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Ya casi en la prórroga de julio, último mes hábil antes del parón de agosto, una nueva cuadrilla vasca, en la que repiten integrantes, lanza una ofensiva por una empresa navarra de primer nivel como es Azkoyen.

Más allá de la magnitud de la operación, casi 250 millones, la OPA por la firma con sede en Peralta forma parte de una especie de 'pique' en clave empresarial entre Euskadi y Navarra que tiene como capítulo más reconocido la consecución por parte de la comunidad foral del proyecto de baterías de Hithium.

El lehendakari salió al paso entonces y hablo de "deportividad" en la carrera entre territorios por el fabricante chino, que ya había sido anunciado en el parlamento por el consejero Mikel Jauregi previamente, incluso había salido a la palestra el grupo Mondragon como socio local.

Es evidente que, códigos políticos aparte, la decisión de Hithium hizo daño al Ejecutivo de Vitoria, pionero en la configuración de un ecosistema inversor local para atraer precisamente proyectos de este tipo.

El presidente de Talgo y Sidenor, José Antonio Jainaga. Cedida

Intereses 'compartidos' en Arania

Pero en la pugna entre Euskadi y Navarra ha habido más en los últimos años.

Los principales fondos con sede en el País Vasco cuentan en sus carteras cada vez con más participadas de Navarra, por otro lado un territorio altamente industrializado y referente en innovación.

El Gobierno de María Chivite ha emprendido de hecho una apuesta similar a la de Euskadi por inyectar dinero público para arraigar empresas estratégicas y el INI (Instituto Navarro de Inversiones) comparte intereses de hecho con Finkatuz en el grupo Arania a través de una de las empresas del consorcio, AR Racking, con planta en Tudela.

El INI anunció esta inversión, 20 millones, en AR Racking a finales de 2024 y poco después, a comienzos de 2025, el Gobierno vasco hizo lo propio en este caso en la sociedad matriz de Arania (15 millones), dando entrada en el consejo a un representante.

En este contexto de rivalidad, por ahora en clave de respeto y deportividad, según el propio Imanol Pradales, se encuadra esta ofensiva por Azkoyen, en la que se combinan los intereses de José Jainaga y del Gobierno de Vitoria, que como accionista de Ohmnia a través de Finkatuz participaría en la ampliación en caso de que la OPA prosperase.

Además, nuevamente aparecen como 'lubricantes' en el consorcio Kutxabank y BBK.

El banco y la fundación vizcaína, principal accionista de este, vuelven a dar forma a una operación corporativa al máximo nivel en este caso además con esta lectura en clave de competencia interterritorial.

Porque Azkoyen es la primera empresa en el punto de mira de las 'cuadrillas' que ni es vasca ni tiene un pasado directamente ligado a Euskadi que justifique una especie de 'repatriación', como sí ocurre con Ayesa (antigua Ibermática) o Talgo.

Sede de Azkoyen

2.000 empleados en total

Azkoyen es una empresa industrial que cumplió ochenta años en 2025 muy reconocida en Navarra, en especial en la zona de La Ribera, así como la saga empresarial de su fundador, Luis Troyas, que había trabajado antes en la industria vasca, cerca de San Sebastián.

Vinculada inicialmente a la maquinaria agrícola, Azkoyen está ahora dedicada a la fabricación de máquinas de vending, medios de pago y sistemas de seguridad y acceso.

El año pasado superó de largo los 200 millones de facturación, con tendencia al alza, y suma un millar de empleados, al mismo nivel que Ohmnia, la enseña industrial con la que Jainaga lanza la OPA.

En estos momentos el accionista principal del grupo navarro es Inverlasa, de la familia Ruiz Lafita, con algo menos del 30% de la compañía.