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Euskadi se encuentra rodeada de hermosos pueblos repletos de un verde natural impactante. Buena parte de estas localidades conservan un encanto mágico y una arquitectura tradicional muy bien cuidada, así como edificios centenarios y un gran vínculo con el entorno. 

Asimismo, son un remanso de paz con vistas a los montes y valles sorprendentes. Estas características los convierten en rincones perfectos para aquellos que buscan calidad de vida y residir en un entorno natural. Es Oñati, en Gipuzkoa, precisamente, el pueblo ideal para vivir en la montaña, según ChatGPT. 

Un pueblo de cuento

Ubicado en la provincia guipuzcoana, a una hora de San Sebastián, bajo el monte Aloña y parecido a Suiza, Oñati u Oñate es una de las localidades más atractivas del territorio vasco y el lugar ideal en el que quedarse a vivir.

El pueblo se halla repleto de montañas y de una belleza impactante, por lo que es uno de los enclaves favoritos de los vascos y de los mejores del mundo, como destaca la Organización Mundial del Turismo (OMT).

De 54 pueblos de distintas partes del mundo seleccionados, uno fue el vasco, que sobresale por su calidad. Asimismo, Oñate figuraba hace unos años en el listado de Mejores Pueblos Turísticos de 2023 de la organización.

Una lista que destaca los rincones que cautivan a los turistas por su cuidado de las zonas rurales y la preservación de paisajes, los valores locales, las tradiciones culinarias y la diversidad cultural.

Oñate es la villa "más monumental" de Gipuzkoa, como señala la web de Turismo Euskadi en su artículo Oñati. Este coqueto rincón de ensueño alberga 16 barrios y un casco antiguo que sobresale por sus pendientes abruptas que lo envuelven y sus "notables edificios", como iglesias o palacios de gran valor.

Una de sus mayores joyas de la arquitectura civil del renacimiento vasco es su universidad Sancti Spiritus del siglo XVI, ubicada en uno de los accesos principales de Oñati. Fue un proyecto del obispo Rodrigo Mercado de Zuazola, quien le dio una fachada elegante y señorial. "En su interior, destacan el claustro y el retablo plateresco de la capilla, tallado por el escultor francés Pierres Picart", expresa la web.

Entre otros indispensables de este rincón vasco destacan la iglesia parroquial de San Miguel, con "una mezcla de gótico, barroco y neoclásico", el monasterio de Bidaurreta, la Plaza de los Fueros y la Plaza de Santa Marina, protegida por los palacios de Antia, Madinabeitia y Baruekua.

Sin embargo, estos, por muy atractivos que resulten, no son los más visitados o llamativos, como lo son el Santuario de Arantzazu y Parque Natural de Aizkorri-Aratz. El barrio de Arantzazu se ubica lejos del núcleo urbano, justo debajo del Parque Natural de Aizkorri-Aratz, y es en este donde se puede disfrutar del santuario más popular que homenajea a la virgen que vio un pastorcillo en el siglo XV.

"La basílica de Arantzazu, levantada en los años 50 sobre un precipicio, es un impresionante conjunto de arte de vanguardia, pues en su construcción participaron artistas de la talla de Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Nestor Basterretxea y Lucio Muñoz", apunta.