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Pedro Sánchez

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Opinión

El lado bueno de la historia

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Fumata blanca o mejor, vamos a dejarla en gris. Hay acuerdo o mejor, decisión para subir el Salario Mínimo Interprofesional y elevarlo hasta los 1.221 euros mensuales por 14 pagas, lo que supone un incremento del 3,1% que se aplicará con efecto retroactivo desde el 1 de enero.

Ese 3,1% de subida pensada para evitar la tributación de IRPF, se queda muy lejos del 7,5% que pedían los sindicatos que contemplaban la tributación, y excede lo que planteaba la patronal.

La decisión o el acuerdo en el que una vez más se queda fuera la patronal, proponían un 1,5% de incremento, ha tenido en esta ocasión una escenificación que no es la habitual, ya que a la misma, junto a la vicepresidenta Yolanda Díaz y los responsables sindicales, se ha sumado el presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

La foto, sin duda, merece la pena. No todos los días se puede sacar pecho y menos hacerlo con un tema de especial calado social como es el SMI. Y, entre otras cosas, la imagen es posible porque para subir el salario mínimo, el Gobierno no necesita el beneplácito del Congreso como ocurre con otros asuntos, cuyo trámite se convierte ahora mismo en un auténtico jeroglífico.

La foto, sin duda, merece la pena. No todos los días se puede sacar pecho y menos hacerlo con un tema de especial calado social como es el SMI

Así que tenemos una nueva subida del SMI lo que supone un incremento del 66% desde el 2018. Sí, un 66%. El incremento del SMI repercute en el 9% de los trabajadores, lo que no llega a los dos millones de personas empleadas.

La euforia de los firmantes del acuerdo quedó de manifiesto en las declaraciones posteriores que a mi juicio han pecado no sólo de triunfalismo, sino también de exceso.

Escuchar casi gritando al presidente Sánchez exigir a los empresarios que suban los salarios porque tienen cuantiosos beneficios chirría, y pone de manifiesto un desconocimiento notable de la situación de las empresas.

Pensar que todas son grandes compañías con beneficios obscenos, es hacerse trampas en el solitario y sobre todo, no atenerse a la verdad. La mayoría de las empresas son Pymes y micropymes, y están muy lejos de esos escandalosos beneficios a los que se alude.

Los argumentos para negar algunos de los efectos que el incremento del salario mínimo tiene en el mercado, suelen ser siempre los mismos. Entre ellos el manido ”está demostrado que el incremento del SMI no destruye empleo”. Efectivamente eso es así y se admite, o debería, por parte de todos. Lo que si hacen las subidas de estos salarios es impedir que se creen algunos empleos nuevos, puesto que hay empresas que no pueden permitirse nuevas contrataciones.

Entre ellos el manido ”está demostrado que el incremento del SMI no destruye empleo”. Efectivamente eso es así y se admite, o debería, por parte de todos

Piensen por ejemplo en un bar que cuente con dos empleados, el dueño autónomo y una persona más, en la disyuntiva de asumir los costes de un nuevo contrato y con este, las consiguientes subidas es muy factible que se opte o bien por reducir jornadas, o bien porque el exceso de trabajo lo asuma el dueño. En cualquier caso, en soluciones que neutralicen el impacto de la subida.

Como ya viene siendo habitual con las subidas del SMI, las expresiones de trazo grueso no se hicieron esperar, en concreto entre la Vicepresidenta y el máximo responsable de la CEOE, Antonio Garamendi. Mientras Yolanda Díaz recordaba al de la patronal su salario “cobra 23 veces el SMI”, Garamendi argumentaba al Gobierno que se están poniendo “morados” a base de impuestos.

Nada raro respecto al rifirrafe, si bien sería conveniente bajar los decibelios.

Y en medio de todo esto, y en aquella imagen en la que hemos visto a Sanchez pedir a las empresas, que parece que se lo llevan calentito, que suban los sueldos, su Vicepresidenta le aclamaba y le daba las gracias “por estar siempre en el lado bueno de la historia”.

Tan grandilocuente afirmación, es mucho mejor reservarla para los temas de verdad relevantes, porque en esta historia hay muchos lados, y sin entrar en cual es el mejor y el peor, ya se percibe que no todos la interpretan de la misma manera.

Para gustos colores y en este caso, lo que hace falta son argumentos serios y no políticas populistas. A partir de ahí, que cada uno escoja su lado bueno de la historia.