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Uno, dos, tres… ¿Cuántos edificios singulares hay en Bilbao? ¿Cuántos, pese a serlo, pasan desapercibidos? ¿Cuántos llevan la rúbrica de prestigiosos arquitectos?

A la "colección" de edificios que durante más de un siglo venían poniendo elegancia en las calles, otros se sumaron a finales del pasado de la mano de arquitectos a los que se les atribuye la transformación de la ciudad. Un lavado de cara, una nueva imagen que ha contribuido a que Bilbao ocupe el primer peldaño del pódium de ciudades del mundo con más edificios diseñados por arquitectos galardonados con el Premio Pritzker.

Antes de que la imagen del Guggenheim se convirtiera en la identificación de la capital bilbaína, de que el Puente de Zubizuri uniera las dos márgenes de la ría, de que la Torre de Iberdrola fuera el faro de una ciudad, de que en 1980 se trasladara el puerto hacia el Abra Exterior o de que el Palacio de Euskalduna ocupara el espacio de los antiguos astilleros, Bilbao tenía joyas arquitectónicas de todo tipo.

Un ejemplo son las coloridas casas de Irala, que de ser edificios construidos hace más de un siglo para trabajadores de la desaparecida Harino Panadera han pasado a ser denominadas la Notting Hill de Bilbao y a ocupar páginas y portadas de revistas de viajes en todo el mundo. Un barrio humilde que creció entre masa madre, madrugones, caras empolvadas de harina, olor a levadura y pan crujiente es hoy envidiado por disponer de propiedades con pequeños jardines a solo un paso del centro de la ciudad. Irala ha logrado mantener su personalidad, conservar esas viviendas de aspecto inglés y preservar buena parte de la maquinaria del edificio de molienda de Harino Panadera que fue declarado Conjunto Monumental en 2005.

Harino Panadera llegó a tener más de un millar de empleados, muchos de ellos ocuparon estas casas A. Viri

Pese a su gran tamaño, si no se eleva la mirada, el rugido amenazante del tigre sobre el edificio situado en la Ribera Vieja de Deusto puede pasar desapercibido. El edificio diseñado por Pedro Izpizua en 1940 fue coronado dos años más tarde por Joaquín Lucarini, quien instaló en la cima un gran tigre de hormigón de modo que no se albergara duda alguna de que la construcción pertenecía a la empresa Correas El Tigre. El animal, al igual que el edificio ahora transformado en viviendas privadas, fue sometido a principios de este siglo a una remodelación una vez que fuera evidente que la fiera no tenía arrugas, sino importantes grietas en su cuerpo.

El cercano Puente de Deusto, cuyas alas basculantes permanecen inmóviles desde hace treinta años, solo activa su secular mecanismo de manera excepcional. Los menos jóvenes recuerdan con nostalgia el sonido que advertía de la inmediata elevación de sus hojas, algo que en la época más activa podía ocurrir varias veces al día y obligaba a peatones y conductores a esperar pacientemente el descenso de las cartolas para reiniciar la marcha. El desarrollo de esta operación se disfrutaba a la perfección desde las Casas de La Cava, dos palacetes gemelos pertenecientes a familias de la alta burguesía de mediados del siglo XIX.

Una de ellas, propiedad de Rafaela de Ibarra, beatificada por Juan Pablo II a finales del pasado siglo, y de su marido, un industrial catalán con quien tuvo siete hijos y al que pidió consentimiento para fundar la congregación de los Ángeles Custodios que, a día de hoy, pervive en el número 19 de la calle Zabalbide. Fue Rafaela Ibarra quien cedió a los jesuitas terrenos cercanos a su vivienda para que en 1886 se construyera la Universidad de Deusto, la universidad privada más antigua de España y, entonces, el edificio más grande de Bilbao junto con la Casa de la Misericordia.

Icónica fachada bicolor que se debe al uso de ladrillo caravista y piedra arenisca para su construcción Lontzo Sainz

Hay que tomar un tren o subir hasta el andén de la estación del Norte, desde hace años renombrada como Indalecio Prieto, para admirar sus vidrieras policromadas de más de trescientas piezas en las que se recoge la historia y la vida de la villa. En ellas hay referencias al Puente San Antón, la Basílica de Begoña, a la industria, la pesca o deportes vascos. La estación sucumbió a las inundaciones de 1983 que afectaron a varios edificios de Bilbao y a muchos de sus habitantes. De esa manera fue como, para su rehabilitación, llegaron a la estación esculturas de Ibarrola y nuevas vidrieras.

