Manifestación de trabajadores de Tubos Reunidos / David de Haro Europa Press
La Sepi, la aliada inesperada de la industria vasca: solo otro acuerdo político puede salvar Tubos Reunidos
Cuestionada en el pasado por su papel en la privatización de empresas históricas, la sociedad dependiente del Gobierno central ha sido clave en Talgo, ha rescatado empresas en pandemia y es la llave del futuro del fabricante de tubos
Jauregi propone a la Sepi una fórmula específica de financiación para salvar Tubos Reunidos
La Sepi ha estado en la diana en conflictos históricos de la industria vasca, en especial los asociados al declive de fábricas emblemáticas de la Margen Izquierda.
Sindicatos y trabajadores de La Naval o Babcock Wilcox apuntaban en la fase final de estas empresas a la sociedad industrial del Estado por las ventas fallidas a socios privados, incluso ha habido procesos judiciales laborales abiertos hasta hace pocos años contra este ente público vinculados a estos cierres.
En la época reciente la Sepi ha cambiado de rol. Ya no es ese verdugo asociado a la reconversión y desmantelamiento industrial de ciertas zonas de Euskadi y aparece ciertamente como socio principal en operaciones de primer nivel.
Antes de fraguarse la compra de Talgo, la sociedad industrial española puso dinero en la pandemia para sacar adelante tres empresas vascas: una de ellas es Tubos Reunidos pero las otras dos, Rugui Steel y Vicinay, sí han encontrado fórmulas para atender ese rescate y dar con la tecla de la viabilidad. Eso sin contar otras aportaciones millonarias a grupos con sede fuera pero instalaciones productivas en Euskadi, caso de Celsa Group.
Imagen de Vicinay en Sestao
Control de ayudas
Esa capacidad de cumplimiento mostrada por otras empresas rescatadas coloca a Tubos Reunidos en una situación comprometida toda vez que la Sepi tiene encima la lupa europea que controla las ayudas de estado.
Rugui Steel, con sede en Azkoitia, ha sido una de las industrias rescatadas en pandemia que han logrado ya devolver la totalidad de la ayuda recibida en pandemia, en torno a 25 millones en el caso de la guipuzcoana.
Vicinay, otra histórica, ha vivido un proceso más complejo hasta lograr un acuerdo de refinanciación, en el que ha sido decisivo el concurso de un inversor privado como es el magnate Dámaso Quintana.
La Sepi ha aceptado facilitar el cobro y reducir intereses por los 32 millones que prestó al fabricante de cadenas, que en todo caso suponen una losa mucho menos pesada que la de Tubos Reunidos.
Trabajadores de la plantilla de Tubos Reunidos montan un piquete
Propuesta del Gobierno vasco
Todas las opciones de salvación del fabricante de tubos pasan por un acuerdo con los acreedores, pero hace falta la implicación de un socio privado que inyecte músculo económico como en Vicinay.
El dibujo guarda similitud con el de Talgo, de nuevo la Sepi puede ser catalizadora de la fórmula que explora la empresa junto al Gobierno vasco, y de nuevo hay intereses compartidos por Moncloa y Lakua en que Tubos Reunidos salga adelante.
La Sepi ha sido clave en la entrada del consorcio vasco en Talgo Europa Press
De los 260 millones de pasivo de la compañía de Amurrio unos 150 (los 113 del rescate en pandemia más intereses) corresponden a la sociedad industrial del Estado, que vería muy perjudicados sus intereses en un concurso de acreedores.
La sintonía política en Vitoria y Madrid contribuye a avanzar en esa salida especial que ha anunciado el consejero Mikel Jauregi, que parece difícil que pase por una nueva aportación económica de la Sepi como ha ocurrido en Talgo por ese mencionado rigor de Bruselas para evitar que los gobiernos condicionen artificialmente la libre competencia, que estrecha mucho el margen de maniobra del Gobierno de Sánchez.
Además de ser uno de los más abultados, el rescate a Tubos Reunidos está bajo la lupa judicial por la presunta mediación con la Sepi para lograr esa ayuda de Leire Díez y Antxon Alonso.