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No hace falta irse muy lejos para disfrutar en Semana Santa de auténticas joyas que guarda Euskadi, como el Palacio de Miramar, en San Sebastián. Una llamativa construcción aristocrática delante de la bahía de La Concha que se hizo con el corazón del rey Juan Carlos I y que hoy constituye uno de los puntos de interés favoritos de muchos, pues se erige notablemente en pleno paseo frente al mar.

De inspiración británica, este coqueto palacio transporta al turista al siglo XIX, cuando la exreina regente María Cristina mandó construirlo para que la capital guipuzcoana adquiriera fama y amor en verano.

Una delicia frente al mar

La reina María Cristina de Austria mandó construir este hermoso rincón donde existía una ermita que se trasladó después de "barajar" el Monte Urgull o Aiete. Diseñado por el arquitecto inglés Selden Womun y erigido por José Goikoa, el palacio recuerda a las casas de campo de "la nobleza inglesa".

Hoy esta hermosidad de la villa, que se halla en una finca de 34.136 metros cuadrados que delimita con los paseos de Pío Baroja, Miraconcha y Los Miqueletes, es parte del barrio del Antiguo. Sin embargo, antes lo poseía Alfonso XIII, pero la Segunda República lo usó como residencia veraniega presidencial, según señala la web oficial de San Sebastián Turismo. Durante el franquismo, volvió a ser propiedad de los Borbones y en los años 50 se volvió un colegio en el que estudió el rey Juan Carlos I.

En la década de los 70, el ayuntamiento lo adquirió finalmente y se ha vuelto la sede de los Cursos Universitarios de Verano de la Universidad del País Vasco y ha sido el escenario ideal para celebrar eventos y de los conciertos de la Quincena Musical.

Lo que más destaca del Palacio de Miramar, sin duda, son los amplios y extensos jardines de verde intenso decorados con "centros de flores y pequeños árboles y con un fondo de ensueño, la impresionante Bahía de La Concha".

Los amantes de la naturaleza y de la tranquilidad podrán disfrutar de este jardín tumbándose en él o caminando por el tramo que rodea los jardines y el palacio. Se trata de un agradable paseo con bancos desde donde se puede contemplar "una de las mejores vistas de la ciudad o sentarte a leer tranquilamente".

Estos jardines concluyen en una rocosa colina, conocida como el Pico del Loro (aunque su nombre verdadero es Pico de Loretopea), que divide la playa de La Concha y la de Ondarreta. "Cuando la marea está baja, se puede descender hasta la arena y cruzar de una playa a otra por la orilla", apunta la web. Un lugar que deriva de la ermita dedicada a la Virgen de Loreto, que estuvo en el sitio hasta el año 1876 y "fue trasladada al barrio del Antiguo para construir el palacio".