Vista de la planta de Tubos Reunidos en Amurrio
El ERE de Tubos Reunidos golpea otra vez al Valle de Ayala un año después de la crisis de Guardian
El comité de empresa de Tubos Reunidos ya ha anunciado que, en caso de que la situación siga así, convocarán más movilizaciones
El comité de Tubos Reunidos "activa la lucha" y anuncia más movilizaciones las próximas semanas contra el ERE
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Pese al plan de 'revitalización' de la comarca -tejido entre sector público y privado y sobre el cual ya se han invertido más de 30 millones- y las numerosas iniciativas privadas en marcha, el Valle de Ayala atraviesa una delicada situación.
El cierre gradual de diferentes compañías que ejercían, en su momento, de agente tractor para la comarca -Glavista, Vicalde o Lipmesa- culminaba hace un año con el apagado del horno y posterior cierre de la histórica Guardian. Ahora, un año después, las campanas de preocupación vuelven a sonar en este enclave -que engloba más de 400 empresas y 4.000 empleados-, dada la complicada situación que atraviesa Tubos Reunidos.
Este lunes comité y dirección del fabricante de tubos alavés vuelven a reunirse para cuantificar la dimensión del ERE propuesto por la dirección hace menos de dos semanas en sus plantas de Amurrio y Trapagaran; cita que coincide además con la convocatoria de huelga de 24 horas en la planta alavesa.
Representantes del Comité de Empresa y trabajadores de Tubos Reunidos
Actualmente en ERTE
Lo cierto es que esta medida no ha sorprendido excesivamente a los trabajadores, que ya estaban al tanto de la situación que arrastraba la compañía. Cabe recordar que la plantilla ya ha sufrido la activación y prorrogación de diferentes ERTEs en los últimos años.
En diciembre de 2024 Tubos Reunidos desactivaba un ERTE que afectaba a la plantilla desde hacía meses. Medida que se volvía a activar en julio del año pasado y que actualmente sigue en curso; impulsada por la caída de la cartera de pedidos, descenso que, a falta de conocer los resultados del último semestre de 2025, se cuantificaba en los primeros seis meses del año pasado en un 26% menos respecto al valor a finales del año 2024.
Así, 848 trabajadores de los 959 que forman parte de la fábrica vasca de tubos -quedando de esta manera excluidos 111 empleados, 67 de ellos eventuales-, se encuentran en ERTE desde el pasado 1 de septiembre hasta el próximo 28 de febrero.
A todos ellos, se les ha aplicado una suspensión de contrato de hasta el 60%, dentro de las 208 jornadas anuales pactadas en el Convenio Colectivo. Esto supone un máximo de 72 jornadas laborales suspendidas por persona trabajadora afectada.
Fábrica de Tubos Reunidos de Amurrio
Los aranceles de Trump empeoraron la situación
Los aranceles implementados tras la llegada de Trump al Gobierno estadounidense no hicieron, por tanto, más que agravar la situación de la compañía vasca. Política proteccionista que impactó de lleno en el acero y el aluminio, dos sectores con una tradición histórica en el tejido empresarial vasco por lo que las afecciones que esta medida dejó en el territorio tuvieron consecuencias tanto en las históricas compañías como Tubacex o Tubos Reunidos, como en firmas más pequeñas. Eso sí, en cada caso de manera diferente.
En el caso de Tubacex, las consecuencias se minimizaron dada la importante presencia de la firma en el país norteamericano con siete plantas productivas fabricando producto premium para los sectores de energía y aeroespacial.
En el caso de Tubos Reunidos, y pese a que esta compañía confiaba "en minimizar el posible impacto de los aranceles al acero gracias a su posición de prestigio en este mercado y el conocimiento que tiene del mismo", no ha sido así, y han tenido incluso que cerrar temporalmente su planta estadounidense, en Texas.
Cientos de personas durante la cadena humana y manifestación contra el cierre de Guardian Glass el año pasado
Guardian, un año después
Este nuevo conflicto recuerda al vivido hace apenas un año en la planta de Guardian Glass, en Llodio. El pasado 29 de enero, se cumplió un año desde que la dirección apagase uno de sus hornos, debido a una "avería irreparable" provocando que la planta -con casi 100 años de antigüedad, más de 170 trabajadores y múltiples cambios de dueño- bajase su persiana.
Decisión que fue rechazada contundentemente tanto por los trabajadores como por los vecinos de una comarca que vieron como, a la espera de un nuevo inversor para la planta, este cierre golpeaba de nuevo la comarca.
Y es que fueron varias las posibilidades de las que se llegó a hablar, incluido el Gobierno vasco, para evitar este cierre o dar una segunda vida una vez la fábrica ya estaba cerrada, como la posibilidad de hasta cuatro grandes inversores supuestamente interesados en asentar en Llodio su actividad, o la de un consorcio de pequeñas empresas. Ninguna de ellas, por el momento, ha dado sus frutos.