Euskadi guarda rincones absolutamente impresionantes en las costas y en el interior de su territorio. Entre estos, se hallan decenas de pueblos coquetos que sobresalen por su patrimono histórico, paisajes naturales y una gastronomía de gran reconocimiento a nivel internacional.
Enclaves ideales que invitan a descubrir la autenticidad vasca y esencia en cualquier época del año. Muchos de estos son el resultado de una fusión derivada de la tradición, la cultura y la naturaleza, y son capaces de ofrecer planes para todos los gustos.
Desde rutas de senderismo hasta paseos por cascos históricos o visitas a lugares de gran valor, como sucede en el caso de Labraza, en Álava.
Un rincón ideal en pleno corazón de Euskadi
Envuelta en muros de piedra y acompañada de torres en perfecto estado, Labraza brilla por sus calles pocos saturadas que trasladas a los curiosos a unos tiempos marcados por la vid y el cereal.
Hoy, este enclave es uno de los mejores conservados del mundo y es por ello por lo que consiguió el premio en el año 2008. Tal y como explica Álava Turismo, de la Diputación Foral de Álava, el Consejo Ejecutivo del Círculo Internacional de Ciudades Amuralladas concede este premio cada tres años a los proyectos innovadores en gestión, conservación y restauración de estas construcciones históricas, por lo que decidió premiar el plan de conservación de la muralla, gestionada por la diputación.
"El asentamiento de la población y la propia estructura de su complejo defensivo la hacen una de las poblaciones de más recio aire militar de la zona", subraya.
Una coqueta y diminuta localidad del concejo de Oyón de tan solo 90 habitantes, según apunta el Instituto Nacional de Estadística (INE), cuya popularidad deriva de la personalidad política por razones militares y estratégicas.
En la actualidad, este maravilloso enclave se estructura en tres estrechas calles con pasadizos, plazas y casas reformadas que son del siglo XVI y de estilo renacentista.
Algunas guardan bodegas en el subsuelo y, de hecho, algunas de las construcciones son cubos de la antigua muralla que han sido reutilizados por su fábrica de piedra.
Algunos creen que este pueblo sirvió de inspiración para el escritor Pío Baroja en su novela El mayorazgo de Labraz. Sea como sea, esta hermosa joya medieval merece una gran visita gracias a sus pilares, los arroyos de Labraza y Valdevarón, y por sus alucinantes vistas panorámicas sobre la cuenca del Ebro. También por sus cuatro torreones, el alcázar, saeteras, los pasadizos o los túneles secretos, entre otros.
De los siglos XIV y XV todavía se conservan la Fuente del Moro y la iglesia de San Miguel, protegida por los muros góticos. Para los más curiosos, muy cerca de Labraza se encuentra el Pinar de Dueñas, un bosque de pino que cautiva a todos.
