilitar suelo para la construcción de viviendas sociales. Sin ellas, jamás llegaremos al objetivo.
A Mari Carmen, le abrieron la puerta de su casa para sacarla, pero ella ha abierto una puerta mucho más grande y comprometida: la del clamor social, la del hartazgo y la de la exigencia. Esa puerta no debe cerrarse en falso.
