Este 13 de enero se cumplen 45 años del secuestro, a manos de ETA, del empresario valenciano Luis Suñer, dueño de la fábrica de helados Avidesa.
Este caso quedó en el olvido, pero el periodista Sergi Moyano Hurtado (Valencia, 2000) lo rescata a través de su libro 'Operación Apolo. De cómo ETA secuestró al rey de los helados'.
Un relato de investigación periodística que reconstruye la historia real del secuestro, de aproximadamente tres meses, gracias al testimonio exclusivo de uno de los secuestradores.
¿Cómo surge la idea de este libro? ¿Qué le hizo interesarse por este caso?
Mi familia es de Alzira, que es la ciudad de donde era este industrial valenciano, uno de los empresarios más importantes de la época. En una sociedad como la valenciana, que tuvo una industrialización muy tardía, Luis Suñer —Helados Avidesa llegó a ser la marca más importante del sector de los helados en España durante muchos años— fue un personaje muy importante para entender aquella época, sobre todo los años 70, 80 y principios de los 90.
Mi familia siempre había comentado la coincidencia de que aquel martes, 13 de enero de 1981, nació mi tía. A escasos metros del paritorio del hospital de Santa Lucía, donde ella nació, ocurrió un secuestro que conmocionó a la sociedad valenciana porque era la primera vez que sentíamos a ETA tan cerca, era la primera vez que se percibía a ETA como una amenaza directa a las personas con aquel secuestro.
Por casualidad, me encontré a una persona que me dijo que había sido amiga de un chico, que le había confesado que era uno de los secuestradores de Luis Suñer. Entonces, empecé a tirar del hilo, no me quiso decir el nombre, pero yo lo busqué y él accedió a hablar.
¿Cómo fue el proceso de elaboración de este libro?
Es una historia bastante rocambolesca porque hubo una participación directa de valencianos, un comando que estaba compuesto por un valenciano, un madrileño y dos vascos. Fue una célula que operó durante un año en la Comunidad Valenciana, con un primer atentado en la Costa de Jávea, en el verano de 1980, que no causó víctimas y, finalmente, este secuestro.
Así que así empezó la investigación, partiendo del interés personal de algo que se había comentado en las comidas familiares los domingos y también por la casualidad de haberme encontrado a esta fuente que, digamos, es la que abrió el camino.
A partir de ahí empecé a entrevistar a exdirigentes de ETA, a buscar en archivos y, finalmente, accedí al sumario del caso en la Audiencia Nacional, que es la primera vez que un periodista accede a ese documento.
El periodista Sergi Moyano
Este libro cuenta con el testimonio de uno de los secuestradores. ¿Cómo vivió esto?
Como un aprendizaje. Contacté con él hace ya cuatro años, yo era más joven aún, entonces para mí era un proceso al que nunca me había enfrentado. Al final, es inevitable que se produzca un tipo de vínculo con una persona que te tiene que confiar el secreto más grande de su vida.
Era la primera vez que él lo verbalizaba de tal manera porque había contado algo a su gente más cercana, pero nunca había ordenado toda esa información que él poseía. Se produjo casi como una confesión.
Fue una manera de ordenar un pasado que, de algún modo, él interpreta como una lucha política y social porque venía del Madrid de la Transición. Vio muy de cerca toda esa conmoción social que se produjo en los últimos años del franquismo y, durante la Transición, había militado en partidos de la extrema izquierda revolucionaria. Era también conocido de uno de los abogados de Atocha asesinados por un grupo de extrema derecha en el 77.
Él vivió ese proceso como una derrota porque no se había conseguido lo que ellos pretendían, que era una ruptura real con la dictadura. Se convenció, se radicalizó y es en ese momento cuando pidió ingresar en ETA.
Fue un secuestro que conmocionó a la sociedad valenciana porque era la primera vez que sentíamos a ETA tan cerca
Este caso es peculiar porque los dos secuestradores no eran vascos...
Es un hecho bastante inédito. Nunca me había encontrado una participación directa de, al menos, una persona que era valenciana, que fue militante de pleno derecho en ETA en el último tramo de la organización.
Esto también se explica por la época porque la Transición creo que es una de las etapas más complejas de nuestra historia reciente que ayudan a entender muchas cosas de nuestro presente. Y, precisamente, en aquel momento confluyeron una serie de circunstancias que motivaron que personas de ambientes tan dispares, pudieran confluir, en este caso, en un grupo terrorista.
El madrileño, después de aquellos años de la Transición, se refugió en La Safor, una comarca con mucho arraigo de la identidad propia y con muchos grupos de izquierdas. Hizo amigos de su edad, que también estaban viviendo en Valencia un contexto de polarización importante con ataques permanentes de la extrema derecha.