Las enormes vidrieras de quince metros de largo por diez de alto son las responsables de que para muchos esta sea la estación más bonita de España. Se construyó sobre otra existente con anterioridad Patrimonio Industrial Vasco

La de la Robla, conocida también como estación de FEVE, estación de Santander o de La Concordia, es otra de las fachadas más reconocibles en Bilbao, que llegó a tener media docena de estaciones de ferrocarril. El edificio modernista con fachada de la Belle Époque terminó de construirse a principios del pasado siglo y desde principios de este es cabecera del Transcantábrico, el tren más exclusivo de España que recorre sin prisa la distancia entre San Sebastián y Santiago de Compostela.

Muy cerca están la Sociedad Bilbaína y el Teatro Arriaga. Del primero diremos que el edificio que ocupa actualmente es de 1913 y que esconde, entre otros tesoros envueltos de olor a añejo, una increíble biblioteca. No siempre ha estado en la calle Navarra, pero siempre ha sido un lugar de carácter exclusivo con mobiliario de estilo inglés y numerosas obras de arte. Del segundo, dedicado al compositor Juan Crisóstomo Arriaga, que es la casa en la que el arte se crece. Inaugurado a finales del siglo XIX, es un superviviente del fuego y el agua. Las llamas le lamieron en 1914 y en 1983, las inundaciones dejaron nuevas cicatrices. La reforma prevista para este año incluye la renovación de la iluminación exterior.

Las mejores compañías de teatro hacían parada en el Arriaga, que, tras pasar por distintas manos, en 1978 recaló en el consistorio bilbaíno para hacerse cargo de las imprescindibles reparaciones y rescatarlo del olvido en el que se sumía Teatro Arriaga

La Alhóndiga perdió el olor a vino al tiempo que languidecían los boteros que trabajaban en las inmediaciones del almacén de vino, aceites y licores. La implacable condena al olvido al que parecía abocado el edificio diseñado a principios del pasado siglo por Ricardo Bastida se revirtió con el aterrizaje del diseñador Philippe Starck, quien dejó en el atrio claros signos de su excentricidad. Allí, en el llamado Atrio de las culturas, campan a sus anchas decenas de eclécticas columnas sin "parentesco" entre sí, pero que sirven para "sujetar" una piscina de fondo transparente, un gimnasio o una biblioteca. Esa creatividad desplegada en el Edificio Azkuna, nombre que ha sustituido a Alhóndiga, ha hecho olvidar los años tristes en los que el abandono y hasta algún incendio era el ocupante de un precioso espacio en el centro de la ciudad.

Un incendio y los cambios de hábitos hicieron que a finales de los setenta la Alhóndiga cesase su actividad. Hoy el edificio, que ha respetado el exterior, alberga espectáculos y no vino en su interior Azkuna Zentroa

Plazas como la de Moyúa, rodeada de edificios como el Hotel Carlton, que este año cumple un siglo, el Palacio Chávarri, construido en 1894 y desde 1943 sede de la subdelegación del gobierno, los edificios de hacienda estatal y de La Aurora, ambos levantados en torno a las mismas fechas, son otros imprescindibles.

La Plaza fue diseñada en 1940 por José Luis Salinas y remodelada a finales de siglo por su hijo. La fuente fue desmontada y custodiada durante los tres años que duraron los trabajos de restauración llevados a cabo ante la llegada del metro. Norman Foster diseñó los "fosteritos" que abocan en la plaza. En una de las calles que la atraviesan, Alameda Recalde, se encuentra la peculiar Casa Montero, conocida como casa Gaudí, aunque el catalán no fuera su arquitecto José Félix Toscano

¿Y quién ha paseado por Bilbao sin prestar atención al edificio del Ayuntamiento, al Mercado de la Ribera, al edificio Sota o al Palacio del John? ¿Alguien ha pasado de largo ante la iglesia y el puente de San Antón? ¿Hay alguien que ignore que el edificio más antiguo que se conserva de la villa es el Palacio Arana y la fuente con más solera es la del Perro? Todos los que están son, pero no están todos los que son. Hay muchos Bilbao para poder concentrarlos solo en uno. Te invito a descubrirlo.