La lesión de pubis es muy habitual en los futbolistas

La lesión de pubis es muy habitual en los futbolistas QUIRÓNSALUD

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Tratar la pubalgia antes de que se cronifique: qué hacer (y qué no) cuando aparece el dolor

Muy frecuente en deportistas, esta lesión puede afectar a cualquier persona cuya actividad requiera movimientos repetitivos de sobreesfuerzo

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La pubalgia, conocida popularmente como ‘hernia del futbolista’, se ha ido convirtiendo, poco a poco, en una de esas lesiones que ya no sorprenden a los especialistas. Cada vez se diagnostica más, y no solo en deportistas de elite. Su impacto va más allá de lo físico, porque puede limitar tanto la actividad deportiva como gestos cotidianos que damos por hechos.

Estas alteraciones no aparecen de la nada. En muchos casos, tienen que ver con sobreesfuerzos mantenidos en el tiempo, entrenamientos excesivos sin una recuperación adecuada o incluso una higiene postural mejorable, algo más común de lo que parece. Por eso, los especialistas insisten en que no hay una única causa clara, sino una combinación de factores musculares, articulares y biomecánicos que acaban desencadenando el problema. Es, en definitiva, una patología multifactorial que se va gestando poco a poco, a veces sin que la persona sea realmente consciente hasta que el dolor ya está ahí.

“Este dolor se localiza en la zona más baja de la pelvis, justo en el pubis, y suele estar relacionado con alteraciones musculares en las vainas de los músculos abdominales que se insertan en esta región, una zona especialmente sensible a los desequilibrios y sobrecargas”, señala el doctor Juan Martínez, anestesiólogo de la Unidad del Dolor de Policlínica Gipuzkoa.

Un problema que va más allá del deporte

Existe una idea bastante extendida que asocia la pubalgia casi exclusivamente con futbolistas o deportistas profesionales, pero esa imagen se queda corta. La realidad es que cualquier persona puede desarrollarla si su actividad, ya sea deportiva o laboral, implica movimientos repetitivos, giros constantes o esfuerzos intensos que recaen sobre la zona pélvica. No hace falta competir al máximo nivel para acabar sufriéndola.

Deportes como el fútbol, el rugby o el hockey sí presentan una mayor incidencia debido a la exigencia física que implican, especialmente por los cambios de dirección, las aceleraciones o los golpes de balón. “De hecho, la pubalgia representa entre el 8% y el 18% de todas las lesiones deportivas, especialmente en disciplinas con alta exigencia de carrera, aceleraciones o golpes de balón”, resalta el doctor. Aun así, insiste en que el riesgo no es exclusivo de estos deportes, y que cualquier práctica mal gestionada puede acabar provocando este tipo de lesión.

El dolor que no conviene ignorar

El síntoma principal es un dolor opresivo, persistente y, sobre todo, limitante, que tiende a empeorar con la actividad física y que rara vez mejora si se sigue forzando la zona afectada. No siempre aparece de forma brusca; a veces comienza como una molestia leve que se tolera, pero que va ganando intensidad con el paso de los días o semanas.

“Por lo general, este dolor puede irradiarse hacia abdomen, ingles o parte interna del muslo, afectando tanto al rendimiento deportivo como a la vida diaria del paciente”, concreta el especialista de Policlínica Guipuzcoa. Esa irradiación es precisamente lo que hace que muchas personas no identifiquen de inmediato el origen del problema.

Además, como añade el anestesiólogo, “el patrón típico consiste en un dolor que aumenta claramente con el ejercicio intenso, pudiendo llegar a imposibilitar la práctica deportiva e incluso actividades cotidianas si evoluciona sin tratamiento”. Es decir, no tratarlo a tiempo puede hacer que algo manejable se convierta en un problema mucho más serio.

Cómo se detecta realmente

El diagnóstico de la pubalgia no suele depender de una única prueba, sino de una combinación de factores que el especialista valora de forma conjunta. La base sigue siendo clínica: escuchar al paciente, entender cómo empezó el dolor y realizar una exploración física detallada que permita identificar qué estructuras están implicadas.

“El diagnóstico es esencialmente clínico, apoyado en una exploración física detallada y, en los casos que lo requieren, se recurre a pruebas complementarias como radiografías o resonancia magnética”, afirma explica el doctor Martínez. Esta última tiene un papel especialmente importante, ya que permite descartar otras patologías con síntomas similares y afinar el diagnóstico localizando con precisión la zona afectada. No se trata solo de ponerle nombre al dolor, sino de entender bien su origen para poder tratarlo correctamente.

Tratamiento conservador

En la mayoría de los casos, el abordaje de la pubalgia es no invasivo, lo que significa que no es necesario recurrir a cirugía y que el tratamiento se basa en medidas progresivas que buscan aliviar el dolor y recuperar el equilibrio muscular. Aquí, la paciencia juega un papel clave, porque los resultados no siempre son inmediatos.

“El tratamiento de la pubalgia es, en la mayoría de los casos, conservador”, combinando reposo relativo, fisioterapia orientada a mejorar el tono y la coordinación muscular, y el uso de antiinflamatorios no esteroideos durante los primeros días. “Los casos leves suelen resolverse entre cinco y diez días, mientras que los más complejos pueden requerir hasta tres meses”, añade.

Además, subraya que “los programas de ejercicio terapéutico y readaptación progresiva son los más eficaces y ofrecen mejores resultados a medio plazo, especialmente en deportistas”. La cirugía, por su parte, queda reservada para situaciones muy concretas en las que ninguna de estas medidas ha funcionado, algo que, según el especialista, no es lo habitual.

Prevenir es mucho más sencillo

La prevención es, sin duda, uno de los aspectos más importantes cuando hablamos de pubalgia, y también uno de los más olvidados. Mantener una buena condición física no es suficiente si no se acompaña de un trabajo específico que proteja la zona implicada.

“El fortalecimiento del core y la musculatura abdominal, junto con estiramientos adecuados y un calentamiento progresivo antes del ejercicio, son herramientas clave”, explica el doctor Martínez.

A esto se suma la importancia de mantener un buen equilibrio muscular entre abdomen y aductores, así como un adecuado control motor de la pelvis, factores que influyen directamente en el riesgo de desarrollar esta lesión. Además, insiste en que “un tratamiento precoz es determinante, ya que la pubalgia, como cualquier patología dolorosa, puede cronificarse si no se aborda desde el inicio”, algo que puede complicar mucho la recuperación.