Residuos / EFE
Basura: aquello que se desecha por carecer de utilidad o valor. Residuo: parte o material sobrante que puede tener una segunda vida o ser reincorporado a un proceso. Estas son las definiciones que la RAE da a dos conceptos que, desgraciadamente, solemos utilizar como sinónimos cuando no lo son en absoluto.
Quizás de esta confusión venga gran parte del grave problema que tenemos en este país con la gestión de los residuos sólidos urbanos, aquellos que se producen mayoritariamente en los domicilios de la ciudadanía. No sé si lo saben pero, por si caso, se lo recuerdo, todos los Estados miembros de la UE deberían estar reciclando desde el año pasado más del 55% de los residuos que generan. ¿Saben que en Euskadi, uno de los territorios punteros en España en esta materia, no llegamos a día de hoy ni al 40%?
Mientras el informe de Indicadores de Economía Circular de Ihobe, publicado este mismo año, confirma avances significativos en circularidad y eficiencia material, apunta como el desafío más importante a resolver en Euskadi la gestión de estos residuos urbanos. Los datos son claros en los tres territorios y demuestran que no hay avances significativos en este campo, bien al contrario se está produciendo un estancamiento desde la pandemia.
Esta situación se ve claramente en el único territorio vasco que actualmente cumple la directiva europea, Gipuzkoa. Los últimos datos publicados señalan que, aunque se recogieron menos residuos en 2025, la recogida selectiva, lejos de aumentar, se ha estancado e incluso ha retrocedido hasta alcanzar el 56,8%, una décimas por debajo del nivel de 2019.
El caso más significativo es el de Debagoiena, la mancomunidad que durante años lideró el reciclaje vasco y que ahora tiene una tasa de reciclaje 10 puntos menor a la alcanzada en 2016. En Álava y Bizkaia, que parten de cifras más modestas, los datos reflejan avances muy escasos con tasas de reciclaje de poco más del 40%, un 15% por debajo de lo que exigía Europa para 2025.
Esta claro que estamos fallando en la gestión de nuestros residuos sólidos urbanos y es urgente preguntarnos que está pasando para que miles de toneladas de potenciales “recursos” acaben en los vertederos o incineradoras, sin darles una oportunidad de tener una segunda vida. Este es un problema que no sólo incumbe a las instituciones, nos apela a todos porque supone un desperdicio y una falta de eficiencia que impide mejorar nuestro bienestar y competitividad como sociedad.
Me consta que en la mayoría de los ayuntamientos y diputaciones vascas este es un problema que preocupa, pero la realidad es tozuda y, a pesar de la enorme inversión en infraestructuras de tratamiento y recogida, los resultados siguen sin ser los deseados.
Probablemente, no haya una única solución, pero si estoy convencido que este desafío no se supera sin la implicación de toda la ciudadanía y, para lograrlo, hace falta mucha más inversión en sensibilización y también más iniciativas innovadoras a la hora de involucrar a los que tienen en sus manos la llave para convertir los residuos en recursos: los habitantes de los pueblos y cuidades de cada territorio.
Las instituciones se gastan cantidades ingentes de dinero en gestionar los residuos, pero no lo hacen de manera proporcional cuando tienen que lanzar campañas de concienciación ciudadana. Por poner un ejemplo demostrativo de esta diferencia abismal, el dinero dedicado a comunicación del servicio de gestión de residuos de una de las principales ciudades de Euskadi no llega al 0,3% del coste anual del servicio. Las recomendaciones de la UE para las campañas de comunicación de sus proyectos es que al menos tengan una inversión del 3% de coste total de los mismos.
No creo que la falta de sensibilización y comunicación sea el único problema que está impidiendo lograr una mayor tasa de reciclaje en Euskadi, pero si me parece uno de los más importantes, especialmente en la falta de continuidad de estas campañas o programas de sensibilización. Creo que también es necesario una política valiente por parte de los consistorios que castigue los incumplimientos y que premie a los ciudadanos que están separando correctamente sus residuos.
Ya estamos empezando a ver ejemplos en Gipuzkoa y en Vitoria-Gasteiz de tarifas diferenciadas que benefician a quienes lo hacen bien bajo una premisa sencilla: quien mejor separa, menos paga. Lo que todavía no veo que suceda son las multas a las personas que depositan mal sus residuos en las calles de nuestras ciudades y pienso que se podrían hacer campañas puntuales, como las que se hacen en tráfico, para concienciar sobre como afectan estas actitudes a toda la sociedad.
Lo que desde luego no debemos hacer es obviar el problema ni quitarle importancia a unos datos que nos demuestran que estamos suspendiendo en materia de residuos, no edulcoremos la realidad, enfrentémonos a ella y para hacerlo lo primero es reconocerlo. No son residuos, ¡son recursos, estúpido!.
Si a James Carvill, asesor de Bill Clinton en la elecciones presidenciales de 1992, una frase como esta le sirvió para situar la economía en el centro del debate y ganar la contienda electoral, vamos a ver si a nosotros nos ayuda a despertarnos y asumir la realidad para salir de este estancamiento en la gestión de nuestros residuos que dura ya demasiados años.