Huelga general. Palabras mayores. Altisonantes y comprometidas, por lo que deben medirse. Tendremos en las calles la máxima expresión del descontento tan sólo unos días antes de que vayamos a elecciones generales, lo cual invita, sin duda, a las interpretaciones de todo tipo.
La convocatoria nace frente al malestar que genera la situación de la vivienda y como grito de la acampada que, gestada por el sindicato de inquilinas, nació primero en Sol y se ha ido extendiendo por diferentes ciudades.
No se nos oculta a la mayoría que el tema de la vivienda es sangrante y que se entiende el enfado, pero de ahí a traducirlo en una huelga general va un trecho.
En todo caso, el clamor ha tomado forma y se ha convertido en fecha concreta: 11 de noviembre. El próximo 11 de noviembre estamos llamados a la huelga general por cuestiones como la vivienda, pero no sólo, ya que los sindicatos han ido dotando de contenido a la convocatoria para que, entre otras cosas, sea defendible.
Así que ahora también vamos a la huelga, evidentemente, quienes la secunden, para pedir que suba el salario medio y también para terminar con la precariedad y reclamar derechos.
Una cronología alucinante para sostener el argumentario que cimente una convocatoria de ese calado
Se antoja que a las centrales sindicales la llamada del sindicato de inquilinas a la huelga les ha pillado con el pie cambiado, y primero y rápidamente, han aceptado el envite por aquello de no perder comba, y de paso protagonismo en un momento en el que los ánimos están tan caldeados que han generado un adelanto de los comicios. Así que hemos tenido primero fecha y más tarde motivos. Una cronología alucinante para sostener el argumentario que cimente una convocatoria de ese calado.
Recurrir a una huelga es algo serio y convertirla en general es un ejercicio de riesgo. Por algo no había una convocatoria semejante desde el 2012.
El drama de la vivienda seguirá estando donde está o incluso peor, porque cada día que pasa se agrava un poco más
Pero bueno, habrá huelga y un día después, el 12 estaremos donde estamos, con lecturas diversas respecto al éxito o el fracaso de la convocatoria, pero con una realidad palmaria, y es que el drama de la vivienda seguirá estando donde está o incluso peor, porque cada día que pasa se agrava un poco más.
Entonces, ¿contra quién es la huelga? Cuando el motivo de la misma era exclusivamente la vivienda, estaba tan indefinido que el Gobierno decía que contra la oposición, y estos que contra el Gobierno, mientras otros se apuntaban a que contra todos porque quien más, quien menos tiene competencias en materia de vivienda.
Más tarde, cuando se amplió el catálogo de agravios y se incluyó el factor salarial, empezó a despejarse, aunque no demasiado, el contra quién.
Lo que sí está muy claro es quién la va a pagar, básicamente las empresas que en esto de la vivienda ni pinchan ni cortan. Pero claro, a las empresas se les imputa la precariedad salarial. Por eso argumentan y justifican los sindicatos la huelga asegurando que los sueldos tienen que servir para pagar viviendas dignas. De locos.
Fijar en hipotéticos incrementos salariales la resolución del drama de la vivienda es ocultar que estamos ante un problema multifactorial
Es imposible que los salarios puedan responder al creciente precio de la vivienda porque a las empresas directamente les saldría mejor echar la persiana. Fijar en hipotéticos incrementos salariales la resolución del drama de la vivienda es ocultar que estamos ante un problema multifactorial de difícil solución y que no tendrá respuesta suficiente en el corto plazo.
La realidad es que no están las cosas para jugársela en lo que a la economía respecta. Creo que en lugar de ir a la huelga, nos sale más a cuenta exigir una apuesta clara por las empresas que realmente son estratégicas y en concreto por las industrias emblemáticas que atraviesan situaciones complejas y en paralelo, pedir a todos los implicados en las políticas de vivienda que hagan los deberes.
A partir de aquí y teniendo muy claro que la huelga es un derecho, que cada uno decida si hay motivo o no para una huelga general en plena campaña electoral.
