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Euskadi se encuentra inmersa en un proceso de despliegue renovable que se topa con numerosas dificultades que, a su vez, lo dibujan como ‘complicado’.

Con el parque eólico de Labraza, el que será la primera instalación de estas características tras más de 20 años, ya en construcción y ante estas dificultades, en especial las medioambientales, todos los esfuerzos del nuevo Ejecutivo se han centrado en el impulso a la energía solar, una alternativa que parece estar ganando terreno a la eólica.

Todo ello con el objetivo de que la comunidad alcance la neutralidad climática en Euskadi a “más tardar en el año 2050”, tal y como se recoge en la ley de Transición Energética y Cambio Climático de Euskadi, lanzada por la anterior consejera, Arantxa Tapia.

Así como en los objetivos recogidos en la Estrategia Energética de Euskadi 2030, una hoja de ruta aprobada en 2016 que marca los objetivos energéticos de década en década, en este caso para 2020 y 2030.

En ambos casos se establece, para el año 2030, el objetivo de reducción de gases de efecto invernadero del 45% respecto al año de referencia de 2005, es decir, “el equivalente a una reducción del 33% respecto a las emisiones de 1990. Así como la participación de las energías renovables en al menos un 32% del consumo final energético de Euskadi para el año 2030.

Este último todo un reto, ya que, tal y como señala el propio departamento de Transición Energética y Sostenibilidad, los precios de la energía han paralizado las acciones de eficiencia energética; esto, sumado a la ralentización de los proyectos de energías renovables y un consumo desbocado de derivados del petróleo han provocado como resultado que no se alcancen los objetivos establecidos ya hace tres años, para el 2023.

Y en un informe publicado recientemente, el departamento va más allá y asegura que “la senda planteada en la estrategia podría estar en riesgo”, por lo que, indican “promover el impulso de las actuaciones encaminadas a dar cumplimiento a los indicadores de la Estrategia mediante la convocatoria de programas de ayuda públicos se considera adecuada”.

El lehendakari, Imanol Pradales, y el consejero de Industria, Mikel Jauregi JON RODRIGUEZ BILBAO

Los objetivos principales

Lo cierto es que los objetivos de ambas hojas de ruta son similares o, en muchos casos, complementarios.

Como mayor diferencia es el plazo que ambas se dan. En concreto, el objetivo principal de la ley impulsada por Tapia es el de conseguir la neutralidad climática en el año 2050, realizando, en la medida de lo posible, los esfuerzos necesarios para adelantar este objetivo al año 2045.

Para alcanzar esta neutralidad climática el Ejecutivo propuso, entre otros asuntos, la reducción en al menos un 12% el consumo final de energía para el año 2030 y un 37% para el año 2050, la participación de las energías renovables en al menos un 32% del consumo final energético de Euskadi en 2030 y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 45% para ese mismo año.

Por su parte, la Estrategia Energética de Euskadi 2030, aprobada en Consejo de Gobierno de julio de 2016 y vigente actualmente, define los objetivos y las líneas básicas de actuación del Gobierno vasco en materia de política energética para el periodo 2016-2030.

Entre dichos objetivos, esta guía marca el alcanzar un ahorro de energía primaria de 1.250.000 tep/año -esto son toneladas equivalentes de petróleo al año- entre 2016-2030, lo que equivaldría al 17% de ahorro en 2030. Esto supondría mejorar la intensidad energética un 33% en el periodo.

Además, y entre otras muchas más cosas, busca potenciar el uso de las energías renovables un 126% para alcanzar en el año 2030 los 966.000 tep de aprovechamiento, lo que significaría alcanzar una cuota de renovables en consumo final del 21% ya para ese año; y la reducción de un 35% de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen energético en relación a las del año 2005.

Con la premisa de alcanzar estos objetivos y teniendo en consideración los datos disponibles, el Gobierno vasco facilitaba recientemente el grado de avance global de esta Estrategia en el año 2023, cifrándolo en el 31%.

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