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El portavoz de IU, Gabriel Rufián, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados, a 11 de febrero de 2026

El portavoz de IU, Gabriel Rufián, en una imagen de archivo en el Congreso de los Diputados, a 11 de febrero de 2026 Eduardo Parra Europa Press

Opinión

Atentamente, una facha de izquierdas

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Dices que tienes miedo, Gabriel. A la invasión de la ultraderecha. Y te creo cuando arengas a la refundación de algo que ya nadie sabe qué es para frenarla. Aunque impostes tono de profeta callejero y ni un pelo de ese tupé que tanta envidia causa se mueva.

Tú debes de usar cera. Lo mío es laca. Por eso evito llevarme las manos a la cabeza. Una nació coqueta y tiene prioridades. Pero cuesta, porque yo también ando con el culo prieto. Como demócrata y mujer de izquierdas. Solo que, además de tu canguelo, siento otro fruto de una orfandad que vuestro descarrilamiento no supo impedir.

Y es la certeza de que, de expresar lo que pienso, la que suponía era mi propia tribu me estampará el sello más viral y terrorífico de los últimos tiempos: facha.

En la sopa que deseas cocinar territorio a territorio, caben muchas letras. Autocrítica, déjame dudar. Lleváis tiempo demostrando que o se comulga con todo o se es el enemigo. Y eso me ha tenido bastante calladita. Lo cual ayuda a estar más guapa, gracias. Pero ya me cansé.

Por qué empezar. Quizá poniendo foco donde duele horrores: el feminismo, los feminismos, o lo que sea en que hayáis convertido la más transformadora revolución del siglo XIX para alegría de cuñados, incels y sucedáneos.

Inevitablemente pienso en mi abuela y su manifiesto de cabecera. “Estudia y trabaja para no depender de ningún hombre”. Plan sencillo e infalible por la igualdad de sexos. Pero de pronto, todo es transversal, identitario, muy confuso. Habéis masticado el chicle, rosa, por supuesto, hasta dejarlo sin sabor ni lógica. Ahora, la propuesta de emancipación oscila entre el OnlyFans si creciste en Occidente y el velo en caso de venir de un poco más lejos.

¿Dónde quedó eso de si tocan a una, nos tocan a todas?

Sí, camarada. Aunque reculaste a posteriori y de boquilla, fuisteis capaces de plantear el burka como elemento cultural, libertad religiosa, un caso de elección voluntaria. Solo para no dar alas al vomitivo oportunismo de VOX. Y porque andáis perdidísimos en la búsqueda de vuestros propios marcos. Si no, ¿de qué ibais a restar importancia a esta herramienta de opresión con la excusa de que todavía son pocas las que la sufren en España? ¿Dónde quedó eso de si tocan a una, nos tocan a todas?

Qué rabia da vuestro laberinto de espejos, en serio. Fíjate en los victimarios. Disponéis de tres categorías y un código de conducta a medida para cada una. Con los de la bancada contraria, hacéis lo que toca, que es ir a saco. Si son de vuestra cuerda, aplicáis el #protocoloerrejonier: obviar hasta que la costura reviente, admitir la evidencia cuando no queda otro remedio y rezar para que el siguiente ciclo de noticias lo entierre.

Y con los que vinieron de fuera en busca de una vida mejor, uy. Ahí el movimiento se complica.

Debemos frenar a la chusma que agita el avispero de la xenofobia, pero qué feo os luce el cinismo. ¿De verdad es racista aceptar que, si aquí aún estamos viajando hacia la igualdad y lo que queda, otras culturas siguen sin preparar las maletas? ¿En serio huele a cerrado reconocer que la inmigración puede ir ligada a la pobreza, la falta de oportunidades, el ostracismo, todo eso que el sistema alimenta construyendo un imaginario de inseguridad?

