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Opinión

El alcalde García Albiol y la mayoría absoluta

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Xavier García Albiol ganó de calle las elecciones municipales en Badalona en 2023. Sacó el doble de concejales que todos los demás partidos juntos. A día de hoy, un 80% de los badaloneses aprueba su gestión y en cualquier encuesta sobre el municipio sale estupendamente parado. Albiol, puede decirse, es el alcalde que quieren tener en Badalona.

En su campaña electoral anunció mano durísima con la inmigración. Como Donald Trump, no engañó a nadie y exactamente es lo que ha hecho el 17 de diciembre al expulsar de un edificio municipal ocupado a un buen número de inmigrantes. Lo ha hecho, debe advertirse, con aval judicial.

El acuerdo municipal es de hace más de un año, pero el desalojo se ha producido solo cuando ha sido autorizado por una jueza del contencioso-administrativo. Puede decirse, entonces, que García Albiol ha procedido en este caso de manera exquisitamente legal hasta el desalojo (luego ya no tanto).

Si un alcalde con el grado de apoyo popular que tiene él y actuando de manera legal hace lo que dijo que haría cuando pidió el voto de sus conciudadanos ¿dónde está el problema con ese desalojo? Ya sé que no está muy de moda el pensamiento crítico de Bertrand Russell (1872-1970), pero aquí viene que ni pintado para responder a esta pregunta.

Russell aconsejaba que para pensar correctamente debemos alejarnos lo más posible de lo que queremos creer y procurar ver los hechos tal como son. Dicho de otra manera: olvidémonos por un momento de lo que queremos creer sobre los inmigrantes y el trato que merecen y atendamos a los hechos.

Estos son que unos seres humanos (negros, sí, pero eso es circunstancial) han sido trasladados de un edificio a la calle; que unos seres humanos (miserables, sí, pero es, de nuevo circunstancial) han quedado desde el 17 de diciembre a la intemperie con temperaturas entre 7 y 14 grados y lluvia; que estos seres humanos (inmigrantes, sí, pero ya hemos dicho que no nos distraemos con circunstancias) no tienen a día de hoy otro hábitat que el puente de una autovía y unas tiendas de campaña.

Se llamen Xavier o Abdulá, sean negros o blancos y pobres o acomodados, son unos centenares de seres humanos que quedan en una situación que no querría para sí ninguno de los 260.000 habitantes de Badalona. Considerada de este modo la cuestión, y para pensar sobre ella, tan circunstancial como la condición de esos seres humanos es lo que hayan votado y las preferencias que muestren esos más de doscientos cincuenta mil badaloneses.  

Es su derecho como humanos, con independencia de sus circunstancias y de lo que piense sobre la inmigración el Partido Popular, el alcalde de Badalona o las doscientas personas que impidieron su realojo en Cáritas

Es seguramente uno de los mayores logros de la cultura política contemporánea considerar que el sujeto de derechos es la humanidad, cada uno de los individuos que la integran. Hasta mediados del siglo XX esto no era así, sino que los derechos se consideraban en función de la calidad de las personas (hombre, blanco, rico, nacional). Esta cultura política, la de la universalidad de los derechos, que precisamente llamamos humanos desde el final de la II Guerra Mundial, es la que la ultraderecha quiere liquidar. 

Es esta la razón por la que la decisión judicial que permitió el desalojo lo hizo con un condicionante preciso: asegurar que a esas personas se les facilitaba una habitación alternativa. Es su derecho como humanos, con independencia de sus circunstancias y de lo que piense sobre la inmigración el Partido Popular, el alcalde de Badalona o las doscientas personas que impidieron su realojo en Cáritas.

Por esto decía antes que desde que desalojó a las personas que se cobijaban en el antiguo instituto de Badalona, García Albiol no parece estar actuando muy legalmente, y así lo ha señalado la fiscalía a la jueza.

En Badalona el PP sacó un 55% de los votos, ni rastro de Vox o de Aliança Catalana. Tiene mayoría más que de sobra y puede aplicar su ideario sin restricción de pacto alguno. Lo que hay es lo que vemos: una política que entiende que los derechos se tienen dependiendo de circunstancias como el color de la piel, el origen y, sobre todo, la situación de pobreza. 

Cuando el PP reclama mayorías absolutas (en Extremadura, por ejemplo) para no depender de Vox debería explicar a la ciudadanía si este menosprecio de la dignidad humana, esta ignorancia olímpica de los derechos como un atributo humano y no de la persona condicionada, es parte de su ideario.

A juzgar por las reacciones de la dirección del partido a lo actuado por García Albiol, no parece que quepan muchas dudas: ni una sola voz de Génova ha cuestionado su actuación ni antes, ni durante, ni después del desalojo. Al contrario, toda la dirigencia popular se ha mostrado en perfecta sintonía con el García Albiol. Pensando en la humanidad, no parece muy deseable una mayoría absoluta del Partido Popular.