A rey muerto, rey puesto, dice el refrán. Y así es ya en Kutxabank. La era de Gregorio Villalabeitia ya está cerrada y se abre paso una nueva etapa bajo la dirección de Antón Arriola. Un tiempo nuevo que trae con él nuevos retos para el exdirector general de Goldman Sachs, pero también deberes; tareas pendientes que han quedado a medio hacer durante la etapa de Villalabeitia y que ahora deberá culminar el tercer presidente de la entidad bancaria. A caballo entre el cierre de una etapa fundacional y el comienzo de una era de consolidación, el nuevo directivo tiene por delante desafíos innumerables, pero tres destacan con preminencia en la mesa de trabajo que desde este miércoles tiene ante sí el presidente de la entidad vasca.

Kutxabank

El arraigo

Será la prioridad número 1 para el presidente de la entidad bancaria y así lo señalaba este mismo miércoles el presidente tras ser nombrado. La pérdida de arraigo de empresas como Ibermática o Euskaltel han sido una losa reputacional para la entidad resultante de la fusión de las tres antiguas cajas de cada territorio durante los últimos años. Este mismo viernes la compra de Ibermática por parte de Ayesa a ProA Capital y el banco vasco será objeto de debate en el Parlamento vasco.

Una política que no es baladí. El Banco Central Europeo lleva años persiguiendo la 'desbancarización' de la economía con las denominadas normas de Basilea. Mantener presencia en empresas que cotizan en Bolsa ponderará en casi un 300% el índice de solvencia de la entidad a partir del año que viene. Kutxabank logró en el último 'test de estrés' realizado la mejor de las puntuaciones de los bancos medianos y mantener esa bandera es una necesidad para continuar escapando a las fusiones bancarias que reclama Europa y para evitar la salida a Bolsa. Ahí también contribuye la política de retribución a las fundaciones, que aleja a potenciales parejas de baile. El banco vasco es el único que ha esquivado la cotización en los parqués y eso que los cantos de sirena para entras en Bolsa y fusionarse no han sido pocos. Sin embargo, la política de Villalabeitia ha sido clara: hay que ser prudentes a la hora de acometer operaciones si se quiere esa solvencia garante de independencia.

Ahora será responsabilidad de Arriola seguir lidiando con el equilibrio entre el papel intrínseco de la firma en la sociedad vasca y la necesidad de seguir soltando 'lastre' empresarial. Algo que requerirá de mayores cautelas a la hora de acometer inversiones. Se dibuja por delante una nueva era con ese reto aún como objetivo principal, pero con otros frentes más abiertos. Con el capítulo de la atención a los mayores prácticamente cerrado, se abren otros retos. Uno de ellos será dar un salto territorial y buscar más negocio fuera de Euskadi. Es una lógica que vienen siguiendo firmas como BM, pero también instituciones como Novia Salcedo o Elkargi, que han exportado sus modelos a puntos como Madrid.

Xabier Sagredo junto al alcalde Aburto y el consejero Azpiazu / Europa Press

Blindar las fusiones con el fondo de reserva

Otro, indudablemente será cerrar el fondo de reserva que viene amasando BBK para cumplir con la Ley de cajas de ahorros y fundaciones bancarias y que no debería tardar mucho más en colmatarse. Ahora mismo la fundación va invirtiendo alrededor de 30 millones anualmente y tiene alrededor de 170 cubiertos, de modo que el fondo debería estar listo sin problemas para 2024. No es una cosa menor, ya que ese fondo de reserva supondrá otro blindaje ante la salida a Bolsa y ante las amenazas de fusiones. 

En su momento, el principal accionista de la entidad bancaria se quejó con ahínco por las condiciones fijadas por el gobierno Rajoy, pero ahora la tesitura es muy distinta y se roza ya el objetivo de los 230 millones que había que acumular.

El presidente de la Fundación Vital, Jon Urresti.

Calmar la 'tormenta alavesa'

Otra de las polémicas con las que tuvo que lidiar el banco fue el equilibrio territorial. Con un peso diverso por parte de cada una de las fundaciones bancarias y más de la mitad en manos de BBK, el proceso de reajuste de representación en el consejo de administración hizo que la entidad decidiese aprovechar la salida del exdiputado general alavés Juan María Ollora para darle un cuarto consejero a BBK en detrimento de la Fundación Vital. Un movimiento pendiente aún de ejecutar y que dejará a fundación alavesa con un único representante.

El cambio generó un seísmo político con quejas de buena parte de la clase política. Pese a ello, la realidad es que la nueva distribución respondía mejor al reparto del accionariado entre las fundaciones bancarias en que se convirtieron las antiguas cajas BBK, Kutxa y Vital, que se reparten el accionariado con un 57%, un 32% y un 11% respectivamente.

Sin embargo, será importante que la firma se quite fuera de Bilbao esa fama de ser más 'banco vizcaíno' que 'banco vasco'. Algo en lo que jugará un papel clave hacia qué futuro encamina Arriola la entidad: si hacia uno con mayor integración o uno con más espacio propio para las distintas marcas.