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Aitor Esteban es un político sensato. El presidente del PNV siempre se ha caracterizado por no alzar la voz con esas escenificaciones que otros utilizan demasiado a menudo. Pero tampoco está de más exigirle más contundencia en algunos casos.

A principios de semana, el líder jeltzale denunció las contradicciones de la Korrika. Sobre todo, apuntó a la falta de pluralidad en los elegidos para leer el mensaje final del evento y reclamó que el euskera se aleje de las polémicas como las que este año han rodeado la celebración.

Mensajes muy medidos que más parecen tirar la piedra y esconder el brazo. Porque, además, las palabras de Esteban contrastan con la imagen del mismísimo lehendakari, Imanol Pradales, participando en la carrera pese al veto a CCOO o la exhibición de rostros de terroristas.

Otras voces del PNV se han movido en la misma dirección: criticar determinadas cuestiones de la Korrika y pedir "una reflexión profunda" a los organizadores. Pero parecen críticas con la boca pequeña teniendo en cuenta la gravedad de algunas de las cosas que han pasado en esta edición.