Al margen ya del foco mediático, Basquevolt sigue dando pasos camino de esa primera meta volante situada en el primer trimestre de 2024, cuando está previsto que el proyecto vasco llamado a revolucionar la movilidad eléctrica pueda tener listo su primer prototipo. Ese hito dará luz verde para el siguiente paso, el montaje de la línea piloto, una especie de gigafactoría en miniatura que demandará un importante esfuerzo inversor a la compañía que comparten de momento Gobierno vasco y accionistas privados como Iberdrola, Enagás o CIE Automotive.

Ese abanico se va a ver ampliado a medio plazo fruto de esa necesidad de crecer, tanto en lo económico como en lo que se refiere a experiencia, conocimiento tecnológico y capacidad de dar el salto a una gran industria. El equipo que encabeza Francisco Carranza está inmerso en estos momentos en el proceso de estimación de cuál será la inversión necesaria para la construcción de esa línea piloto que arrancará en 2025, una vez estén completamente testados los prototipos y, en paralelo, abrirá en los próximos meses los contactos formales con empresas interesadas en entrar en el accionariado.

El propio Carranza expone a Crónica Vasca que lógicamente habrá preferencia por el sector de automoción, aunque no se quiere cerrar la puerta a nadie. Y es que la batería en estado sólido, el maná que busca alcanzar Basquevolt, aspira a revolucionar, con más seguridad y autonomía, todo el mapa de la movilidad.

La compañía que ha germinado en el CIC Energigune de Miñano nació con un capital inicial de 10 millones de euros aunque después el Gobierno vasco anunció una inyección de otros casi 20 millones más. Carranza mantiene la prudencia al ser cuestionado por la cifra necesaria para poner en marcha esa línea piloto para comenzar a producir pero avanza que habrá que hacer un desembolso muy relevante por las exigencias de esa primera fábrica. "Va a ser una línea de producción única en Europa y hay que hacer las cosas muy bien", apunta.

La consejera Tapia, junto a Nuria Gisbert, directora del CIC Energigune, y el resto de accionista de Basquevolt / Irekia

La prueba del algodón para el socio

Antes de que esa línea piloto arranque motores hay que pasar el primer gran filtro, el de poder presentar una celda a escala real. "Será un hito porque podremos entregar ya algo real a los potenciales clientes. Y servirá para tranquilizar a los accionistas, a los que dejas claro que puedes pasar a la etapa siguiente", dice el CEO de la compañía, cuyos algo más de 30 empleados se acaban de trasladar al edificio vecino del CIC Energigune en el propio Parque Tecnológico de Álava, el Marie Curie que albergó el fallido proyecto de equipo vasco de Fórmula 1.

"Queda mucho tiempo y seguimos dando pasos acorde al plan establecido", dice Carranza sobre los avances cosechados hasta ahora, completamente centrados en el apartado estrictamente científico, de cara a poder arrancar ya la gigafactoría en 2027 que estará instalada previsiblemente también en Miñano.

Si se cumplen los objetivos Euskadi contará con una fábrica de baterías única en Europa. "El futuro de la industria europea está en nuestras espaldas, somos Asterix luchando contra los romanos", dice el CEO respecto a ese papel que tendrá Basquevolt como núcleo que abastecerá de tecnología propia a Europa frente a los competidores asiáticos. "Tenemos mucha responsabilidad a nuestras espaldas", añade. Aunque desde su gestación se viene asociando a Basquevolt con el futuro de la planta de Mercedes en Vitoria, Carranza se mantiene en que es pronto para hablar de clientes y en que no hay puertas abiertas ni cerradas.