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El dolor de hombro es una de las principales causas de limitación funcional en la vida cotidiana. Gestos tan simples como vestirse, peinarse o conciliar el sueño pueden volverse difíciles cuando esta articulación falla. Cada vez más pacientes buscan una respuesta especializada ante una afección que, sin el abordaje adecuado, tiende a cronificarse.

Algunas profesiones presentan mayor riesgo de desarrollar estas dolencias. Trabajos que obligan a mantener los brazos elevados de forma prolongada, como los de las peluqueras, pintores, mecánicos o electricistas, “Esa postura mantenida provoca un mayor desgaste de estructuras clave del hombro, como los ligamentos o el manguito de los rotadores", explica el doctor Rubén Álvarez, jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Quirónsalud Vitoria.

Diagnóstico preciso, primer paso del abordaje

El hombro es la articulación con mayor rango de movimiento del cuerpo humano y, por ello, una de las más complejas. No todos los dolores responden al mismo origen ni requieren el mismo tratamiento. “Diferenciar si la causa es muscular, articular o nerviosa resulta esencial para elegir la estrategia terapéutica más eficaz”, aclara el doctor.

Los dolores articulares suelen acompañarse de una clara limitación del movimiento, como ocurre en la capsulitis adhesiva o ‘hombro congelado’. En otros casos, los tendones son los principales afectados, lo que altera la capacidad de elevar o rotar el brazo. Cuando el origen es nervioso, el paciente describe sensaciones de hormigueo, calambres o quemazón, con características muy distintas al dolor mecánico.

El dolor articular suele acompañarse de una limitación clara del movimiento, como ocurre en la capsulitis adhesiva u ‘hombro congelado’. "En el caso del manguito de los rotadores, el problema afecta a los tendones que permiten mover el brazo con normalidad. Por eso, la exploración física es fundamental para distinguir un dolor articular de uno muscular o tendinoso", apunta la doctora Eider García, especialista de la Unidad del Dolor.

Los dolores de origen nervioso, añade la especialista, se manifiestan de forma diferente: "Suelen describirse como calambres, hormigueos o sensación de quemazón".

Cuando el tiempo juega en contra

Muchos pacientes llegan a consulta tras haber probado sin éxito fisioterapia, rehabilitación o incluso cirugía. Ante esta situación, se realiza una reevaluación completa apoyada en pruebas de imagen. La ecografía, utilizada en consulta, es fundamental. “La ecografía nos permite ver el hombro en movimiento, a diferencia de la resonancia magnética, que es estática. Esta información es clave para detectar determinadas lesiones", subraya el doctor Álvarez.

Si el dolor persiste más de tres o cuatro meses, se considera crónico. Retrasar la atención más allá de ese periodo puede complicar la recuperación, ya que el dolor mantenido altera la función muscular y dificulta la respuesta a los tratamientos posteriores.

"No es recomendable esperar más de seis u ocho meses, porque a partir de ese momento la recuperación puede complicarse", advierte.

Terapias adaptadas a cada paciente

El abordaje es siempre personalizado e incluye opciones como infiltraciones y radiofrecuecia para modular la señal dolorosa o terapias destinadas a mejorar la lubricación articular. "El objetivo es reducir el dolor para poder rehabilitar mejor el hombro y recuperar la función", explica la doctora García.

La fisioterapia sigue siendo un pilar fundamental tras cualquier intervención. Sin una correcta recuperación de los músculos y tendones que rodean la articulación, resulta difícil restablecer por completo la funcionalidad del hombro y evitar recaídas.

“Una cirugía de hombro necesita siempre una buena fisioterapia posterior. Si no se rehabilitan correctamente los músculos y tendones que rodean la articulación, no se consigue una recuperación funcional completa", destaca el doctor Álvarez.

Calidad de vida y medidas preventivas

El impacto del dolor de hombro va más allá del ámbito laboral. Afecta al descanso nocturno, a la autonomía personal y al bienestar emocional. Cuando el dolor se controla, la mejoría en la calidad de vida es inmediata y notable.

"Muchos pacientes nos cuentan que no pueden dormir porque el dolor les despierta al apoyarse sobre ese lado, o que no pueden realizar tareas básicas de aseo", relata el especialista. Sin embargo, la mejoría tras un tratamiento adecuado es notable: "Cuando el dolor desaparece, el cambio en la calidad de vida es radical".

La prevención juega un papel decisivo. Detectar los primeros síntomas y consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre una molestia pasajera y un problema que condicione la vida diaria.

"Mejorar la postura en el trabajo y evitar mantener los brazos elevados durante largos periodos reduce de forma significativa el riesgo de lesiones", concluye el doctor Álvarez.

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