Ciudad de manzanos es el significado de Medina de Pomar cuya población actual apenas sobrepasa los seis mil habitantes. Una cifra que se duplica durante el periodo estival, convirtiendo a la capital de las Merindades, en eje del Territorio obarenes
Te presentamos un destino en el que disfrutar y aprender: Territorio Obarenes y su apuesta por el turismo sostenible
Por su cercanía al País Vasco y su indudable atractivo, el territorio obarenes, que tiene en la comida otro de sus grandes recursos, es un destino perfecto para disfrutar de un día de escapada
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Sin saber tal vez a que territorio pertenecían, las poblaciones que componen el Territorio Obarenes son familiares y frecuentadas por los vascos que durante años veranearon allí llegando a adquirir muchos su segunda residencia.
Todo el país conoce Garoña, donde prosigue el desmantelamiento de la instalación nuclear que constituyó el motor económico de la zona y cuya desaparición, presumiblemente, ha ocasionado un descenso en la población en contraposición al impulso del turismo merced al enorme potencial de la zona.
Por su cercanía al País Vasco y su indudable atractivo, el territorio obarenes, que tiene en la comida otro de sus grandes recursos, es un destino perfecto para disfrutar de un día de escapada, de un largo puente o, siempre que se pueda, de unas largas vacaciones que compitan con las de nuestra infancia cuando se extendían de junio a setiembre y que, en tierras burgalesas, obligaban a introducir en la maleta bañador para el día y rebeca para los atardeceres.
Ahora, además, conviene añadir un par de botas de senderismo si la intención es recorrer alguna de las cinco vías ferratas con distintas dificultades; crema fotoprotectora si se opta por subirse en el embarcadero del Valle de Tobalina al barco solar y navegar por el embalse de Sobrón; prismáticos para el avistamiento de aves, o un casco si se decide por alguna de las cuatro rutas cicloturistas para las que, caso de no disponer de bicicleta propia puede reservarse en las oficinas de turismo de Frías, Oña, Pancorbo, Cubo de Bureba y Santa Gadea del Cid.
Construido a mediados del pasado siglo, el embalse de Sobrón está ubicado en una zona de gran riqueza natural que se aprecia durante los paseos en barco
La de Silanes es la última de las vías ferratas habilitadas en Territorio Obarenes
Antes de decidirse por la escalada en el Pancorbo hay que informarse de los periodos en los que puede no estar autorizada
Claro está, esos recorridos por los que no pasan los coches, también pueden caminarse con las botas de senderismo y disfrutar así del camino natural del Ebro o de rutas que comunican las veintitrés poblaciones entre sí.
Adentrarse en sendas permiten disfrutar de secuoyas, robles, alcornoques y árboles como los que pueblan los bosques de San Zadornil. En el trayecto se disfruta de fuentes ante las que parar para refrescarse, campas en las que descansar para tomar un bocadillo, miradores desde los que admirar paisajes y aves… aunque estas, es mejor hacerlo desde el mirador de aves de San Zadornil o de cualquiera de las otras cinco opciones disponibles en los montes del territorio.
Las mejores opciones en San Zadornil pasan por realizar alguna de las muchas rutas posibles que atraviesan parajes naturales y permiten admirar el rico patrimonio románico
Un destino que se ha reinventado entre las comarcas del norte de Burgos de Merindades y La Bureba. Lo ha hecho con una fuerza y determinación de la que es difícil rehuir porque plantea visitas para descubrir la basta naturaleza sin invadirla y recordar la historia para no olvidar su origen. Santa Gadea del Cid, uno de los veintitrés pueblos del territorio obarenes con una población que no llega a doscientos habitantes, es considerado uno de los pueblos mágicos de España.
Allí, entre ermitas, castillos, iglesias y monasterios-razones más que suficientes para una visita- se fabrica cerveza artesanal de curiosos sabores que es imprescindible probar durante la visita en la que tampoco se puede eludir acudir al restaurante del monasterio del Espino, cuyo huerto los monjes han convertido en campo de lavanda.
No es tan conocida la localidad de Santa María de Tejuela a unos siete kilómetros que pueden recorrerse caminando y así visitar su cementerio de época visigoda. En Oña, con más población, mismo interés cultural y una judería, puede visitarse el monasterio que hasta el siglo XVII destinó una de sus torres a prisión de los propios monjes.
Las calles y plazas de Santa Gadea del Cid, salpicadas de casas y palacios, conservan su original ambiente medieval
a representación del Cronicón de Oña se celebra en el altar mayor del monasterio de San Salvador, un espectáculo que cada verano atrae a miles de visitantes
El nombre de Félix Rodríguez de la Fuente siempre estará vinculado a Poza de la Sal, que conserva vestigios romanos y el inexpugnable Castillo de los Rojas.
La localidad tiene en las salinas que dieron origen a su nombre y comenzaron a ser abandonadas en el siglo XIX, uno de sus principales atractivos. Frías, la ciudad más pequeña de España según título otorgado en 1435 por el rey Juan II de Castilla, cruza las aguas del Ebro con su imponente puente medieval que junto con las casas colgadas sobre las aguas del Ebro son algunas de las muchas razones por las que ha sido incluida en la lista de los pueblos más bonitos de España.
Nueve arcos y hasta torre defensiva tiene este puente de casi ciento cincuenta metros de longitud y que fue restaurado durante la Edad Media, aunque los orígenes son romanos
En Valpuesta, cuna del castellano, y muy cerca ya de Álava, se debe visitar la Colegiata y el Palacio Zaldibar. En Berberana, entre Burgos, Alava y Bizkaia, no hay que perderse el salto del Nervión. Para columpiarse hay que ir hasta Santolices, donde un balancín de vértigo se asoma al Valle de Tobalina.
En Medina de Pomar los visitantes no saltan de oca en oca sino "de manzana en manzana", una ruta de doce pomas que esconde el casco histórico para guiarles por los puntos de interés, como el Alcázar de los Condestables de Castilla o el convento de Santa Clara. Pueblos pequeños con carácter que, a veces, llega impuesto por la propia geografía como le ocurre a Pancorbo con el vertiginoso desfiladero o a Tobera con sus cascadas que pueden admirarse en un sencillo recorrido de apenas un kilómetro.
Bosques de encinas, robles y hayas han sido compañeros naturales del agua que ha decidido dejarse caer sobre Delika y conformar la cascada más alta de la península
Veintitrés municipios distintos tamaños pero todos pequeños, que resulta inútil enumerar como la lista de los reyes godos porque el interés estriba no en mencionarlos sino en conocerlos, a sabiendas de que se trata de un destino que combina naturaleza, patrimonio y gastronomía.
Un destino de interés para adultos que buscan desconexión; deportistas que buscan retos y nuevas aventuras y niños que, por ejemplo, disfrutarán participando en la actividad de apicultura que lleva a cabo José Luis Lejonagoitia, un vasco alérgico a las abejas que está al frente del proyecto Miel de Frías o de una visita a la Majada de Barcina, a las afueras de Oña, una granja ecológica de oveja churra que remata con la cata o compra de un buen queso, porque queso, lechazo y morcilla son tan buenos compañeros en este viaje como lo son las ganas de disfrutarlo.
Si se desea que la escapada sea de varios días hay opciones de alojamiento disponible pero también se ha pensado en el aumento del turismo de autocaravanas para lo que han creado áreas en Medina de Pomar, Santa Gadea del Cid o Miraveche.