Todo ese contexto influyó a la hora de tomar partido por determinadas ideas u objetivos. Fue el madrileño el que sembró la semilla para pasar a la acción, lo que pasa es que la mayoría de valencianos se descolgaron de esa operación por el camino, sobre todo en el momento en el que ya se habló de secuestrar a una persona.
Finalmente, el madrileño y el valenciano, que eran pareja, aprovecharon la apertura de un local abierto al público, en el que en el día a día había clientela, para construir el zulo en el patio interior, en una casa típica valenciana.
Para ETA era muy importante camuflarse en el ambiente. La Comunidad Valenciana era un lugar muy diferente a Euskadi en aquellos años, en cualquier municipio de interior era fácil identificar a la gente que venía de fuera, entonces eso hubiese levantado sospechas.
Esa fue un poco la razón por la que la policía nunca descubrió dónde estaba secuestrado. De hecho, nunca se ha sabido dónde estaba el zulo y esa es una de las novedades de la investigación, el poder acercarnos al lugar donde estuvo. La policía buscaba especialmente en casas de campo, apartamentos turísticos, es decir, en lugares apartados.
¿Cuál es el objetivo de este libro? ¿Qué va a encontrar el lector?
Creo que el lector puede encontrar el resumen de buena parte de los miedos atávicos que nos persiguen en nuestra historia. Como dijo el escritor valenciano John Fuster, la historia de los pueblos es la historia de sus miedos. En esta historia confluyen buena parte de los miedos que nos han perseguido desde siempre, el miedo a la acción criminal de los grupos terroristas, a la democracia por parte de determinados sectores, a la involución democrática, a un encaje político de las diferentes identidades culturales y nacionales.
Este relato resume muy bien una época, con el 23-F de por medio, con reivindicaciones nacionales por parte de determinados territorios y partidos políticos. Digamos que el contexto valenciano y el vasco en aquella Transición son como la cara y la cruz de lo que se estaba viviendo en un lugar y en otro y, precisamente, esa mezcla insólita entre un mundo y otro es lo que hace también interesante una historia que hasta ahora se desconocía. Sirve para entender quiénes somos y de dónde venimos.
Los historiadores cifran en 1.000 millones el dinero que ETA consiguió en toda su historia y casi una tercera parte fue del secuestro de Luis Suñer
¿Cómo ha recibido este libro la familia?
Es cierto que la familia nunca ha querido hablar de este tema, es doloroso para ellos, pero al final los periodistas tenemos que cumplir con nuestra labor de informar de casos que nos han marcado y que han conmocionado a la sociedad, como fue el secuestro de Luis Suñer.
Evidentemente, cada uno hace su lectura, pero en general no me ha llegado ninguna incomodidad a posteriori sobre el libro.
En casos como este, el de secuestros, existe una especie de batalla moral entre quienes opinan que no hay que pagar un rescate y entre los que creen que sí. ¿Qué piensa sobre esto?
Este secuestro fue fundamental porque la familia pagó 325 millones de pesetas. Los historiadores cifran en casi 1.000 millones el dinero que ETA consiguió en toda su historia entre secuestros y atracos. Así que estamos hablando de que casi una tercera parte fue del secuestro de Suñer.
Realmente es un conflicto que siempre surge. Es cierto que, en este caso, el Gobierno de España avaló esa operación, de hecho lo reconoció días después de la liberación. Hay que entender el contexto, el gobierno de la UCD estaba negociando con la izquierda abertzale para un acuerdo de paz que, finalmente, llegó con esa autodisolución de ETA.
Digamos que todas las instituciones del Estado hicieron la vista gorda, el juicio se ventiló en apenas dos sesiones y tampoco se llegó al fondo de la cuestión, lo que se demuestra en el hecho de que solo fuesen condenados o que la policía solo pillase a los del último zulo. Esto tenía que ver con un proceso de distensión, de evitar actuaciones beligerantes entre un mundo que se estaba autodisolviendo y el Gobierno que pretendía poner fin al terrorismo.
Sí que es verdad que por parte de las fuerzas policiales no se suele recomendar que la familia pague, pero en este caso, la familia consideró que era prioritaria su puesta en libertad y, por eso, negociaron directamente con la banda terrorista.
¿Por qué es este un caso tan olvidado?
Estamos hablando del año 81, una época en la que ocurrieron hechos muy grandes. El año 80 fue el de mayor número de víctimas de toda nuestra historia reciente. De víctimas mortales de ETA, especialmente, pero también de los grupos de extrema derecha que operaban en el país.
Es cierto que el caso de Luis Suñer quedó como una historia feliz porque al final fue liberado, él incluso hizo declaraciones diciendo que se había despedido de ellos como amigos, que a ETA no le debía nada, que decidió pagar y ahí acabó esa historia.
