Siendo legítimo que cada sindicato otorgue al euskera el peso que considere en su lista de prioridades al negociar un convenio, la decisión estratégica de ELA de utilizar únicamente esta lengua en el desarrollo de las propias reuniones es un órdago que apunta a convertirse en un nuevo motivo de enfrentamiento en las relaciones laborales vascas.
La decisión es ya de salida un reto para el propio sindicato mayoritario, que cuenta en sus filas con amplias capas de afiliados y delegados que no dominan el euskera. La petición parece desde luego inabordable para otros sindicatos de raíz no nacionalista y habrá que ver si las organizaciones empresariales disponen en sus equipos de suficientes perfiles euskaldunes.
El euskera se ha convertido en motivo de disputa política y ahora el asunto traspasa a lo sindical y amenaza con agrietar aun más la negociación colectiva vasca. Será a partir de septiembre cuando se pueda comprobar sobre el terreno si el planteamiento de la central de Mitxel Lakuntza tiene recorrido.
