El 'efecto Guggenheim' quiere repetirse, ahora en Urdaibai. Casi un cuarto de siglo después de que el coloso de titanio ideado por Frank Gehry supusiera un antes y un después en la vida y en la economía de Bilbao, vuelve a acariciarse la idea de la ampliación, buscando de nuevo el efecto dinamizador cultural, y desde luego económico, de este museo, que atrae miles de visitantes de todo el mundo cada año, -salvando eso sí el largo paréntesis que ha supuesto el parón de la pandemia- y ha convertido a Euskadi en foco de atracción turística mundial.

No es la primera vez que se intenta levantar un Guggenheim 2 en Euskadi. En 2008 el  entonces diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, asumió la ampliación como un reto personal, pero el proyecto fracasó.  La fuerte inversión que precisaba -200 millones- en medio de una potente crisis económica y la oposición frontal del Gobierno vasco que entonces presidía el socialista Patxi López acabaron con la idea de levantar el museo en Sukarrieta, en el edificio del arquitecto Ricardo Bastida que acoge las colonias infantiles de verano de la BBK, en el fondo de un cajón.



Rescatado ahora, aunque con cambios sustanciales en el proyecto, mantiene la ubicación en plena reserva de la Biosfera de Urdaibai, con dos edificios, uno en Gernika, en la antigua cubertera de Dalia, y otro en Murueta, en terrenos de los astilleros del mismo nombre, unidos ambos por una vía verde. El propio director del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, reconocía esta semana que al hermano pequeño del museo bilbaíno le queda todavía "mucho camino" por recorrer, si es que no corre la misma suerte que el proyecto de Sukarrieta y acaba en el fondo de un cajón esperando tiempos mejores. Porque al Guggenhem de Urdaibai le queda por delante camino y muchas piedras que sortear. 

Los fondos europeos 

La nueva propuesta de ampliación del Guggeheim en dos edificios en Gernika y Murieta unidos por una vía verde está presupuestado en 127 millones de euros. Es más barato que el ideado en su día por José Luis Bilbao  que suponía un coste de 200 millones. Aún así, los 127 millones de inversión suponen una importante cantidad de dinero que se fía en buena parte -81 millones- a los fondos Next Generation que tienen que venir de Europa. Una cuestión que hoy por hoy no es más que una esperanza

El Gobierno vasco lo ha incluido en su listado de propuestas al Gobierno central para optar a esos fondos, y será el Ejecutivo de Pedro Sánchez el que elija las que envía definitivamente a Bruselas. Es decir, el proyecto para el nuevo Guggemhein tendrá que competir con el resto de los proyectos vascos presentados como candidatos a la financiación europea  y con los que presenten otras comunidades autónomas.  Si consigue pasar estas cribas previas, quedaría aún la definitiva, el visto bueno de Europa.

Sin los 81 millones de fondos europeos no llegan el proyecto de ampliación del Guggenheim quedaría muy tocado. La economía pospandemia tendrá que medir mucho las posibles inversiones para mantener el equilibrio.

Las discrepancias entre las instituciones

El segundo obstáculo para que el Guggemhein 2 llegue a buen puerto está muy condicionado a que las ayudas europeas se materialicen. Si las discrepancias institucionales paralizaron el intento de José Luis Bilbao, en esta ocasión ya han empezado a aflorar las diferencias de criterio sobre qué debería hacerse en el caso de que el proyecto no quede tocado por la barita mágica de los Next Generation. 

Como ocurrió con José Luis Bilbao, es el diputado general de Bizkaia, ahora Unai Rementeria, el que capitanea la necesidad de que el proyecto salga adelante "con o sin fondos europeos" porque se trata de un proyecto "muy importante para Bizkaia", dando a entender que la financión quedaría a cargo de las instituciones. 

Rementería está abanderando a lo largo de su legislatura el anuncio de grandes proyectos necesitados de fuertes inyecciones de inversión, como el túnel bajo la Ría que unirá Leioa y Portugalete, o iniciativas que presenta como innovadoras como el centro de emprendizaje de la Torre Bizkaia que el propio diputado general aseguró que está llamado a ser el "Guggenheim del emprendizaje". En este contexto, el nuevo proyecto de museo en Urdaibai encaja en su estrategia de anuncios impactantes para el territorio.

Pero como ocurrió en 2008, el Gobierno vasco parece no compartir el mismo entusiasmo que la Diputación de Bizkaia y de momento se pone de perfil. 

El consejero de Cultura y portavoz del Gobierno vasco Binguen Zupiria no quiso aclarar esta semana qué pasará con el proyecto si finalmente no llega el dinero de Europa y lo dejó en manos del departamento de Hacienda: "Será el departamento de Hacienda el que se encargue de ver cómo encajan los proyectos en las distintas fuentes de financiación» que puedan venir de la UE, señaló sin más concreción. Vamos, que financiar al completo desde Euskadi la ampliación del museo no parece estar en los planes de equilibrio presupuestario del Ejecutivo.

