Ya está. El pasado lunes y tras la consabida reflexión, Pedro Sánchez desveló la fecha para las próximas elecciones generales que tendrán lugar el 29 de noviembre.

El adelanto electoral al que Sánchez se ha negado taxativamente en múltiples ocasiones dada la precariedad del Gobierno y las dificultades de alcanzar mayorías para sacar los temas adelante, lo ha logrado la presión de la calle y la negativa de Junts a convalidar alguno de los Reales Decretos de vivienda que se tumbaron en el Congreso.

En la estrategia política del Presidente se incluye sin duda la posibilidad de llevar a las filas de la izquierda, que no necesariamente al PSOE, los votos de todas esas personas que han declarado en las calles su hastío por la situación de la vivienda.

Es sin duda un argumento, pero también un riesgo. Mucho me temo que a la mayoría de los acampados y a quienes se han manifestado contra la inacción en políticas de vivienda les une además del malestar, la desafección política.

Mucho me temo que a la mayoría de los acampados y a quienes se han manifestado contra la inacción en políticas de vivienda les une además del malestar, la desafección política

Hablar con los y las jóvenes es absolutamente esclarecedor en ese sentido. La mayoría reconocen que no encuentran ningún partido al que puedan agarrarse para depositar el voto, porque en general, todos han decepcionado sus expectativas.

La verdad es que razones no les faltan, ni a los jóvenes ni a los menos jóvenes, para estar desencantados con una situación que en ocasiones no hay por donde cogerla. Los problemas se van acumulando y uno tapa al anterior, y así sucesivamente sin que parezca que nadie resuelva nada.

Sin embargo y a pesar de las dudas que tenemos muchísimas personas de las que estamos llamadas a las urnas el domingo 29 de noviembre, sería bueno que ejerciéramos ese derecho para reivindicar del modo que cada uno considere lo que quiere.

Nos hemos acostumbrado unos comicios tras otros, a computar la altísima abstención sólo como un dato más. En las últimas generales más de un 33% de los que podíamos votar, no lo hicieron. Y este no es un dato especialmente grueso, hay elecciones en las que la abstención es la gran ganadora.

No obstante, que un tercio de los votantes no vote es muy preocupante. Un tercio de la ciudadanía no se pronuncia por los motivos que sean, siendo uno y no precisamente menor, el hecho de que no encuentren cobijo bajo ninguna sigla.

Votar por el que consideramos menos malo es una práctica cada vez más extendida, y hacerlo en blanco, es una forma de manifestar que nadie responde a lo que se espera

Votar por el que consideramos menos malo es una práctica cada vez más extendida, y hacerlo en blanco, es una forma de manifestar que nadie responde a lo que se espera. Ambas opciones son válidas.

Siempre es importante pronunciarse cuando tenemos oportunidad, pero francamente hay momentos en los que la situación es más apremiante. Creo que votar el próximo 29 de noviembre además de un ejercicio de responsabilidad es la mejor forma de expresar cómo nos sentimos. No sólo eso, sino que además después tendremos derecho a la pataleta si quienes resulten ganadores, no dan respuesta a nuestros problemas que son muchos y variados.

Se entiende a la perfección el disgusto y el desapego político, y espero que los partidos entiendan también que los ciudadanos vamos siempre por delante, y que si toca, somos capaces de mover voluntades e incluso de provocar unas elecciones anticipadas.

Es fundamental no perder ese impulso y esa capacidad, como también lo es votar. Sería muy triste que los próximos comicios los gane la abstención porque quien gobierne, estará en la obligación de gobernar para todos, pero estará mucho más claro quien debe hacerlo cuantos más acudamos a las urnas.

Así que no debemos desaprovechar la oportunidad de decir lo que pensamos con el voto. De lo que digamos entre todos saldrá el nuevo Gobierno, cuantos más seamos, más se ajustará a la realidad de cómo nos sentimos y de lo que pensamos.

Merece la pena hacerlo, porque siempre queda algo. Y no nos olvidemos que el 30 de noviembre ya no tendremos más opción que respetar y asumir los resultados que emanen de las urnas.