Hace 25 años, Ermua vivía sus días más difíciles y angustiosos. El 10 de julio de 1997, ETA secuestraba al concejal del PP Miguel Ángel Blanco para tres días después asesinarlo, dejando un pueblo y un país destrozado y llorando su muerte tras jornadas intensas pidiendo a los terroristas su liberación. El epicentro de todo fue Ermua, un pueblo de Bizkaia que ahora tiene algo más de 15.000 habitantes. Unos vecinos que aquel julio de 1997 se echaron a la calle con todo a pedir a ETA a gritos que le devolvieran a Miguel Ángel. 

25 años después la imagen es muy diferente en este municipio. Un homenaje frío, institucional, sin la gente que fue la que hace un cuarto de siglo dio el paso y cambio de color las calles. Un evento hecho por y para la política, con la prensa estabulada en una zona apartada, y que si se aleja no puede volver a acercarse, y con la ciudadanía que hace 25 años ofreció su nuca a ETA separada por una villa lejana y obligada a seguir el acto a través de una pantalla en una plaza a unos 20 metros del polideportivo municipal que hoy tiene el nombre del concejal asesinado. 

Un homenaje a través de una pantalla

Arrancan los discursos y poco más de 50 personas están atentos a esa pantalla. Hay quien lo sigue con atención pero también hay quien no sabe lo que está pasando hoy en el pueblo ni por qué hay tanto control judicial. A medida va pasando el acto, la plaza se va quedando más y más desangelada. En parte por la gente que huye en busca de una sobra por el calor que hace esta jornada, pero también hay quien opta por marcharse. Solo unos pocos aguardan hasta el final y aplauden con especial cariño a las palabras del rey Felipe VI

Entre quienes aguardan para verlo con más interés, los mayoritarios son los vecinos más veteranos de Ermua. Como un grupo de cuatro mujeres, ya abuelas, que al terminar el homenaje hablan entre lágrimas al recordar lo que vivieron hace 25 años. “Fue muy duro y lo recuerdas con mucha pena y tristeza. Ahí estábamos todos, en la puerta del ayuntamiento pidiendo su vuelta. Fueron horas interminables y cuando lo mataron estábamos todos en la plaza con las velas blancas”, cuentan estas vecinas de toda la vida. 

El nombre de Miguel Ángel se recuerda en las sobremesas de domingo

Sobre ese espíritu de Ermua que las nuevas generaciones no conocen, ellas aseguran que no se perderá nunca: “Siempre lo tienes ahí porque pasamos mucho y fue muy duro. Aquella imagen de su padre cuando le dan la noticia en el portal la recuerdo como si fuera ayer”. 

Recorriendo el pueblo, el nombre de Miguel Ángel resuena hoy y es el tema de sobremesa de algunas conversaciones de domingo en las terrazas. Se escuchan relatos desde la memoria: “Tenía 15 años y cuando dieron la noticia me acuerdo de ver romper a llorar a mi abuela”, “el funeral también fue impresionante, pero yo recuerdo ver a Arzalluz y tener ganas de vomitar, todo era politiqueo y lo sigue siendo”, “lo que le hicieron a ese pobre chaval fue muy cruel, y todo lo que siguieron haciendo, porque cuando ETA te dice que te iba a matar, te mata”.