Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo.
Una de las claves de la noche electoral del 29 de noviembre, visto cómo se está desarrollando la campaña electoral y los últimos años de la política española, es la movilización. Desde hace tiempo —tal vez demasiado—, los analistas y estudios fijan la atención en cuán movilizados están los votantes y suelen usar el recuerdo de voto como indicador para determinar ese nivel de movilización.
Quienes busquen en el recuerdo de voto un indicador de cómo se va a desarrollar la campaña y los resultados electorales están cometiendo un error. En situaciones de alta polarización entre bloques ideológicos, los electores que recuerdan haber votado por uno u otro partido suelen tener altos porcentajes de movilización electoral. Si tomamos como guía a los cuatro principales partidos del escenario español, más del 90% de sus votantes creen muy probable que vayan a votar el 29 de noviembre (otra cosa es el sentido del voto).
El caso más llamativo es el de los votantes de Sumar: el 93,7% de quienes votaron a la coalición en 2023 reconoce que seguramente acudirá a las urnas en la próxima cita general. El resto de partidos no tienen malos números en este sentido. El PSOE moviliza al 90,7% de sus votantes, con un importante incremento de la movilización en los últimos meses, y PP y Vox se mueven en torno al 91,5% y 92,2%, respectivamente.
El PSOE moviliza al 90,7% de sus votantes, con un importante incremento de la movilización en los últimos meses, y PP y Vox se mueven en torno al 91,5% y 92,2%
Pero en España hay en torno a 3,3 millones de votantes entre 18 y 24 años. Es cierto que, en comparación, entre 18 y 25 años antes nacían menos niños que en los años 70 y 80 del siglo pasado. Pero entre 2002 y 2008 España tuvo un pequeño boom de natalidad, antes de la crisis financiera de principios del nuevo milenio. En 2008 nacieron en el conjunto del Estado más de medio millón de niños, cifras que no se conocían desde 1982. Ese medio millón de jóvenes tendrá la opción de votar (en su mayoría) por primera vez el 29 de noviembre.
Y ahí está la clave. Que accedan al derecho al voto no quiere decir que vayan a votar. Todos sabemos que los votantes jóvenes, al integrarse como nuevos en el voto, tienen una participación electoral más baja. Los datos lo confirman. De quienes en 2023 no tenían edad para votar y ahora podrán hacerlo, solo el 68,6% asegura que acudirá a votar con una probabilidad alta.
Por franjas de edad, solo el 77,5% de los nacidos entre 18 y 24 años está movilizado, y solo el 63,6% de los jóvenes en esta franja asegura que acudirá a votar con total seguridad. El porcentaje es casi 20 puntos menor que en la franja de edad más movilizada, la de los votantes entre 55 y 64 años.
Esta participación más baja resta importancia a estos nuevos votantes, pero no la anula por completo. Son medio millón de votantes, en torno al 6% del electorado. Si cayeran del lado de un mismo partido, por ejemplo, el PSOE, esto les serviría a los socialistas para ser la opción más votada y posiblemente con más escaños. Ese medio millón de votantes es lo que las encuestas estiman que ha perdido el partido de Sánchez hacia el PP.
Desde 2023 son los votantes que más han cambiado su intención, y una de las razones es la ya comentada reciente incorporación al voto de estos perfiles etarios
Evidentemente, los jóvenes son plurales, como la mayoría de la sociedad. Es cierto que, al haberse incorporado al voto hace pocos años, aún no tienen consolidadas sus preferencias, pero ya empezamos a observar tendencias que a más de uno van a sorprender.
Primero, no es del todo cierto que haya una inclinación ideológica al conservadurismo o a la derecha entre los votantes más jóvenes. Si observamos la autoubicación ideológica de la franja de edad de 18 a 24 años, es cierto que, puntualmente y según los datos del CIS, la media de estos votantes se inclinó a la derecha entre diciembre de 2024 y junio de 2025.
Sin embargo, los jóvenes de esta franja de edad se sitúan actualmente de media en el 4,6, ligeramente inclinados hacia la izquierda. No es la franja de edad que más a la izquierda está, ya que los mayores de 65 años (los que se incorporaron al voto en plena Transición y que ven en el crecimiento de las ultraderechas un riesgo para sus derechos y libertades) son los que más a la izquierda se sitúan, pero los jóvenes siguen ubicándose más a la izquierda que a la derecha.
Traducido en votos, el PSOE atrae al 20,7% de los votantes más jóvenes. Y si es cierto que Vox es la segunda opción, en solo un año los de Abascal se han dejado en esta franja de edad un 8%, quedándose con el 16% de los votantes (muchos, seguramente, varones). El 9% de los votantes jóvenes votará a Sumar (hoy Frente Amplio) y su tendencia de los últimos meses es ascendente.
El mito de una juventud de derechas en España y en Europa es comprensible. Desde 2023 son los votantes que más han cambiado su intención, y una de las razones es la ya comentada reciente incorporación al voto de estos perfiles etarios. Aún no han consolidado sus preferencias partidistas o de liderazgo, y el nivel de compromiso con las marcas, sean estas de partido o de liderazgo, es más bajo que en otras edades.
Y ojo, porque aquí aparece el segundo mito que deberíamos derribar: el del voto emocional de los jóvenes. Todo hace indicar que el voto de los jóvenes responde más a una evaluación de sus intereses que a cuestiones irracionales como el atractivo de los candidatos o que los partidos incluyan perfiles más similares a ellos entre sus listas.
Si nos preguntamos por qué los jóvenes están volviendo a votar a la izquierda en las últimas encuestas, la respuesta la hallaremos en los problemas percibidos
Si nos preguntamos por qué los jóvenes están volviendo a votar a la izquierda en las últimas encuestas, la respuesta la hallaremos en los problemas percibidos. Hasta un 61,5% de los jóvenes considera que la vivienda es el principal problema del Estado español, entre 5 y 10 puntos porcentuales más que otras franjas de edad. Es, sin duda, la problemática que más les afecta en su vida y en su futuro. Son muy conscientes de ello, reaccionan en base a esas preocupaciones personales y votan en consonancia con esa reacción.
Al principio del artículo he mencionado que los jóvenes son el grupo de edad que menos declara intención de ir a votar. Sí, son los menos movilizados, pero en el último año los votantes de 18 a 34 años son los que mayor incremento de movilización electoral han experimentado: más de 5 puntos, muy por encima del resto de votantes, que se mueven en incrementos en torno al 3%.
Entre los 18 y 34 años hay casi 10 millones de votantes que están incrementando su movilización electoral más que el resto de perfiles etarios, y que lo hacen en base a intereses que les afectan directamente, como la vivienda. Esta es una de las claves del 29N: cuánto y cómo voten los jóvenes. Siguen siendo determinantes, y los partidos lo saben.