El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Lo primero que extraña es que un dictador que solo pretende perpetuarse en el poder por cualquier medio, según nos han contado hasta la saciedad los políticos y los comentaristas del ecosistema de la alt right española, o de la derecha extrema, o de la extrema derecha, o de la fachosfera -elijan ustedes-, convoque elecciones. Es muy raro.
Lo segundo que (me) sorprende es que el PP diga que está superpreparado, incluso que editen, ipso facto, un video que dice “Por fin”, con el Himno de la alegría de fondo, y luego salga su candidato con un discurso apocalíptico tipo yo o el caos, cuando se supone que eso es lo que iba a hacer Pedro Sánchez. Un discurso para muy cafeteros, para la derecha de su derecha y sin ninguna intención de transversalidad o de llegar a un electorado más centrado.
Vamos a escuchar mucho, en este mes y medio que queda hasta que podamos votar, la palabra plebiscito. Plebiscito sobre Pedro Sánchez pero también plebiscito sobre Alberto Nuñez Feijóo, que apura su última oportunidad de llegar a presidente del Gobierno. Esperamos las propuestas electorales, el programa, de ambos para que podamos valorar. Sentados, para no cansarnos.
Posiblemente, tras decaer los decretos sobre vivienda en el Congreso de los diputados, y después de constatar que Junts per No va a lo suyo, a no desaparecer engullido por los feixistes de Alliança Catalana, no quedaba otra, y no iba a haber un momento mejor para el PSOE, que adelantar unos meses las elecciones sobre el calendario inicialmente previsto.
También es muy probable que en este tiempo que queda de gobierno en plenas funciones (los gobiernos en funciones son postelectorales), el idem de España aproveche para aprobar en la Diputación permanente del Congreso -ya saben, el órgano constitucional que legisla tras la disolución de las cámaras-, decretos de claro matiz progresista, sobre todo de vivienda, que paren los desahucios y congelen las rentas. Y que hagan que se retraten todos los partidos representados en la misma.
Los que conocemos el mundo cainita de la izquierda, y vimos ‘La vida de Brian’ en los ochenta, ya sabemos que no hay nada más suicida que la verdadera izquierda, la auténtica
Hasta qué punto le beneficiará al PSOE esta última ventana de oportunidad es una incógnita que dependerá del grado de entendimiento y de la capacidad de organización del llamado Frente Amplio, a cuyos resultados fían los socialistas la posibilidad de formar una nueva mayoría de progreso o, simplemente democrática, si el invento es capaz de sacar de la abstención a los defraudados del intento anterior, aquel emanado del 15M.
Aunque los que conocemos el mundo cainita de la izquierda, y vimos ‘La vida de Brian’ en los ochenta, ya sabemos que no hay nada más suicida que la verdadera izquierda, la auténtica. En principio, y aquí en Euskadi, los popes de Bildu ya han dicho que el Frente Amplio son ellos y que si les quieren votar bien y que si no quieren también. Buen inicio.
En Andalucía el camino parece el mismo. Afirmó Teresa Rodríguez el domingo en 'Salvados', que no ve claro que ir juntos (las opciones a la izquierda del PSOE) vaya a dar más votos, que ellos están en fortalecer la opción soberanista andaluza. Podemos, por su lado -o al menos Irene Montero- ha convocado primarias para dentro de un mes en su partido.
A por ellos oé.
Con este panorama, y a no ser que cambien mucho las cosas y muy rápido -si lo han podido hacer con el tema de la vivienda... la esperanza es lo último que se pierde- lo más probable es que vayamos a un cuatrienio de derechas. Muy de derechas.
Aventuro que habrá pocos debates en televisión y radio, y a muchas bandas. Tal vez Feijóo se avenga a uno cara a cara con el perro. Si yo fuera su jefe de campaña propondría que fuera en ‘Horizonte’ y moderado por Iker Jiménez. O en lo de los insectos con el señor ese mayor pero bajito. Pero poco más.
Supongo que no escucharemos muchas propuestas de la actual oposición y que pocos las pedirán desde los medios de comunicación y de los hacedores de opinión. No vayamos a distraernos con bobadas ahora que vemos la línea de meta. Iremos a golpe de lema y de revanchismo difuso. Derogar el sanchismo, acabar con la corrupción, bajar los impuestos, cerrar las fronteras. Sin más concreción ni debate.
Sin que se haya terminado aquello del que pueda hacer que haga de Ansar, llegamos al momento del que pueda votar que vote del Perro
Enfrente tendremos, con mucha probabilidad, un candidato, Pedro Sánchez, que insistirá en mantener el escudo social y el estado de bienestar en las máximas cotas posibles, recaudando impuestos de forma progresiva -es decir, más a los que más tienen-, blindando las pensiones, la asistencia sanitaria universal, la educación gratuita y apostando por el multilateralismo en las relaciones internacionales y la soberanía frente a EEUU y sus exigencias.
Aunque no estaría mal, bajo el prisma del votante progresista, que todo esto fuera acompañado de propuestas para mejorar el funcionamiento de la Sanidad o la educación pública, en detrimento de mutuas y concertados, por ejemplo.
Si Sánchez es capaz de llevar estos temas al debate, tiene opciones. No se lo pondrán fácil, pero nadie dijo que fuera a serlo. Máxime, sin saber todavía cómo influirá en la pre y campaña la acción procesal de la alegremente llamada justicia. Eso sí, puedo adelantar que a la extrema derecha y a la otra derecha se les va a hacer largo un mes y medio sin pedir la dimisión de Pedro Sánchez.
Terminando. Sin que se haya terminado aquello del que pueda hacer que haga de Ansar, llegamos al momento del que pueda votar que vote del Perro.
Y La Séptima, sin plató. Van a llegar al humo de las velas.