Decenas de personas se manifiestan por los asesinatos del 3 de marzo de 1976.

Decenas de personas se manifiestan por los asesinatos del 3 de marzo de 1976. Remitida por Memoria Gara Europa Press

Política

Los asesinatos que marcaron a Vitoria en 1976: cuando el franquismo siguió matando y la herida nunca se cerró

Durante la transición, la Policía segó las vidas de cinco trabajadores y dejó cientos de heridos en la iglesia de San Francisco de la capital vasca. Crimen que nunca se juzgó. 

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El franquismo bebía de algo que lo mantenía vivo: el odio a quien no era uno de los suyos. Una repulsión que se convertía en sangre de la clase trabajadora, del colectivo LGTB, de vascos, de catalanes, de las mujeres que se salían de su rol impuesto, y etc. Lorca, Las 13 rosas, Miguel Hernández, Salvador Puig Antich y los más de 140.000 civiles asesinados de manera inocente, entre los que se encuentran cinco trabajadores de Vitoria-Gasteiz: Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral.

Estos últimos no fueron asesinados durante el régimen. Fue el 3 de marzo de 1976, casi un año después de que la muerte de Francisco Franco en 1975 marcase casi el final de años sangrientos y daños, en plena transición, cuando la Policía Armada (bajo el mandato de Manuel Fraga) segó las vidas de los cinco trabajadores y dejó cientos de heridos en la iglesia de San Francisco de la capital vasca. Un crimen que nunca se juzgó. 

Voces inolvidables

El pasado hay que recordarlo porque lo que no se nombra deja de existir. Por eso, Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral permanecen en la memoria de Euskadi. Se cumplen 50 años desde su asesinato y adquieren este 3 de marzo más fuerza que nunca, en un contexto en el que la extrema derecha está, de nuevo, en auge

Euskadi siempre fue y sigue siendo referente en la lucha obrera y uno de los lugares del España donde más trabajadores se concentran para reinvindicar sus derechos. Algo que no gustaba a la oposición. Es por ello por lo que la represión continuaba después de la muerte de Franco. 

Un 3 de marzo del 76, miles de trabajadores se reunieron en una asamblea en la iglesia de San Francisco del barrio vitoriano de Zaramaga, quienes buscaban alcanzar el centro para manifestarse.

Sin embargo, bajo el mando del exministro responsable de las fuerzas del orden, Manuel Fraga, había que sacar a los trabajadores, incluso si ello implicaba asesinarlos. Así, la Policía enviada por el exministro tomó la zona. Empezaron a disparar desde botes de humo hasta pelotas. 

Los rostros de los asesinados, en orden: Pedro María Martínez, Francisco Aznar Clemente, José Castillo, Bienvenido Pereda y Romualdo Barroso.

Los rostros de los asesinados, en orden: Pedro María Martínez, Francisco Aznar Clemente, José Castillo, Bienvenido Pereda y Romualdo Barroso. Asociación Memoria Histórica Distrito de Latina vía X

El papel de la Iglesia en la transición fue importante, ya que se posicionaban a favor de la clase obrera. Pero la Policía entró en el templo para desalojarlo igualmente disparando y lanzando gas, como relata Andoni Txasco, portavoz de Martxoak 3 Elkartea, para La Sexta en su artículo Vitoria 1976, cuando el franquismo mató después de muerto y dejó a la Transición manchada de sangre. 

Cinco asesinatos y decenas de heridos como resultado y un crimen que no ha sido juzgado debido a la Ley de Amnistía de 1977, que favoreció que estos crímenes prescribieran. 

Los asesinados

Estos fueron los asesinados el 3 de marzo de 1976:

  • Pedro María Martínez Ocio trabajaba para la empresa Forjas Alavesas, compañía que estaba en huelga desde el 9 de enero, y tenía 27 años cuando acabaron con su vida. Fue el primero en morir, ya que, mientras huía de la Policía, le disparfaron en la espalda cerca de la quinta costilla, como registra su autopsia. Cayó asesinado en la plaza del 3 de marzo, próxima al número 7 de Reyes de Navarra. 
  • Francisco Aznar Clemente no era mayor de edad cuando acabaron con su vida. Natural de Asturias y trabajador de Panificadora Vitoriana, tenía 17 años y se mudó a la capital cuando era bien joven. Lo encontraron muerto muy cerca de la iglesia por un balazo. 
  • José Castillo, originario de Salamanca, trabajaba para Basa y tenía 32 años. Cuando irrumpió la Policía, este estaba con Bienvenido Pereza y a ambos les atravesó la misma bala. Tal y como señaló la prensa diaria en aquel entonces, este no participó en ninguna manifestación, tan solo se acercó desde su hogar. Cuando le atravesó la bala, permaneció unos días con vida en el hospital, pero murió posteriormente. 
  • Romualdo Barroso Chaparro tenía 19 años y trabajaba para Agrator, compañía de maquinaria agrícola. Natural de Extremadura, el joven huyó por una de las ventanas de la iglesia cuando la policía apareció, pero le dispararon en la cabeza. Pese a que llegó vivo al hospital, no tardó en morir. 
  • Bienvenido Pereda Moral era natural de Burgos, tenía 32 años y trabajaba para Grupos Diferenciales. En el momento en el que lo asesinaron se hallaba con José Castillo. Permaneció con vida en el hospital unos días con neumonía en un pulmón y septicemia, pero murió posteriormente.