El pasado 22 de abril celebrábamos, un año más, el Día de la Tierra, una conmemoración de la ONU que tiene como objetivo poner el foco sobre la necesidad de cuidar nuestro planeta para garantizar nuestra propia supervivencia. Parece evidente que no los estamos haciendo nada bien. Lo deja bien claro el enésimo informe científico que nos advierte de las consecuencias irreversibles que va a tener el cambio climático en nuestra sociedad, mejor dicho, que ya está teniendo. En esta ocasión, ha sido una investigación de la Organización Meteorológica Mundial la que nos anuncia un cambio climático que puede convertirse en irreversible y cuyas efectos pueden prolongarse durante miles de años. Los últimos 8 años han sido los más cálidos desde que se tienen registros, 2022 el quinto más tórrido. Reconozcamos que, desafortunadamente, estos escalofriantes datos nos dejan bastante fríos. Y lo digo porque son ya innumerables los estudios, investigaciones e informes de expertos y científicos que vienen advirtiendo de la necesidad de un cambio urgente y disruptivo que no acaba de producirse, porque somos tan necios que preferimos seguir ocupándonos de como salvar una economía lineal, que todos sabemos que no tiene futuro.

Los últimos 8 años han sido los más cálidos desde que se tienen registros, 2022 el quinto más tórrido



Les confieso cierta desesperación por ver como este mensaje de urgencia, a pesar de ciertos avances, no acaba de calar en la sociedad. Es especialmente preocupante en Europa, porque es uno de los continentes más afectados y porque sólo el año pasado más de 15.000 personas fallecieron debido a causas relacionadas con este cambio climático. ¿Se imaginan que en un sólo año se cayeran 75 aviones en nuestro continente sin ningún superviviente? Pues eso es lo que ya está pasando debido a nuestra incapacidad para afrontar con garantías este desafío descomunal. En Europa, las temperaturas aumentan 2 veces más rápido que el resto del mundo pero seguimos postergando o ralentizando la transición energética para no dañar a algunos sectores. Pan para hoy, hambre para mañana. ¿De verdad señor Brufau, presidente de Repsol, cree que “se equivoca quien piensa que el gas y el petróleo no van a ser relevantes en el futuro”? Permítame dudarlo, sobre todo teniendo en cuenta algunos datos que acaban de conocerse sobre un país líder de la economía mundial y nada sospechoso de ser un activista ecológico como China. Durante 2022, el gigante asiático invirtió en transición ecológica un 70% más que EEUU y Europa juntos y se encargó de producir el 90% mundial de la tecnología necesaria para esa transición. Quizás alguna conclusión podríamos sacar aquí de este comportamiento chino.

Durante 2022, el gigante asiático invirtió en transición ecológica un 70% más que EEUU y Europa juntos y se encargó de producir el 90% mundial de la tecnología necesaria para esa transición



Si nos ajustamos a la realidad, es verdad que se están empezando a notar algunos cambios notorios, algunos en el discurso y otros en acciones que van por el buen camino y eran impensables hace sólo algunos años. En la reciente reunión del G7, el grupo que agrupa a las principales economías mundiales, celebrada en Japón, hubo una declaración institucional en la que esos países se comprometían a acelerar la transición a las renovables y reducir el consumo y demanda de los combustibles fósiles. Por otro lado, Alemania está en camino de prohibir la ventas de calderas de gas y gasoil a partir del próximo enero y acaba de aprobar el “Billete Alemania”, un abono de 49 euros mensuales valido para poder usar el transporte público en todo el país. Estas medidas inciden directamente en la reducción de emisiones, la movilidad, por ejemplo, es uno de los sectores más contaminantes y es urgente multiplicar los desplazamientos en transporte público en detrimento de los vehículos privados.



Cada día estamos viendo más cerca las consecuencias del cambio climático, con el consiguiente aumento de las temperaturas. La reducción de lluvias está siendo drástica en muchos lugares de Europa, incluido Euskadi. Imágenes del Lago di Garda en Italia con personas que cruzan andado hasta la isla o del río Po con un caudal mucho más bajo del habitual se unen a otras de embalses a menos del 15% de su capacidad en algunas zonas de la península, como Cataluña, pero también

afectan a las cosechas del agro vasco y pueden suponer cambios importantes en su producción. No es de extrañar que, siendo así, el cambio climático haya entrado de lleno en la campaña electoral con temas como el de Doñana. Estoy seguro que no será el único porque cada vez vamos a tener menos agua y, necesariamente, vamos a tener que adaptar nuestra agricultura y nuestra vida a esta circunstancia.

Me llama poderosamente la atención como en pleno siglo XXI y con estos datos, ciudades como Madrid puedan renovar una plaza como la Puerta del Sol sin incorporar ni un solo árbol u otro tipo de infraestructura verde



Las ciudades van a ser también muy importantes en esta lucha contra el cambio climático y la salud de sus habitantes va a depender en buena medida de como se adapten a esta circunstancia en aspectos tan básicos como el urbanismo. Me llama poderosamente la atención como en pleno siglo XXI y con estos datos, ciudades como Madrid puedan renovar una plaza como la Puerta del Sol sin incorporar ni un solo árbol u otro tipo de infraestructura verde. No podemos pensar nuestras ciudades sin tener en cuenta el tiempo que nos ha tocado vivir. Espero que todas y todos los candidatos a Alcaldes y Alcaldesas lo tengan muy claro y presente en sus programas para el día 28 de mayo y que toda la ciudadanía lo reclamemos, porque nos va la vida en ello.



El informe de la Organización Meteorológica Mundial dice que nos quedan aún una pequeña ventana de oportunidad para poder conseguir frenar esa subida de temperatura a no más de 1,5 grados. No cerremos esa ventana, es responsabilidad de todos, aceleremos la transición ecológica de verdad y pasemos su tamiz a todos los nuevos proyectos.