Tras 8 años de sanchismo, el próximo 29 de noviembre se abrirá una nueva etapa de impredecibles consecuencias políticas para España, porque sabemos algunas cosas pero no todas, y ni todas las que imaginamos son buenas ni todas las que suponemos son malas: por un lado, se dejarán atrás sucesivos gobiernos del PSOE solo o mal acompañado por populistas, nacionalistas e independentistas… y se abrirá un período de gobierno de un PP dependiente de Vox que no sabemos ni cuánto durará ni qué nos deparará, salvo, muy probablemente, violencia callejera a modo de bienvenida, veremos de qué intensidad, durante cuánto tiempo y con qué consecuencias.

Al fin y al cabo, la izquierda reaccionaria en general y Pedro Sánchez en particular llevan tiempo explicándonos que la alternancia política está bien y es característica fundacional del sistema democrático… siempre que no ganen los que las encuestas dicen que van a ganar y que casualmente son sus adversarios, en cuyo caso entiendo que, en consecuencia, habrá que hacer todo lo posible para evitar que ganen antes, cosa que ya se está haciendo y, una vez que hayan ganado, echarlos cuanto antes.

Si valen las trampas políticas, el trilerismo parlamentario y las cloacas de partido para proteger a sus corruptos, es probable que valga también la violencia, suposición que parece tomar fuerza si vemos las formas y las maneras con las que habitualmente se expresa la extrema izquierda. Lamentablemente, soy pesimista y ojalá me equivoque.

Ese será solo el inicio (o la continuación del inicio que se inició en Extremadura, siguió en Aragón y Castilla y León y finalizó, de momento, en Andalucía, con victorias contundentes del PP y varapalos inapelables del PSOE) del cambio que se está abriendo paso y que cambiará el mapa electoral drásticamente.

Ciudadanos trató de comerse al PP y terminó siendo absorbido por pasarse de listo

Si lo pensamos, el mapa ha cambiado bastante últimamente entre los partidos que nunca formaron parte del bipartidismo, o sea, que lo que parecía que venía para quedarse se esfumó como la espuma: Podemos, que debutó en 2015 con 69 diputados, que fueron dos más al año siguiente cuando se las prometía felices y nos daba lecciones al resto, hoy tiene 4 representantes y acaba de pactar con el independentista Rufián para ver si salva alguno; UPyD justo desaparecía entonces, y Ciudadanos, que venía a comerse el mundo desde la transversalidad política y el progresismo, se hizo repentinamente liberal y de derechas, trató de comerse al PP y terminó siendo absorbido por pasarse de listo; últimamente lo que siguen en caída libre es la izquierda más extrema, absorbida por Sánchez, y el propio PSOE, que resiste porque aún mantiene el poder, hasta que termine de perderlo todo, momento a partir del cual es posible que las pase canutas.

Ahora lo que crece y parece que con suelo firme es Vox, consecuencia de las barrabasadas de Sánchez y la centralidad del PP, a quien pretenderá condicionar en cuanto forme gobierno. No parece que vaya a ser flor de un día, dado que gana entre los más jóvenes.

A partir del 29N se prometen ambos cambiarlo todo, tal como exigen sus votantes, hartos de muchas cosas: la carestía de vida, la imposibilidad de acceder a una vivienda, las cesiones a los independentistas o la corrupción política, lo cual exigirá reformas de calado y posiblemente constitucionales.

Es probable que haya violencia en las calles y mayor tensión política de la que ya hay hoy día

Pero es una incógnita lo que finalmente vayan a llevar a cabo: por un lado, es probable que haya violencia en las calles y mayor tensión política de la que ya hay hoy día; por otro lado, es posible que salten chispas entre ambos socios y que tal cosa haga saltar el gobierno por los aires.

Son hipótesis, desde luego, pero no creo que ninguno de los dos supuestos pueda descartarse ni pueda considerarse fantasía.

En mayo se celebrarán elecciones municipales y autonómicas en doce comunidades autónomas, en todas las cuales es posible que se consolide el cambio, lo cual es una incógnita: cómo afectará al PSOE.

Es dudoso que el PSOE pueda resistir tantos varapalos consecutivos sin que haya una revolución interna

Por un lado, se dice que Sánchez se conforma con resistir ahora, mantener su liderazgo en el PSOE, esperar a que el gobierno del PP y Vox fracase o se vuelva insostenible… y volver con más fuerza si cabe. Sin embargo, es dudoso que el PSOE pueda resistir tantos varapalos consecutivos sin que haya una revolución interna… o sin terminar de dejar de ser alternativa.

Y es que una vez que pierda el poder y todo lo que eso conlleva, tendrá menos prebendas con las que contentar a los suyos, sean estos sinceros o impostados. Y aquí también prima la ley de la oferta y la demanda: si hay menos que repartir, es posible que los que esperan su premio decidan cambiar de aires, que la ideología es necesaria, pero también lo es el poder pagar las facturas.

En Euskadi también soplan vientos de cambio: los gobiernos casi ininterrumpidos del PNV, con la única excepción del de Patxi López, que acabó como el rosario de la aurora, es posible que no se repitan.

Como veis, todo son suposiciones e hipótesis, porque cualquier suceso puede cambiarlo todo. Pero Bildu acecha y es muy probable que acabe superando al PNV, lastrado por su apoyo a Sánchez y envejecido en formas e ideas.

Veremos los gobiernos que se formen tras las elecciones municipales y si los socialistas vascos se atreven a extender sin disimulos sus pactos con los de Arnaldo Otegi, cosa que puede afectar además al PSOE de Sánchez o a quien en ese momento lo dirija.

Antes parecía imposible y hoy se percibe como probable

Y sí, tras las elecciones autonómicas de 2028, sucede lo que parecía imposible y que culminaría décadas de violencia con una nueva etapa de ignominia: que los de Bildu lleguen a Ajuria Enea apoyados por los socialistas. Antes parecía imposible y hoy se percibe como probable.

Pero queda mucho para que tal momento llegue. Antes están las generales del 29N… y lo que su resaca nos deje: transición pacífica o violencia en las calles. Si sucede lo segundo, cualquier otra cosa será posible.