Me gustaría pensar que aún estáis a tiempo de asumir realidades incómodas para activar mecanismos que no sean los garrotazos de la ultraderecha

El buenismo de despacho os protege del dilema moral, pero a mucha gente le deja a la intemperie. Y, sin embargo, me gustaría pensar que aún estáis a tiempo de asumir realidades incómodas para activar mecanismos que no sean los garrotazos de la ultraderecha. Esos truquitos que, menos mal, ya sugirió Emilio Delgado: educación, integración real desde la diversidad, bajar al barro. Y al barrio.

Admítelo. Adoptastéis las mandangas discursivas cocinadas en laboratorios de ideas a diez mil kilómetros de aquí. Que lo mismo convenía probar. En esta vida hay que actualizarse, abrir la mente, dar una oportunidad hasta al tekila de mango. Pero por el camino restasteis peso a lo que importa a la mayoría del personal: pagar la hipoteca, salir a cenar rico una vez al mes, que no cierre la carnicería de debajo de casa, conseguir cita médica antes de abril, tener a quien dar un beso de buenas noches.

Nos estamos ahogando en una rueda de hámster construida con cachitos de estrés, individualismo y precariedad, mientras los autodenominados patriotas se adueñan de las palabras libertad, futuro y esperanza para privatizarlas. Y a los sindicatos, ni se les espera.

¿Cómo es posible que equiparéis a mis padres con los fondos buitre cuando ahorraron para un apartamento en la playa de una habitación donde veraneamos todos?

Así hemos acabado, con una clase trabajadora que llegó a ser media agonizando. Y en la diana. La vuestra. ¿Cómo es posible que equiparéis a mis padres con los fondos buitre porque, tras años de más privaciones que un monje budista, ahorraron para un apartamento en la playa de una habitación donde veraneamos todos? Ese fue su ascensor social, pero ahora representantes públicos con un escaño de 150.000 euros lo tienen claro: si les okupan, ajo y agua.

No sé, tal vez esté siendo demasiado exigente con vosotros. O, claro, facha. Tendría que verme en vuestro lugar, dentro de esa telenovela protagonizada a codazos por Sumar, Podemos, Más Madrid, Comuns, IU y la madre que parió al Nuevo Frente Amplio.

Ah, es verdad. Una vez, hace mucho, mucho tiempo, estuve ahí.

También te digo: si conseguís uniros, chapó. Ojalá la foto de familia os sirva para visualizar quiénes fuisteis fuera de las instituciones que os aburguesaron. Yo, al menos, necesitaría que le dierais una vuelta de tuerca a vuestra actitud. Esa arrogancia, el victimismo, ya tú sabes. Y luego, a confrontar al sistema.

Hace falta memoria para recordar los valores que sustentaban a la izquierda y sacarlos del cajón de los egos. Honestidad. Decir las cosas por su nombre, aunque escueza. También organización. Método. Y, por supuesto, empezar a trabajar en un nuevo modelo socioeconómico que deje atrás el parcheo constante del tablero neoliberal.

La política actual es más cortoplacista que un match con un princeso

Probablemente esto último suena a utopía. Y, de ser posible, requeriría un tiempo que nadie tiene o nadie quiere rascar. La política actual es más cortoplacista que un match con un princeso. Mucho fuego de artificio en el chat, pero nulo interés en construir nada que pase de una noche.

En todo caso, por favor: dejad de responsabilizarnos de la llegada de la bestia si dejamos de votaros, que vosotros mismos contribuisteis a abrir la puerta. Demostrad que queréis cubrir nuestras necesidades materiales y menos golpearse el pecho solo porque Yolanda Díaz hizo un poco de lo que tocaba. Intentad devolvernos la ilusión y, si no es demasiado pedir, la dignidad. Encontrad soluciones.

Igual me equivoco, pero me da en la nariz que así recuperaríais la confianza de muchas personas. Y entonces, ya se encargarían ellas de poner dique a la ola reaccionaria que amenaza con cargarse el bien común, la convivencia, mil derechos.

Pero si no os veis capaces, si lo vuestro no es el kintsugi, dejad de jugar con los añicos de la izquierda y pasad el testigo. ¿A qué, a quién? Ahí me pillaste: ni pajolera idea.