Tarta de queso.
Los mejores chefs vascos coinciden: "Para la tarta de queso más cremosa no uses bajos en grasa, mezcla 350 g de Philadelphia y 3 huevos"
Lo que consigue esa textura que vuelve loco a todo el mundo es el ingrediente de calidad y el buen manejo de los tiempos del horno.
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La tarta de queso al horno es uno de los manjares de la gastronomía española que, gracias a su textura cremosa y potente sabor a queso, atrae a miles de paladares cada año. Esta tarta se ha vuelto querida no solo en Euskadi gracias al restaurante de La Viña de San Sebastián, sino en todo el mundo. En Turquía, por ejemplo, siempre se encuentran amantes.
Lo que consigue esa textura que vuelve loco a todo el mundo es el ingrediente de calidad y el buen manejo de los tiempos del horno. Una vez se domine esto, puede salir del horno una auténtica maravilla. Los chefs vascos Eva Arguiñano y David de Jorge (Robinfood) saben cómo dar con la clave exacta.
La tarta más cremosa
Ambos coinciden en el uso de todos los ingredientes clave, como huevos, queso cremoso, nata líquida, harina y azúcar. Discrepan en las medidas, Arguiñano, por ejemplo, emplea 600 gramos de queso crema, 4 huevos, 200 gramos de azúcar, 20 gramos de harina, 250 mililitros de nata líquida y hojas de menta para decorar.
Comenzamos, según el portal gastronómico de Hogarmania, cascando los huevos e añadiéndolos a un bol. Con la ayuda de una varilla, los batimos y, una vez listos, agregamos el azúcar y la harina. Mezclamos todo bien hasta que todo se integre a la perfección.
Colocamos el queso crema (a temperatura ambiente) dentro del bol y lo metemos en el microondas si está frío. No lo batimos, solo mezclamos con las varillas hasta conseguir una masa homogénea. Acto seguido, incorporamos la nata líquida y continuamos mezclando para conseguir una mezcla integrada.
Después, cubrimos un molde desmontable con papel vegetal para horno y vertemos la mezcla en el molde de manera equitativa. Precalentamos el horno a 200 grados calor arriba y abajo.
Metemos la tarta en el horno y horneamos una media hora o 40 minutos, vamos viendo y pinchando la tarta con la ayuda de un cuchillo. Si este sale con un poco de la mezcla a la media hora, significa que estará lista su textura cremosa. Si buscamos una textura más sólida, lo dejamos más tiempo. Cuando pasen 20 minutos, miramos si es necesario bajar la temperatura para que no se tueste mucho.
Una vez esté lista la tarta, apagamos el horno y dejamos que esta repose unas tres o cuatro horas para que enfríe. La desmoldamos rápidamente para que no se rompa por su textura. Cuando se enfríe del todo, retiramos el molde y el papel. Por último, cortamos la tarta en porciones y decoramos con unas hojas de menta.