Fernando Grande-Marlaska, el único ministro vasco del Gobierno, atraviesa probablemente una de las semanas más complicadas desde que llegó al Ministerio del Interior, en 2018, con el primer Consejo de Ministros de Pedro Sánchez. Marlaska, exjuez de la lucha antiterrorista y responsable de operativos como el del chivatazo en el el bar Faisán, en Irún, es el ministro del Interior más longevo de la Democracia. Pero su capacidad de resistencia se encuentra al límite por errores propios y ajenos.
Marlaska acumula frentes. Su enfrentamiento soterrado con la ministra de Defensa, Margarita Robles, y las distintas versiones que ambos Ministerios dieron en sede parlamentaria sobre los avisos del CNI al Gobierno previos al asalto de Ceuta. La falta de control interno de Marlaska sobre su propio Ministerio y el desconocimiento del informe remitido por la Policía a la jueza Tardón, que investiga la entrada masiva en Ceuta. Y, ahora, en su momento de mayor debilidad política: la filtración a El Confidencial de la existencia de un dosier elaborado por Interior sobre tertulianos de radio y tele con sus alineaciones ideológicas, con su supuesta orientación ideológica y su grado de afinidad o crítica hacia el Gobierno. A Marlaska le crecen los enanos, dentro y fuera del Gobierno. Dentro y fuera de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Y a esta lista de frentes, se suman las amenazas judiciales. Como le advirtió, recientemente, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, desde la tribuna del Congreso: “Hablamos de un ataque a la integridad territorial de la nación y no se va a quedar ahí. Ustedes lo saben. Es obvio que ya actúan por consejo de sus abogados, ¿verdad, señor Marlaska?
La supuesta “lista negra” de periodistas, elaborada por su gabinete de Comunicación y que incluye también a tertulianos afines al PSOE, ha sido la puntilla para un ministro que se ha visto obligado a pedir disculpas en la sesión de control parlamentario de esta semana. Marlaska insistió en que ese dossier no perseguía fines espurios y que su objetivo era conocer mejor el ecosistema mediático relacionado con la actividad del ministerio. Pero hasta el portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, ha expresado públicamente su desacuerdo con estos informes.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska
Crisis de Ceuta
El ministro vasco de Pedro Sánchez se encuentra sometido a una presión política inédita. Las comparecencias celebradas en el Congreso a finales de agosto, tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta, dejaron un dato políticamente significativo: tanto EH Bildu como el PNV expresaron dudas y reproches a su actuación como responsable de la seguridad del Estado.
El ataque más directo llegó desde EH Bildu. Jon Iñarritu reprochó a Marlaska la tardanza en comparecer ante la Cámara para explicar una crisis que calificó como “la mayor tragedia ocurrida en una frontera española y europea”.
Iñarritu cuestionó la falta de explicaciones sobre los avisos previos que pudo recibir el Ministerio del Interior y preguntó directamente: “¿No les informaron de nada? ¿Cuáles eran los análisis y las previsiones de lo que podía ocurrir? Porque algo falló, no sé por parte de quién”.
Iñarritu también puso en cuestión una de las principales líneas de defensa de Marlaska: la colaboración de Marruecos. “Me sorprende que desde el Gobierno hayan sido incapaces de ponerse de acuerdo entre los diferentes ministerios para tener un relato de lo sucedido en torno a los avisos”, afirmó, para añadir a continuación que “el único hecho en el que se han puesto ustedes de acuerdo en el argumentario haya sido defender a Marruecos”.
“Me da la sensación de que han dejado pudrir la situación para que muchas de esas personas se fueran de manera voluntaria”, denunció Iñarritu, acusando al Ejecutivo de haber provocado “una situación de tensionamiento, de insalubridad, de indignidad, de inseguridad” tanto para los migrantes como para los vecinos de Ceuta.
El PNV tampoco ocultó sus reservas. El diputado Mikel Legarda describió la crisis de Ceuta como un auténtico “parteaguas” en la percepción ciudadana sobre Marruecos y sobre la política migratoria española.
El diputado jeltzale denunció que el Gobierno seguía “enrocado” en una explicación que no compartía buena parte de la Cámara. “Me da la sensación de que estamos todos dando vueltas, cada uno a su rotonda, y el Gobierno enrocado en tratar todo lo sucedido en Ceuta como un salto convencional” afirmó. Frente a esa visión oficial, sostuvo que “buena parte del resto de la Cámara, incluso de medios de comunicación, incluso de la sociedad, están percibiendo que aquí hay un salto cualitativo de las cosas”.
