Desde la llegada del consorcio vasco hay señales que apuntan a la recuperación de un proyecto industrial histórico como es Talgo, pero los mercados no lo reflejan así.
La empresa de ferrocarriles dirigida por José Antonio Jainaga ha logrado reducir las pérdidas en la primera mitad del año y quizá la confirmación de esa mejoría cuando se conozca el balance del tercer trimestre pueda cambiar el rumbo en Bolsa pero a estas alturas solo hay una evidencia: el mercado quiere pruebas.
Los retrasos en las entregas estos años y la ausencia de un liderazgo industrial claro hasta el desembarco de Jainaga junto al resto de socios vascos han sumido a la compañía en una dinámica negativa de la que va a costar salir más allá de los mensajes optimistas y las buenas intenciones.
Uno de los trenes de Talgo
Proyecto de "muy alta velocidad"
Es indudable que Talgo cuenta con respaldo institucional en Euskadi (habrá que ver cómo encara el asunto el próximo gobierno en Madrid tras el 29N) hasta el punto de colocar al fabricante ferroviario al frente de uno de los proyectos tractores del plan industrial de la legislatura, enfocado a la alta velocidad.
Hace unos días se anunciaron más de 100 millones de euros para relanzar la posición de la compañía como fabricante de trenes en el extranjero y mejorar la tecnología junto a una docena de empresas vascas más, entre ellas Ingeteam.
Junto al retorno de la sede a Euskadi se han anunciado además inversiones para ganar capacidad de producción para poder dar salida a los pedidos millonarios pendientes y un nuevo polo de innovación.
Principio de acuerdo entre el consorcio vasco con Pegaso para adquirir una participación en Talgo
Y, aun así, Talgo acumula desde finales de la semana pasada varias jornadas con un valor en Bolsa muy pobre, más bajo que nunca (el mínimo anterior era de finales de 2022), por debajo de 2,40 euros la acción.
El indicador bursátil no va más allá de una advertencia, no tiene por qué ser el reflejo nítido de la marcha de una compañía, pero sirve de recordatorio en clave de rentabilidad: a fin de cuentas, las empresas tienen que ganar dinero.
En ese sentido, Talgo aun cuenta con una abultada deuda y debe resolver problemas asociados a la salida de pedidos contratados como la escasez de personal cualificado para ampliar plantilla.
