Una multitud hipnotizada por pantallas. / Freepik
Cada vez más nos estamos dando cuenta de que las cosas no son lo que parecen.
Si bien la moral se encuentra en el entorno de cada sociedad y, por lo tanto, existen muchas moralidades, su relatividad es ahora mayor que nunca. Este relativismo moral lleva a considerar que lo que antes estaba mal ahora está bien, lo cual crea en el individuo una enorme confusión e incluso inseguridad, máxime cuando cada vez se tiene menos conocimiento. Así, no se puede discernir entre lo falso y lo verdadero. Obviamente, cuando triunfe este escenario, la mentira será la que lidere todo.
A los individuos integrantes de las sociedades se les trata de adoctrinar, muchas veces con proposiciones espurias. Esta ceremonia de la confusión hace ver enemigos como amigos e incluso necios como sabios. Está apoyada en lo que vienen llamándose influencers, ahora creadores de contenido, y también en los medios, sobre todo audiovisuales, que, con sus contertulios «expertos», presentes en todo tipo de espacios, opinan de todo, creando así una opinión interesada que sea aceptada por la ciudadanía.
En un mundo en el que es la mentira la que domina por doquier, decir la verdad es un acto revolucionario
A los jóvenes los han adormecido con las redes sociales, los juegos online, etc., quedando con ello debilitado el espíritu de sacrificio y la capacidad de soportar y gestionar cualquier adversidad. Y a los demás, con falsedades del tipo de que económicamente vamos como un tiro, cuando nos encontramos entre los primeros de Europa en pobreza de la población. O que somos una gran potencia y, sin embargo, nos han dejado fuera en esta última cumbre europea. Incluso se nos quiere hacer creer que el ahorro es algo absolutamente innecesario.
Esta ceremonia de la confusión encuentra apoyo en lo descrito en el libro La conjura de los necios. De este modo, el síndrome de Procusto afianza una caquistocracia imparable que lleva a que las sociedades tengan que padecer un entorno camino de la distopía.
No cabe duda de que las sociedades europeas se han originado y desarrollado fundamentadas en Grecia, Roma y el cristianismo. La cultura, las normativas, etc., que hemos tenido hasta la fecha dimanan de ello. Ahora parece que se pretende sustituir todo por culturas muy distantes de esas raíces.
En un mundo en el que la mentira domina por doquier, decir la verdad es un acto revolucionario. Son muchos los que prefieren ponerse de perfil ante todo esto para no tener problema alguno.
La economía, vista como la asignación óptima de los recursos, no debe ser nunca un fin único
Por ello, se debe expresar con claridad que la Europa que está siendo destruida parece que, irremediablemente, será llevada al ostracismo e incluso a la miseria de demasiados. El crecimiento económico, en modo alguno, equivale a desarrollo económico. Por tanto, esta entropía que se está padeciendo, apoyada en una falsa eficiencia económica que permite sacrificar todo lo demás, debe ser desenmascarada. La economía, vista como la asignación óptima de los recursos, no debe ser nunca un fin en sí misma, porque tan solo es una herramienta para que las sociedades alcancen el mayor bienestar posible.
Entendido esto, debe tenerse siempre en cuenta que una sociedad está conformada, indiscutiblemente, por todos y cada uno de los individuos que la integran. Por lo tanto, cualquier desarrollo de una sociedad debe afectar a todos sus integrantes para que sea óptimo y sostenible. Si solo se beneficia una pequeña parte y la mayoría no puede alcanzar su propio desarrollo, dicha sociedad será una sociedad fracasada, empobrecida y llena de conflictos sociales.