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Para visitar o descubrir sitios de postal no hace falta salirse de Euskadi. El territorio vasco lo tiene todo: desde sus pintorescos pueblos medievales hasta pueblos costeros frente al Cantábrico y rodeados de una naturaleza y acantilados impresionantes.

Uno de estos últimos es el de Barrika, una joya vizcaína no tan conocida y cuna del golfista vasco más famoso de todo el mundo, Jon Rahm. Este coqueto enclave, envuelto de espectaculares acantilados y naturaleza salvaje, se presenta como un refugio tranquilo frente al mar y ofrece algunas de las mejores vistas del litoral vasco.

Barrika, el refugio de Rahm

Ubicado en la costa vizcaína y en la comarca de Uribe, este pueblo se encuentra protegido, como explica el portal oficial de Turismo Euskadi, por "diversos" acantilados que forman un hermoso paisaje.

El turista se presenta ante un pueblo no tan conocido frenta a los típicos Bermeo, Lekeitio o Mundaka. Sin embargo, Barrika nunca ha dejado a nadie indiferente, incluyendo a Rahm.

Uno puede empezar su recorrido por su hermosa playa, perfecta para los largos y tranquilos recorridos. Este arenal de 600 metros de longitud cautiva los corazones y vista de todos los turistas gracias a encontrarse envuelta en acantilados sorprendentes.

Se compone de arena y piedras y son unas escaleras las que permiten acceder a este hermoso lugar frecuentado por los surfistas, pues su fondo de arena y rocas producen olas de calidad media, destacando su izquierda larga y maniobrable, y los enamorados del nudismo. Una playa, en definitiva, para disfrutar de la tranquilidad, ya que se encuentra escondida y desaparece con la marea.

Cerca de esta, sobresale, además, la ría de Butrón, "puesto que cruza el municipio desde el barrio de Ardanza hasta la desembocadura en el mar Cantábrico".

"Multitud de aficionados acuden a pescar, y a su vez, se pueden practicar deportes acuáticos", añade el portal. Más allá de su belleza natural, los amantes de la historia y arqueología podrán descubrir llamativos yacimientos arqueológicos en los alrededores del monte Kurtzio, por lo que uno se topará con restos pertenecientes a épocas anteriores. Así como auténticos caseríos vascos que recuerdan su origen y la identidad.