Este Primero de Mayo también será atípico. Se celebrarán manifestaciones, no como el año pasado, que estuvieron impedidas por el confinamiento, pero aún así, las marchas estarán marcadas por la pandemia, limitadas en asistencia por unas restricciones de movilidad fijadas por el Gobierno y avaladas por los juzgados. La foto sindical que nos ofrece este Día del Trabajo de 2021 tiene menos gente, pero, sin embargo, no cambia el fondo del paisaje, con unos sindicatos que se enfrentan de nuevo divididos ante los retos actuales del mercado de trabajo, algunos viejos, otros nuevos o al menos acelerados por la crisis que ha provocado la pandemia.  Ni siquiera la Covid -19  ha sido capaz de unir a las centrales sindicales, que vuelven a  manifestarse hoy en clara división, como en una foto fija que se repite todos los años cada Primero de Mayo.

Como es ya habitual sólo CCOO y UGT comparten pancarta en las tres capitales vascas, con sus líderes Loli García y Raúl Arza, respectivamente, en la marcha en Bilbao. ELA hace sus propias manifestaciones, capitaneado por Mitxel Lakuntza y LAB, con Garbiñe Aranburu,  convoca a sus afilados por separado.

El recorrido de las marchas diferenciadas y separadas marca de nuevo firmemente la línea que divide desde hace años a los sindicatos nacionalistas de los que no lo son, y que va más allá de la concepción meramente sindical para mezclarse de forma ya inseparable con la política, el apoyo al marco vasco de relaciones laborales o el soberanismo. Es cierto que no es exclusiva esta división del movimiento sindical. El conjunto de la sociedad vasca arrastra desde hace décadas esa misma brecha. Pero llevada al mercado de trabajo complica cada día la toma de decisiones, en empresas o en organismos laborales, que afectan directamente a la vida de los trabajadores.

Ahora se añade la fractura entre los sindicatos nacionalistas, ELA y LAB, que tras años acercándose y alejándose de forma cíclica, parecen tener ahora "diferencias irreconciliables", complicando cada vez unas relaciones normalizadas para las empresas e impidiendo los acuerdos incluso en las cuestiones en las puede decirse que comparten criterio, al margen de cuestiones puntuales, como la última huelga en el sector público vasco que convocaron de manera conjunta.

Por ejemplo, todos los sindicatos abogan en Euskadi por la derogación de la reforma laboral, pero será imposible verlos juntos pidiéndolo. De hecho, el último episodio de confrontación entre ELA y LAB  tiene como escenario la exigencia de la derogación de la reforma laboral. ELA marginó a LAB de su acuerdo con sindicatos nacionalistas de otras comunidades como Galicia o Cataluña para presionar conjuntamente al Gobierno frente a la derogación de la reforma desatando uno de los más duros enfrentamientos públicos entre ambos sindicatos.

Como telón de fondo están las diferencias políticas incluso entre los que comparten el soberanismo en su ideario. ELA acusa a LAB de estar supeditado a la deriva política de EH Bildu que, en este momento, se ha sumado a una estrategia en el Congreso de los Diputados abierta a suscribir acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez, incluido permitir que salieran adelante los Presupuestos Generales del Estado, y que en Navarra también sustenta con sus votos el Gobierno de la socialista María Chivite. Para Mitxel Lakuntza esto deja fuera a LAB de la política de confrontación con los Gobiernos, ya sea el vasco, el navarro o el central, Una estrategia de confontación y de contrapoder al Gobierno que ELA quiere liderar haciendo valer su condición de central mayoritaria en Euskadi y que ha llevado al sindicato a un enfrentamiento abierto con el Gobierno vasco y, especialmente con el lehendalari Iñigo Urkullu, al que acusan de no respetar las mayorías sindicales por mantener acuerdos con CCOO y UGT.

Boicot a los órganos laborales

Esta política de confrontación y de buscar diferenciarse de los sindicatos no nacionalistas ha llevado a ELA y también a LAB a abandonar todos los órganos laborales vascos en los que los agentes sociales se sientan con la patronal y el Gobierno. No están en la Mesa de Diálogo Social, una apuesta clara del Gobierno vasco de coalición PNV-PSE en esta legislatura, que pese estar llegando a acuerdos importantes, está irremediablemente coja por no contar con la mayoría sindical que luego tiene que trasladar esos acuerdos a las empresas. 

Tampoco hay representación de estos sindicatos en el CRL, en el CES o en Osalan en una estrategia que mantiene al margen a ambos sindicatos de cualquier acercamiento al Ejecutivo. Como única novedad de esta legislatura, todos los sindicatos acudieron al encuentro convocado por la vicelehendakari segunda y consejera de Trabajo, Idoa Mendia tras tomar posesión del cargo. Más allá del encuentro protocolario, no sirvió más que para constatar las diferencias. Sólo CCOO y UGT mantienen su presencia y trabajo en los organismos laborales en la búsqueda de acuerdos.

Fiscalidad 

La fiscalidad es uno de los frentes más fuertes abiertos ahora por los sindicatos contra el Gobierno y que afecta directamente a las empresas. ELA ha propuesto una reforma para financiar los costes de la crisis de la pandemia que cree que las instituciones deberían  abordar antes del verano, con la mirada puesta directamente en gravar las rentas del empresariado. En concreto, la propuesta del sindicato pasa por fijar un tipo del 25% en Sociedades, "sin excepciones", y de hasta un 10% en Patrimonio. Con estas medidas creen que podrían recaudarse hasta 2.000 millones de euros.

Reivindicaciones

Precisamente la reforma fiscal es una de las reivindicaciones de ELA en el día de hoy, que se manifestará en las tres capitales vascas por primera vez desde hace años por la pandemia. Hasta ahora concentraba a todos sus afiliados en Bilbao.. Bajo el lema "Aldaketa garaia da!" "Es tiempo para cambiar"  haciendo especial hincapié en la derogación de la reforma laboral y en la reforma fiscal.

LAB lleva un lema similar "Aldaketa da aukera! Por un cambio de rumbo"  abogando por la lucha sindical para paliar los efectos laborales de la pandemia.

CCOO y UGT de Euskadi se manifiestan en las capitales bajo el lema "Ahora toca cumplir. Un país en deuda con su gente trabajadora", con el que quieren reflejar que ahora es el momento de "retomar" las cuestiones que quedaron pendientes cuando comenzó la pandemia.