El pasado 14 de marzo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declaró el Estado de Alarma en todo el país (el tercero desde la entrada en vigor de la Constitución en 1978). Tras este anuncio, llegaron 50 días de confinamiento domiciliario severo. La desescalada comenzó 4 el mayo en algunas islas, pero la Fase 1 no llegó a Euskadi hasta el 11 de mayo. Solamente hubo que esperar una semana, hasta el día 18, para que el Gobierno vasco diera por “superada” la emergencia sanitaria en País Vasco. A partir de ese momento, la evolución de la pandemia ha seguido una tendencia bastante irregular en los tres territorios históricos.  

La fase 3 de la desescalada entró en vigor el 8 de junio y apenas tres días después llegaron los primeros rebrotes en los hospitales de Basurto (Bilbao) y Txagorritxu (Vitoria). La aparición de estos nuevos casos frustró los planes de las comunidades que conforman la cornisa cantábrica de permitir la movilidad entre dichas zonas.  

A pesar de estos rebrotes, que pudieron controlarse a tiempo, Euskadi avanzó hacia la “nueva normalidad” días antes que el resto de comunidades autónomas, concretamente el 19 de junio. Las entonces cifras bajas de contagio permitieron al Gobierno de Iñigo Urkullu lanzar las campanas al vuelo y asegurar que la pandemia estaba “bajo control” aunque la situación era “frágil”. 

La primera semana de julio, la localidad gipuzkoana de Ordizia volvió a poner en riesgo la estabilidad de los buenos datos en la comunidad al registrar un elevado número de nuevos positivos. Fue en ese momento cuando el Gobierno vasco puso sobre la mesa por primera vez la posibilidad de imponer, aunque solo en ese municipio, la mascarilla obligatoria. 

Mascarillas justo después de las elecciones 

Llegaron las elecciones vascas el 12 de julio y el lehendakari Iñigo Urkullu insistió en que estas iban a poder celebrarse de una manera “segura”.  Sin embargo, un par de días después Euskadi cambió su discurso y endureció las normas. Las mascarillas, apenas tres días después de cerrar el escrutinio electoral, se convirtieron en obligatorias para “no permitir que el virus recupere terreno”. Además, se impusieron medidas restrictivas por primera vez en el verano: grupos máximos de 10 personas por mesa, prohibición de beber en la calle y suspensión de toda actividad en lonjas juveniles y locales similares.  

Ante la proximidad de las fiestas patronales en las tres provincias, el ocio nocturno se convirtió en el principal foco de atención del Gobierno vasco ya que consideró que estaba “favoreciendo la transmisión”. Fue el 24 de julio, víspera del día de Santiago, cuando la consejera de Salud, Nekane Murga, afirmó que Euskadi estaba “en el inicio de la segunda ola”, apenas dos semanas después de votar en unas elecciones marcadas como “seguras”.  

Sin embargo, no fue hasta el 6 de agosto cuando se dio por “instalada de pleno” esta segunda ola en el territorio y se desechó la idea de poder tener una “nueva normalidad”. La evolución al alza de la pandemia llevó a Euskadi a volver a la emergencia sanitaria a mediados de ese mes. Con el fin de frenar el aumento de positivos, se tomaron nuevas medidas: cierre de la hostelería a la 1 de la madrugada y prohibición del consumo en la barra. El confinamiento general continuó sin ser una posibilidad, pero se pidió a la población vasca limitar al máximo las relaciones sociales.  

Septiembre pareció dar un respiro ante lo que la nueva Consejera de Salud, Gotzone Sagardui, describió como “la mejor evolución del Covid”. Una afirmación que chocó con los datos de defunciones publicados ese día, 16 de septiembre, que hablaron de 46 en una semana. Para el 21 de ese mes, el Gobierno vasco anunció que el “pico” de la segunda ola había queda atrás pero pidió “prudencia”. Justo un mes después, Euskadi elevó a nivel 4 su grado de alerta ante el disparo de nuevos contagios que llegó a los 828 diarios. Este aumento de positivos llevó a la decisión de imponer nuevas restricciones: reducción de los aforos al 50% en toda la actividad, agrupaciones de máximo seis personas y cierre de la hostelería a las 12 de la noche. Las competiciones deportivas no federadas también quedaron suspendidas pero el confinamiento no se contempló.  

