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Pese a su humor, su alegría y su sonrisa, el conocido y querido cocinero Karlos Arguiñano no ha tenido una infancia agradable ni fácil. Desde sus inicios en la televisión hace décadas hasta la actualidad, el chef de 77 años de edad no ha dejado de ofrecer a su público de una manera amable y cercana su conocimiento gastronómico, consejos y sus chistes.

Recetas ideales que se elaboran de una manera sencilla, normalmente rápida y con ingredientes al alcance de todos. Sus programas se han vuelto un ritual para millones de espectadores. Sin embargo, pocos se preguntan cómo adquirió sus conocimientos en cocina.

La dura infancia de Arguiñano

Lo cierto es que el vasco no tuvo una infancia fácil, pues aprendió de niño a cocinar debido a la enfermedad de su madre, según confirmó para el programa de El Hormiguero de Pablo Motos.

En el caso de Arguiñano, la cocina no fue elegida desde la imposición, sino desde el amor hacia su madre. No le quedaba otra opción que empezar a cocinar a los 8 años para otros a causa de la polio de su madre.

"Yo empecé a cocinar con ocho años porque mi madre estaba impedida por culpa de la polio y yo era el hermano mayor de ocho hermanos", confesó para el programa. Tuvo que madurar desde bien pequeño: "Llegaba de la escuela y tenía que ayudar a mi madre a pasar la salsa de tomate, a limpiar los puerros, poner la mesa... Desde muy joven el cocinar y el poner la mesa ha sido una cosa muy natural".

Fue así como descubrió su pasión por la cocina hasta el punto de convertirse en uno de los chefs más queridos del Estado. Muestra de ello son sus más de 30 años en las pantallas y tras los fogones.

"Era un chaval muy movido y no aprobaba nada. De hecho, mi padre se creía que era tonto", expresaba. "Cuando llegaba con las notas, mi padre veía siete suspensos y cuando mi padre tenía que firmar me decía: 'eres bobo', y no me firmaba las notas".

Su padre esperaba dotes artísticas, quería que su hijo fuese arquitecto, hasta que la vida le llevó por otros caminos porque esta se complicó. "Mi padre quería que fuera arquitecto, con lo bien que se me da el pelar patatas", bromeaba con Pablo Motos. Aunque no haya ejercido de lo que su padre quería, sin duda, esta profesión le ha aportado los mejores momentos.