El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente Efe
Yo, como Jon Nieve, no sé nada. Desde luego no sé nada de trenes, de alta, baja o media velocidad, ni de capas de seguridad, tres, cuatro o cinco, tampoco de sistemas LZB -ni siquiera sé si lo he escrito bien-, o de la idoneidad de los nombramientos en las cúpulas de ADIF o Renfe, o si hay que invertir más en las infraestructuras ferroviarias, por citar algunos de los temas que los innumerables todólogos han tratado en los últimos días con una envidiable y ridícula seguridad en sus disertaciones.
Lo poco que sé es que ha ocurrido una tragedia ferroviaria con setenta víctimas mortales y decenas de personas heridas y que la catástrofe se ha producido al colisionar un tren que circulaba a casi 200 kilómetros por hora con otro que estaba parado.
También sé que este desastre sin paliativos viene precedido por otro accidente acontecido hace nueve meses, en la misma línea, aunque por diferentes razones, con el triste saldo de 46 personas fallecidas y casi trescientas heridas?
¿Por qué iba un tren a doscientos por hora si había otro tren parado? Lo sabemos desde el primer momento, un fallo humano. No sabemos de cuántos humanos hablamos, pero es lo que ha pasado aunque no les guste a los sindicatos, ni al pretendiente Feijóo.
No sabemos de cuántos humanos hablamos, pero es lo que ha pasado aunque no les guste a los sindicatos, ni al pretendiente Feijóo
Hemos escuchado las grabaciones, sabemos que era el comienzo de un turno de trabajo -llevaban dos horas- y conocemos hasta la edad del técnico que autorizó la marcha del tren a velocidad normal, 24 años que no le eximen de nada.
Parece que falló el que dio la orden, el que le supervisaba y el responsable de ambos. Seguramente también tiene parte de culpa la persona que se comunicó en dos ocasiones con el tren que no podía arrancar y permanecía parado. No debió enfatizar mucho la situación. Fallaron todos ellos. Es jodido, pero es así.
Hasta aquí los hechos que han motivado el desastre humano. Sin embargo, una vez que se sabe lo que ha ocurrido dejamos de mirar la luna y nos ponemos a mirar el dedo. Por ejemplo, exigimos saber pero afeamos al ministerio que nos lo diga porque implica a trabajadores. Y de paso pedimos la dimisión del ministro, al que la actual oposición y la fachosfera le tienen muchas ganas.
También piden la cabeza del ministro los socios parlamentarios del gobierno, los sindicatos y los tertulianos más o menos afines, la sincronizada. Hay consenso sobre el tema. Igual por eso, Pedro Sánchez ha decidido mantenerlo en su sitio trabajando y dando explicaciones con datos contrastados, durante horas, en la ingenua creencia de que eso servirá para amansar a unas fieras que piden sangre. Más.
Yo me malicio, sin tener ningún dato, ya les he dicho que no sé nada, que Óscar Puente dejará el ministerio cuando termine de gestionar este tema. No antes
Yo me malicio, sin tener ningún dato, ya les he dicho que no sé nada, que Óscar Puente dejará el ministerio cuando termine de gestionar este tema. No antes.
Y cuando Óscar Puente se vaya, igual hay que pedir otras responsabilidades y dimisiones. Por ejemplo, algunos medios han resaltado que el director ejecutivo de Iryo, que es una de las compañías privadas que operan la alta velocidad española, ya advirtió en comisión parlamentaria que sus trenes, cuando paraban por la caída del tristemente célebre sistema LZB, sus trenes no arrancaban a la primera, ni a la segunda, y que se quedaban bloqueados porque exigen un reinicio complejo y lento.
Y digo yo que advertir de eso no le exime de responsabilidad. La agrava. Igual debería cambiar los sistemas de sus trenes, o los trenes, si eso supone que cada vez que hay un bloqueo de seguridad en la vía, estas unidades quedan inoperables durante un tiempo excesivo. Tal vez habría que pedir la dimisión del presidente de Iryo.
Los sindicatos del ramo se han molestado enormemente porque se haya señalado a los trabajadores del centro de control de Atocha como los responsables del accidente, alegando que el sistema informático es una porquería, que la peña está muy estresada y que falta gente. No han rebatido, ni han negado -posiblemente porque no pueden- que es el factor humano quien supervisa el sistema informático cuando funciona bien y cuando no funciona, y que son las personas las responsables últimas de las decisiones que se toman.
¿Verían ustedes un debate sobre la Alta Velocidad en España entre Oscar Puente y la persona que designe el PP? Yo sí.
En este caso el corporativismo apesta ¡Qué digo en este caso!¡En todos! Si al final se demuestra que el error principal, supremo, clave, crítico, fue humano tal vez debamos pedir la dimisión de los secretarios generales de los sindicatos.
Podría seguir con ejemplos absurdos pero me aburre una sociedad de individuos tan blanditos que no asumen sus responsabilidades y despejan balones hacia arriba y hacia abajo buscando culpas ajenas que no sé si les permitirán dormir mejor, pero no les hace mejores personas.
Y a todo esto, escuchamos cada vez más alto a los jinetes del apocalipsis que se acercan al galope. Personajes que postulan que España es un desastre, un estado fallido al borde del colapso. Personas a las que les va perfectamente bien, les fue perfectamente bien en el pasado y les irá bien en el futuro que pregonan. Estafadores intelectuales todas y todos ellos.
Por último, ¿Verían ustedes un debate sobre la Alta Velocidad en España entre Oscar Puente y la persona que designe el PP? Yo sí. Igual así nos enterábamos de los que pretende la oposición en este tema, si consigue gobernar. Porque lo que hizo el PP en la etapa Rajoy, mejor no lo tomamos de ejemplo.