Contradicciones en 24 horas 

El 19 de octubre, el coordinador del Programa de Vigilancia y Control del Departamento de Salud y Osakidetza, Ignacio Garitano, fue rotundo y afirmó que se descartaba el confinamiento de municipios. Sin embargo, la versión institucional cambió en apenas 24 horas y el portavoz del Gobierno vasco, Bingen Zupiria, afirmó que: “todas las posibilidades están abiertas”.  

Y así fue. El 27 de octubre, Iñigo Urkullu compareció para anunciar el cierre perimetral de Euskadi, la prohibición de la movilidad entre sus municipios y el toque de queda de 11 de la noche a las seis de la mañana.  

Noviembre comenzó con la premisa de “la situación es grave” y el Gobierno vasco pidió cancelar “cualquier actividad social que no sea imprescindible”. No obstante, el confinamiento domiciliario no se puso sobre la mesa y es que, Bingen Zupiria insistió en que “no podemos encerrarnos en casa cada vez que llegue una ola de Covid”.  

Los datos sobre contagios continuaron al alza, llegando a un máximo de 1461 nuevos positivos el 5 de noviembre. Esto llevó a Euskadi a tomar las medidas más restrictivas hasta la fecha: cierre total de la hostelería, toque de queda más amplio desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana cierre del comercio y de las actividades culturales a las 9 de la noche, suspensión de las actividades deportivas en grupo y obligatoriedad de la mascarilla tanto en el trabajo como en el deporte aunque sea individual.  

Salvar la Navidad

Euskadi vuelve a la vida sin los bares. El Labi se reúne el 19 de noviembre y toma la decisión de prolongar las medidas hasta el 10 de diciembre por temor al puente que se acerca y evitar los desplazamientos. Tampoco se opta por endurecerlas por lo que todo se queda como está hasta la siguiente reunión.

Pocos días después, el 24 de diciembre, el Gobierno central elabora el primer borrador con las medidas nacionales para Navidad y deja en manos de las comunidades autónomas la decisión de plantear planes propios. Sánchez propone limitar a seis personas las reuniones, un confinamiento nocturno entre las 1.00 horas y las 6.00 horas los días 24 y 31 de diciembre y permitir los desplazamientos únicamente para ver a familiares y allegados. Cuatro días después llega el plan de Urkullu: levantar el confinamiento perimetral de municipios y comunidades autónomas, autorizar agrupaciones máximas de 10 personas los días de celebraciones y ampliar la movilidad nocturna el 24 y el 31 de diciembre hasta la una de la madrugada. 

Llega diciembre y con él llegan buenas noticias para la hostelería. El día 12 los bares y restaurantes pudieron levantar la persiana de sus locales pero con ciertas condiciones. La hora de cierre se establece a las 8 de la tarde y en cuanto al aforo, las terrazas pueden estar al 100% y el interior al 50. Además, el cierre perimetral se amplía un poco, limitando la movilidad a la provincia de residencia. Vuelven los entrenamientos de deporte federados en grupos de seis y se suspenden eventos navideños como las cabalgatas. La previsión del Gobierno vasco es mantener estas medidas hasta el 10 de enero, día en el que está indicado que el Labi vuelva a reunirse.

Sin embargo, tres días después las dudas parecen envolver al Ejecutivo vasco. Tras varios días en tendencia descendente, el número de nuevos contagios llega a una fase de meseta y esto, unido a las imágenes de aglomeraciones en las capitales vascas durante el puente, hace que el lehendakari baraje tomar nuevas medidas antes de la próxima reunión.

Hoy no tendrá lugar dicha reunión pero sí se reunirá la Comisión Técnica que asesora al Labi y, tal y como ha anunciado el lehendakari, es posible que se plantee el endurecimiento de las medidas propuestas para Navidad.