Acceder a una vivienda en la ciudad cada vez es más complejo por la falta de oferta. Sin embargo, el mundo rural tiene varias opciones que pueden convertirse en la opción perfecta para los que buscan tranquilidad, naturaleza y calidad de vida.
En Euskadi, es común buscar caseríos donde poder vivir en un entorno natural. Para ello, hay que tener en el radar diferentes portales web desde Idealista hasta Aldeas Abandonadas, donde tienen publicadas varias ofertas.
A menos de 20 kilómetros de Bilbao se sitúa este caserío espectacular a la venta, una vivienda con gran carácter tradicional que ofrece cubrir las necesidades con gran amplitud, zona verde y belleza del entorno.
La casa cuenta con una superficie aproximada de 196 m2 construidos, distribuidos en dos plantas rehabilitadas.
En su interior dispone de cuatro dormitorios, dos cuartos de baño, salones y una cocina equipada, por lo que ofrece una distribución muy funcional tanto si tu idea es destinarla a tu primera vivienda como a tu segunda residencia.
Está lista para entrar a vivir. Además cuenta con calefacción y buenos accesos y una finca de 1.000 metros cuadrados que es una gran zona verde. Tan solo necesitará realizar los cambios que estimes oportunos para darle tu toque y gusto personal.
Su ubicación es ideal, a 5 kilómetros de la playa. Está en una zona rural tranquila, pero a pocos minutos de la ciudad, por lo que cuenta con todos los servicios a un paso sin necesidad de vivir con el estrés y el ruido de los entornos urbanos.
Caserío en venta / Aldeas Abandonadas
Actualmente tiene un precio de 420.000 euros, pero según se indica en el anuncio de Aldeas Abandonadas el coste es negociable.
El origen de los caseríos
Los caseríos son construcciones tradicionales, conocidas en euskera como baserriak, son una parte esencial del paisaje rural vasco y representan una de las manifestaciones más auténticas de la cultura y la historia de esta región.
El origen de los caseríos se remonta a los siglos XII y XIII, cuando comenzaron a surgir como respuesta a la necesidad de establecer núcleos familiares estables en zonas rurales.
Estos caseríos se convirtieron en el epicentro de la actividad económica de las familias campesinas, que vivían de la tierra y del ganado.
En cambio, el caserío tal y como lo conocemos hoy «solo tiene 500 años». Con anterioridad, obviamente hubo casas de labradores, pero Santana sostiene que «si las viéramos hoy, no las denominaríamos caseríos».