La financiación del proyecto

Hasta desde la dirección del propio Museo, Juan Ignacio Vidarte enfrió el entusiasmo de Rementeria y advirtió de que la ampliación del Guggenheim a Urdaibai está vinculada a su financiación por fondos europeos.

El director de la pinacoteca recordó en este sentido que el proyecto no está aprobado por el Patronato ni está garantizada su financiación. "Para que eso sea factible, requiere una estructura de financiación", dijo, y en estos momentos la hoja de ruta de esa estructura  "está ligada con el proceso de obtención de fondos europeos".

De momento, 'jarro de agua fría' para Rementeria. Si no hay dinero de Europa el proyecto tiene muchos interrogantes. Hay que tener en cuenta que parte de los presupuestos del museo vienen de fondos públicos. En concreto en este 2021, el Gobierno vasco y la Diputación aporta algo de más de 4,9 millones de euros cada uno para la financiación, como patronos fundadores. El resto se corresponde con una aportación del Ayuntamiento de Bilbao, de los recursos propios del museo a través, sobre todos de las entradas, de las aportaciones de los amigos del museo y de los patronos.  El presupuesto de este año asciende a 23.93 millones euros, un 20,2 % por debajo del de 2020, debido a la reducción de los ingresos por entradas.

El año pasado, afectado por la pandemia y el cierre del confinamiento recibió 315.908 vistantes, una cifra muy inferior a los 1,17 millones de entradas en 2019, o a la cifra récord en la historia registrada en 2017  de 1,32 millones de visitantes, que consiguió coincidiendo con su 20 aniversario.

Es de esperar que la recuperación de la movilidad a medida que se reduzca el efecto de la pandemia gracias a la extensión de la vacunas permita recuperar el turismo en Euskadi y por lo tanto, los niveles de visitas al museo. Pero el parón de la pandemia obligará a apretarse el cinturón hasta recuperar el ratio de entradas anteriores al Covid de forma previa a embarcarse en nuevos proyectos de ampliaciones si no hay respaldo exterior.  

El impacto ambiental y el 'efecto Venecia'

El impacto ambiental de un museo que atrae más de un millón de visitantes al año de media en una zona catalogada como reserva de la Biosfera como es Urdaibai, fue uno de los motivos que tumbó el anterior proyecto de ampliación, además, claro está, del factor económico. Ahora el problema sigue siendo el mismo, aunque el proyecto se presenta como muy cuidadoso con el medio ambiente, utilizando una vía verde de cinco kilómetros para unir ambas sedes, mediante un plan que intentará  combinar arte y naturaleza, y que los visitantes lleguen a la zona sin que eso suponga un impacto negativo para el entorno.

Pero hoy por hoy ni Murueta ni Gernika están preparadas para avalanchas de autobuses cargados de turistas como los que llegan a Bilbao. Es un difícil equilibrio del que ya están alertando los grupos ecologistas y del que tenemos ejemplos recientes, como por ejemplo el de San Juan de Gaztelugatxe. Un entorno que tras ponerse se moda a nivel internacional gracias a la serie 'Juego de Tronos', ha tenido que restringir el número de visitas diarias para proteger el entorno natural.

El miedo a que el 'efecto Venecia' llegue a Urdaibai, con zonas masificadas de turistas estropeando el entorno es una imagen que nadie quiere que se haga real.

Un impacto económico por definir

Es cierto que cuando se puso en marcha la construcción del Guggenheim Bilbao que se inaguró hace 24 años tuvo muchos detractores. Voces contrarias al la construcción que quedaron acalladas por la transormación del modelo económico que supuso para Bilbao, con un antes y un después de la inauguración. De un Bilbao industrial a una ciudad turística que ha catapultado todo el sector en Euskadi, y con un impacto económico muy importante. Por ejemplo, en 2019 antes de la pandemia, cuando registró 1,17 millones de visitantes, el total de la demanda generada como consecuencia de la actividad del museo aportó  al PIB vasco  438,5 millones de euros, lo que supone unos ingresos adicionales de 67,9 millones de euros para las haciendas públicas de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, según los datos ofrecidos por el propio museo.

Sin embargo, este modelo de transformación no está muy claro que pueda hacerse extensivo en la ampliación. Por un lado, por las limitaciones medioambientales que obligarán ante todo a preservar una zona protegida, y por otro porque pueden ser visitantes de paso que no lleguen a alojarse ni gastar en la zona.

La ampliación permitirá mejorar la capacidad expositiva de la pinacoteca, atraer mayor número de exposiciones y disponer de mayor superficie para almacenar obras. Pondrá sin duda las localidades de Gernika y Murueta en el mapa del arte mundial, como lo hizo en su día con Bilbao, pero quizá no sea un impacto en la economía suficiente como para compensar el impacto medioambiental que puede tener.