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Esta es otra de esas historias que vinculan a la industria de defensa vasca con el Pentágono, la CIA y el espionaje internacional en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Un documento desclasificado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el año 2008 recoge una carta enviada por la empresa vizcaína Indumetal, con sede en Asua (Bilbao), a Washington para corroborar la vinculación real o ficticia de una empresa catalana que se presentaba ante la industria como parte del Defense Investigative Service de Estados Unidos, una agencia del Departamento de Defensa (Pentágono).

Un documento desclasificado por la CIA revela que Indumetal alertó a Washington sobre que una firma radicada en Barcelona dedicada a servicios de seguridad utilizaba presuntamente el nombre y la reputación de un organismo federal de Estados Unidos para captar clientes.

La correspondencia, fechada en mayo y junio de 1984, muestra cómo el responsable de seguridad de Indumetal, Luis M. Irasarri, escribió al Defense Investigative Service (DIS), una agencia federal estadounidense encargada de investigaciones de seguridad para el Departamento de Defensa, para verificar la autenticidad de una empresa denominada también "Defense Investigative Service", con dirección en Barcelona.

La carta fue remitida desde Vizcaya el 10 de mayo de 1984. La compañía catalana se había presentado ante Indumetal ofreciendo servicios de sistemas de alarma, protección personal y contraespionaje industrial. La preocupación de la firma vasca surgió porque la empresa aseguraba estar afiliada al Defense Investigative Service de Washington y porque su director, identificado como Ramón Sanahuja, afirmaba ser un oficial retirado del Ejército de Estados Unidos.

"En cuestiones de seguridad tenemos la costumbre de verificar todas las referencias", explicaba Irasarri en su comunicación, en la que solicitaba a las autoridades estadounidenses que confirmaran si existía alguna relación empresarial entre ambas entidades.

La respuesta no tardó en llegar. El director del Defense Investigative Service, Thomas J. O’Brien, remitió el caso al entonces director de la CIA, William J. Casey, en una carta fechada el 8 de junio de 1984. En ella explicaba que su organismo ya había contestado a la consulta de Indumetal y había aclarado que, como agencia federal, no mantenía ninguna afiliación empresarial con compañías privadas.

O’Brien señalaba además que trasladaba la documentación a la CIA "para su información y las acciones que pudieran considerarse apropiadas", lo que evidencia que el asunto despertó interés en los círculos de inteligencia estadounidenses.

Espionaje económico

Los documentos conservan incluso la carta original de Indumetal y una referencia a material corporativo utilizado por la empresa barcelonesa para respaldar sus afirmaciones. Sin embargo, la documentación desclasificada no aclara si posteriormente se abrió alguna investigación formal sobre las actividades de la firma española ni cuáles fueron las conclusiones de las autoridades estadounidenses.

El episodio refleja el clima de preocupación por la seguridad industrial y el espionaje económico que caracterizó la década de los ochenta, cuando numerosas empresas occidentales reforzaban sus protocolos de protección en un contexto marcado por la competencia tecnológica y las tensiones internacionales.

Más de cuatro décadas después, los archivos desclasificados muestran cómo una simple comprobación realizada desde una empresa de Bizkaia terminó llegando a los despachos de la CIA en Washington, dejando constancia documental de un episodio poco conocido en las relaciones entre el sector empresarial español y los organismos de seguridad estadounidenses.