El precio de la red

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'El precio de la red' o el escándalo de Facebook

Aaron Sorkin escribe y dirige la inquietante continuación de La red social

Brad Pitt logra conmover en el drama de supervivencia que huele a Oscar

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La red social fue la mejor película de 2010 y, seguramente, de su década. Una película única que logró, como han logrado muy pocas en la historia del cine, reflejar el espíritu de un tiempo.

En ella se contaba cómo Mark Zuckelberg ideó Facebook, lo sacó adelante y se convirtió en multimillonario. La frase slogan de la película era elocuente y magnífica: “No llegas a tener 500 millones de amigos sin hacer algún enemigo”.

Y de eso va la película, de cómo un tipo asocial y moralmente raquítico, cambió para siempre la forma en que nos comunicamos en el siglo XXI.

No se sabía entonces, no lo sabíamos ninguno, que Facebook era sólo la puerta de entrada al mundo de las redes sociales que fagocitan de nuestra vida. Cada una a su manera. Facebook para los boomers. Sanapchat para los niños. Twitter para los motivados. Pinterest para buscar ideas. Instagram para el stalkeo y el postureo. Y así.

Nunca nos dijeron que fuera una herramienta simpática y naif, es cierto. Pero tampoco nos advirtieron de sus peligros. Y de eso va El precio de la red, secuela de La red social, que aborda los acontecimientos sucedidos 20 años después de la aparición de Facebook por las filtraciones de una de sus exingenieras, Frances Haugen, que sacó a la luz miles de documentos internos de la compañía que demostraron cómo su directiva primó el crecimiento, el beneficio económico y el enganche de los usuarios sobre la seguridad, la desinformación y el bienestar emocional de jóvenes y adolescentes a sabiendas, además, de que todo aquello podía desencadenar en actos de violencia política.

La particularidad del filme es que no es, como aquella, un drama biográfico, sino un thriller periodístico que nos recuerda a las grandes películas del género de la década de los 70 gracias a un oscurantismo magnífico.

En el guion, como en la película de 2010, vuelve a estar Aaron Sorkin que no sólo es uno de los mejores dialoguistas actuales -acuérdense de El ala oeste de la Casa Blanca- sino uno de mejores analistas sociopolíticos a través de sus guiones -acuérdense de El ala oeste de la Casa Blanca-. Ahora, además, se atreve con la dirección y, aunque no podemos negar que se nota la falta de Fincher detrás de la cámara, Sorkin sí logra darle a la cinta un ritmo endiablado y un aroma inquietante.

En esta ocasión, el espléndido y agitado Jesse Eisenberg no da vida al gigante de Facebook como en La red social y, aunque Jeremy Strong hace un buen trabajo metiéndose en la piel del despótico personaje, es innegable que echamos de menos al actor original. Junto a él están unos espléndidos Makey Madison (Anora) y Jeremy Allen White (The Bear) en sendos papeles de confidente y periodista que sostienen la narración con una soltura envidiable.

La película es un festival de ingenio y diálogos brillantes, trepidante en su montaje y subrayada con la magnífica banda sonora de Alexandre Desplat, que logra dejar la sensación en el espectador de que todos formamos parte de una espiral desquiciada de la que es imposible salir y que, como ya ocurriera en La red social, nos atrapa y repele por igual.

El precio de la red es una película profundamente moral, valiente, incisiva y sincera sobre lo poco que podemos hacer para combatir un mundo cuya deriva actual va cuesta abajo y sin frenos.